09-12-2025, 05:20 AM
A Sanemi poco le gustaba conocer gente, al menos de momento. Por eso, para él era más sencillo pasar de Ryan, una persona que no le llamaba la atención de forma especial. Eso era lo único que alcanzaba a ver en la superficie. Quizás sus dotes, sus objetivos o cualquier otro detalle eran los que habían permitido que se uniera al, hasta hace poco, pintoresco dúo. En general, no esperaba demasiado de las personas. Esta no sería la excepción.
Confiaba en Dharma, sí, pero eso venía de un cruce de caminos más largo, de tiempo compartido y de una coincidencia de ideales. Aun así, insistiendo en lo mismo de siempre, lo de llamarlo capitán no era algo que le generara mayor respeto ni atención.
El trío comenzó a moverse. Al principio con calma, luego acelerando el paso a medida que observaban distintos posibles objetivos. El juego de los piratas, si se lo quería llamar así, implicaba estar siempre dispuesto a poner en riesgo la propia vida, en cualquier escenario. Era un rol en el que te ganabas el odio del mundo a base de tus decisiones, de tus acciones y de tus errores.
Sanemi caminaba con las manos en los bolsillos, la mirada recorriendo cada rincón con atención medida.
-Oe… Dharma, qué te parece hacernos de algún cargamento pequeño, pero que nos dé suficiente dinero. Al menos, de momento -El de cabellera blanca podía dar la impresión equivocada de ser alguien impulsivo, explosivo, dominado por el arranque. Sin embargo, cuando la situación lo exigía, solía ser más frío, más analítico. No le gustaba actuar sin tener un mínimo de control sobre el escenario. En esta ocasión, creía que era mejor asegurar primero algo de dinero para provisiones, antes que lanzarse a robar por robar.
Confiaba en Dharma, sí, pero eso venía de un cruce de caminos más largo, de tiempo compartido y de una coincidencia de ideales. Aun así, insistiendo en lo mismo de siempre, lo de llamarlo capitán no era algo que le generara mayor respeto ni atención.
El trío comenzó a moverse. Al principio con calma, luego acelerando el paso a medida que observaban distintos posibles objetivos. El juego de los piratas, si se lo quería llamar así, implicaba estar siempre dispuesto a poner en riesgo la propia vida, en cualquier escenario. Era un rol en el que te ganabas el odio del mundo a base de tus decisiones, de tus acciones y de tus errores.
Sanemi caminaba con las manos en los bolsillos, la mirada recorriendo cada rincón con atención medida.
-Oe… Dharma, qué te parece hacernos de algún cargamento pequeño, pero que nos dé suficiente dinero. Al menos, de momento -El de cabellera blanca podía dar la impresión equivocada de ser alguien impulsivo, explosivo, dominado por el arranque. Sin embargo, cuando la situación lo exigía, solía ser más frío, más analítico. No le gustaba actuar sin tener un mínimo de control sobre el escenario. En esta ocasión, creía que era mejor asegurar primero algo de dinero para provisiones, antes que lanzarse a robar por robar.
