Stoned Immaculate (Priv. Maki— Pasado) (+18)
#7
Los ojos ambarinos de Eros contemplaron como al levantarse Maki su figura se refractó en hermosos cristales que mostraban dos, tres, cinco, diez imágenes de ella desfasadas en el momento a medida que sus pasos se movían en el bar. Contemplo el florero, viendo como del mismo brotaban serpientes. Siete serpientes una con cada color del arco iris, que finalmente se entrelazaban explotando en fuegos artificiales a la altura del techo. A medida que Maki respiraba, las luces caían a su alrededor y Eros reía pues solo él podía atestiguar ese momento donde las ondas lumínicas le entregaban arte en un estado puro, diversión y fanfarria. Su risa era la de un niño, la que en realidad nunca tuvo ni mostró. Suspenso, a medida finalmente las luces se disiparon su mirada nuevamente volvió hacia la otra pirata ¿De donde tenía su cara? Le sonaban las quemaduras como las manchas de un tigre, ¿Era quizás una cazadora? Se limpió la baba que le caía por una de las comisuras de los labios contemplando el regreso de la mujer poco a poco pasando por un lado de cada una de las Maki espectrales.

Cuando ella volvió a su lado, la sombra de la muchacha tardó un poco más en llegar a ella. Sus ojos volvieron a Maki tratando de entender las palabras que le estaba regalando poco a poco, pero le costaba mantenerse centrado; estaba completamente absorbido por algo mucho más apremiante en ese momento, el flequillo de la mujer. Con el ojo afilado que tenía el carpintero capaz de entender medidas y ángulos con facilidad, ladeó su cabeza hasta un lado como un cachorro confundido. Uno, dos, tres... Cinto cincuenta mil. Identificó los cabellos tan bien como pudo, uno por uno y de a poco pero entonces su concentración absoluta fue interrumpida antes de que pudiese alcanzar la iluminación tras entender el secreto de la esmeralda que tenía frente a sí. Quizás habría alcanzado la paz absoluta si terminaba de contar, quizás esa era su misión en la vida o quizás solamente estaba drogado: Nunca lo sabría.

El momento en que su mentón fue sostenido por el agarre de la pirata, su atención fue traída nuevamente a lo terrenal cayendo su consciencia desde el techo para volver su cuerpo. El contacto de fue un ancla que erizó su nuca repentinamente, un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Entonces vino el beso, como una corriente eléctrica que atravesó su alma con violencia... Pero no fue violento, tanto así como repentino. Una sensación extraña, cálida. Era suave, pero no solamente suave. Profundizó en aquello que estaba sintiendo, inquisitiva y cálida pero no a partes iguales. Tampoco parecía mantenerse estable ¿Invadía o acompañaba? Estaban bailando. Exploró con suma curiosidad la sensación de aquel calor danzante. Los dedos reptando por su cabello poco a poco parecían criaturas agazapadas en la maleza ¿Cazadores, o presas? No solo estaban agazapados para cazar, ya lo estaban intentando aferrados a la naturaleza cruda, y viva.

Cuando los muñecos de trapo que sus cuerpos entrelazados finalmente rompieron el amparo de su cercanía todavía podía sentir la evidencia de lo ocurrido en su tacto. Todos sus sentidos fueron inundados por el momento, pero entonces reparó en las palabras que ella había vociferado previamente asintiendo. — No entiendo tus tácticas Oligaria pero siempre he confiado en ti, desde que eramos niños —Aclaró con tanta honestidad que por un momento no hubo verdad más absoluta en el mundo. En un instante vio escenas que nunca sucedieron, cómo crecieron juntos en Baterilla, como se adentraron en la mar. Había una camaradería inquebrantable, y todo gracias a un par de pipazos. La contempló levantándose, y entonces sintió un sillazo impactando contra su frente.

Fue un golpe seco, la madera estalló como una flor brotando en formas irregulares que volaron con cada astilla. Eros no se movió, estoico e impávido se mantuvo sereno contemplando como los fragmentos caían lentamente, desde su perspectiva al menos, sintiendo cómo el ruido de una de las patas rotas impactaban contra el suelo. La sostuvo con la diestra, observándola por unos momentos antes de acercársela al rostro, viendo su forma y la irregularidad de sus astillas para entonces darle una buena lamida como si se tratase d un helado. Fue una sola lamida, lenta y meticulosa como aquel sommelier que cataba una barrica de vino con la concentración de un profesional. Entonces lo dejó caer, comenzando a reir con una risa serena que entonces escaló y escaló hasta que finalmente era una carcajada colmada de orgullo. Se levantó del asiento rompiendo su abrigo de un tirón de cada brazo para revelar su torso desnudo. — ¡Soy inmortal, soy indestructible! —Declaró a los cuatro vientos. Todo el opiario, en silencio. Contemplaban la escena de los dos piratas incrédulos de lo que estaban contemplando, sin dar razón a sus ojos.

Los ojos desencajados de Eros se posaron sobre su objetivo, aquel hombre que había fichado desde que entró en el bar. Sus pupilas completamente dilatadas acompañaron su sonrisa de lado a lado, maliciosa y llena de un ímpetu impropio del sepulturero. Todos los presentes, quisiesen o no, estaban contemplando el descenso a la locura de aquel pirata que tambaleante caminó hasta el centro de la habitación. Llevó su mirada hasta su camarada, señalando su pech orgulloso con su pulgar derecho. — ¡Protocolo topo de hierro! —Anunció como si invocase con sus palabras un misterio bélico, una táctica de guerra perdida en la mente de aquel joven completamente pasado de droga. Pero algo paso, efectivamente. Sus musculos se ensancharon y volvieron más gruesos, sus huesos crujieron a medida que su morfología cambió ganando largas garras en ambas manos y una trompa que crecía por encima de su sonrisa triunfal. Una bestia, efectivamente. Varias personas se levantaron de las mesas, otros parecían aterrados sin dar crédito a sus ojos por el estado de estupefacción drogadicta. Otros, simplemente, estaban muy pasados de droga para moverse o reaccionar.

El objetivo en cuestión apenas tuvo tiempo de retroceder, Eros se abalanzó extendiendo el brazo derecho para ejecutar su deber como sacro verdugo. Las garras del hombre topo pasaron por el cuello del sujeto como si fuese de papel, y la sangre de sus arterias brotó con tanta violencia que empaparon el techo en una fuente carmesí cálida que brotaba a borbotones. Cada latido del corazón que aun, mecánicamente latía, era más débil y así bajaba poco a poco hasta que el cuerpo comenzaba a caer desplomado. Con ambas manos lo sostuvo, arrancando ambos brazos de cuajo para soltar todo lo que no le servía. — ¡Lo tengo! ¡Lo tengo! ¡Nos salió bien el plan Oligaria!—Ondeaba contento el brazo derecho del sujeto cual bandera, portando los anillos que buscaba en cuestión aunque sin la motricidad fina o la atención al detalle para desprenderlos de ese brazo que llevaba cual trofeo.

La gente gritó, comenzó a huir despavorida del lugar. Y Eros simplemente contempló a Maki, sonriendo feliz. Era feliz, al fin su sentido en la vida estaba volviendo a él pues su deber estaba siendo cumplido como correspondía. Y entonces comenzó a llorar, comenzó a llorar a borbotones. Estaba tan alegre, y tanto tan triste indefenso como un niño que ahora abrazaba un brazo amputado.
[Imagen: xNGUFie.png]
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RE: Stoned Immaculate (Priv. Eros — Pasado) (+18) - por Eros Focalor - 09-12-2025, 04:01 AM

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