09-12-2025, 05:26 PM
¡Oe oe!
Las orejas de Kibai se plegaron hacia atrás, a la vez que su piel se erizaba al percibir un olor del humo a su espalda. Girándose sobre sus propios talones,se colocó rápidamente contra la espalda del contramaestre Stroud, a la vez que su mano volaba hacia la empuñadura de Raimei, listo para lanzar un tajo. Sin embargo, lo que vio delante de él estuvo a punto de dejarlo sin aliento.
Un hombre se erguía a unos cuantos metros de ellos. De estatura no demasiado alta y complexión algo gruesa, no habría llamado demasiado la atención en sí, pues hasta su atuendo de color verde era bastante estándar, aunque evidentemente militar. No obstante, el motor de aquel exoesqueleto mecánico que cubría su brazo ronroneando suavemente mientras soltaba las pqueñas volutas de humo que Kibai había captado y la máscara con forma de calavera repleta de agujeros que le cubría la cabeza no dejaban lugar a duda: Kibai se encontraba frente a frente con nada más y nada menos que El Señor de la Moneda, Sohem “Mar Cruel”.
¡Wryy ha ha ha! rio el hombre con un chasquido de lengua ¿Qué estaba pasando aquí?
Kibai apretó aún más la mano derecha sobre la empuñadura de la espada. Maldita sea, ¿qué demonios hacía aquel monstruo allí? Los Piratas Olvidados no eran una presa digna de un cazarrecompensas de semejante calibre, era lo equivalente a pescar peces en un barril. Soltando el aire pausadamente para tratar de ralentizar su pulso, alterado momentáneamente por aquella aparición, el mink pasó la mirada a sus dos acompañantes. Con amarga sorpresa, contempló a la muchacha ciega que había conocido en la formación rocosa tras su batalla en los Cabos Gemelos. Parecía que, al igual que la joven Oni del barco de los piratas, se había visto envuelta en algo demasiado peligroso para su propio bien.
Por su parte, el muchacho pelirrojo al que reconoció de la última edición del periódico como el pirata Owen se había situado al lado de Sohem y escupía palabras con una rabia furibunda.
¿Qué pasa, PAR DE PUTOS GILIPOLLAS? Hace unos meses estábamos peleando codo con codo contra un tipo que casi me mata, casi NOS mata, ¿Y te atreves a perseguir a mi tripulación? ¿O acaso me buscabas a mi, Stroud Redgrave, contramaestre de la marina?
Los ojos de Kibai se entrecerraron ante aquellas palabras, a la vez que se agazapaba levemente y sacaba las garras traseras para anclarse mejor al suelo, agitando la cola de lado a lado para equilibrarse con la siempre cambiante brisa proveniente del mar. No se molestó en contestar con palabras, pero el quedo ronroneo que solía adoptar en situaciones de caza y acecho se elevó unas cuantas octavas, convirtiéndolo en un rugido que se aseguró llegase hasta los recién llegados, a la vez que colocaba el pulgar de su mano izquierda entre la hoja levemente extraída de Raimei y la vaina de la espada.
“Señor, me parece que le ha salido un admirador…” dijo refiriéndose al joven pelirrojo. Acto seguido, bajó el tono hasta convertirlo en un leve susurró, tratando de que solo Stroud lo oyese. “Y creo que tenemos un problema bastante importante, esto se acaba de complicar…”
Acto seguido, clavó la mirada de vuelta en el trío que tenía enfrente, pasando los ojos de manera regular de Sohem a Owen.
“Saludos, señor Sohem. Soldado Kibai, de la Marina” dijo dirigiéndose al primero en el tono más cordial y profesional que pudo emitir. Aquella no era una situación para elevar la tensión más de lo que ya estaba, o de lo que podía escalar con la presencia de Mar Cruel. Kibai tragó saliva, meditando bien sus siguientes palabras. “Estos delincuentes están siendo buscados por los delitos de piratería, entre otros. Nuestra gente está aquí simplemente para cumplir con lo debido: Buscar piratas, detenerlos…”
Tras ello, la mirada del mink se volvió de nuevo hacia Owen que continuaba al lado de Sohem dedicándoles lindezas a él y a Stroud. Su tono se engraveció a la vez que notaba como los dos colmillos asomaban por su boca y las garras delanteras salían como un acto reflejo de su pensamiento.
“Y ajusticiarlos de ser preciso.”
Las orejas de Kibai se plegaron hacia atrás, a la vez que su piel se erizaba al percibir un olor del humo a su espalda. Girándose sobre sus propios talones,se colocó rápidamente contra la espalda del contramaestre Stroud, a la vez que su mano volaba hacia la empuñadura de Raimei, listo para lanzar un tajo. Sin embargo, lo que vio delante de él estuvo a punto de dejarlo sin aliento.
Un hombre se erguía a unos cuantos metros de ellos. De estatura no demasiado alta y complexión algo gruesa, no habría llamado demasiado la atención en sí, pues hasta su atuendo de color verde era bastante estándar, aunque evidentemente militar. No obstante, el motor de aquel exoesqueleto mecánico que cubría su brazo ronroneando suavemente mientras soltaba las pqueñas volutas de humo que Kibai había captado y la máscara con forma de calavera repleta de agujeros que le cubría la cabeza no dejaban lugar a duda: Kibai se encontraba frente a frente con nada más y nada menos que El Señor de la Moneda, Sohem “Mar Cruel”.
¡Wryy ha ha ha! rio el hombre con un chasquido de lengua ¿Qué estaba pasando aquí?
Kibai apretó aún más la mano derecha sobre la empuñadura de la espada. Maldita sea, ¿qué demonios hacía aquel monstruo allí? Los Piratas Olvidados no eran una presa digna de un cazarrecompensas de semejante calibre, era lo equivalente a pescar peces en un barril. Soltando el aire pausadamente para tratar de ralentizar su pulso, alterado momentáneamente por aquella aparición, el mink pasó la mirada a sus dos acompañantes. Con amarga sorpresa, contempló a la muchacha ciega que había conocido en la formación rocosa tras su batalla en los Cabos Gemelos. Parecía que, al igual que la joven Oni del barco de los piratas, se había visto envuelta en algo demasiado peligroso para su propio bien.
Por su parte, el muchacho pelirrojo al que reconoció de la última edición del periódico como el pirata Owen se había situado al lado de Sohem y escupía palabras con una rabia furibunda.
¿Qué pasa, PAR DE PUTOS GILIPOLLAS? Hace unos meses estábamos peleando codo con codo contra un tipo que casi me mata, casi NOS mata, ¿Y te atreves a perseguir a mi tripulación? ¿O acaso me buscabas a mi, Stroud Redgrave, contramaestre de la marina?
Los ojos de Kibai se entrecerraron ante aquellas palabras, a la vez que se agazapaba levemente y sacaba las garras traseras para anclarse mejor al suelo, agitando la cola de lado a lado para equilibrarse con la siempre cambiante brisa proveniente del mar. No se molestó en contestar con palabras, pero el quedo ronroneo que solía adoptar en situaciones de caza y acecho se elevó unas cuantas octavas, convirtiéndolo en un rugido que se aseguró llegase hasta los recién llegados, a la vez que colocaba el pulgar de su mano izquierda entre la hoja levemente extraída de Raimei y la vaina de la espada.
“Señor, me parece que le ha salido un admirador…” dijo refiriéndose al joven pelirrojo. Acto seguido, bajó el tono hasta convertirlo en un leve susurró, tratando de que solo Stroud lo oyese. “Y creo que tenemos un problema bastante importante, esto se acaba de complicar…”
Acto seguido, clavó la mirada de vuelta en el trío que tenía enfrente, pasando los ojos de manera regular de Sohem a Owen.
“Saludos, señor Sohem. Soldado Kibai, de la Marina” dijo dirigiéndose al primero en el tono más cordial y profesional que pudo emitir. Aquella no era una situación para elevar la tensión más de lo que ya estaba, o de lo que podía escalar con la presencia de Mar Cruel. Kibai tragó saliva, meditando bien sus siguientes palabras. “Estos delincuentes están siendo buscados por los delitos de piratería, entre otros. Nuestra gente está aquí simplemente para cumplir con lo debido: Buscar piratas, detenerlos…”
Tras ello, la mirada del mink se volvió de nuevo hacia Owen que continuaba al lado de Sohem dedicándoles lindezas a él y a Stroud. Su tono se engraveció a la vez que notaba como los dos colmillos asomaban por su boca y las garras delanteras salían como un acto reflejo de su pensamiento.
“Y ajusticiarlos de ser preciso.”
Off
