09-12-2025, 11:36 PM
El golpe seco del hombre cayendo sobre la madera provoca cierta satisfacción que llega a enmarcar en una ligera sonrisa; no podrá darles más información pero al menos tienen acceso al dojo. Si el niño no llegase a estar en el lugar, aún tiene más flechas para despertar al anciano y hacerlo hablar, volviendo a emplear la violencia, claro. El pecho se infla de orgullo durante una fracción de segundo, al menos hasta escuchar los lamentos de su compañero. Los abultados labios se separan, incrédulos, escuchando el vano intento de Ryota por echarle la ¿Culpa? El sentimiento no es acorde a la personalidad de la fémina, quien rápidamente apunta al castaño con una de sus flechas, si, aún no ha guardado el arma.
La voz se eleva mientras se acerca a ambos, el desequilibrado anciano ha llegado a molestarla y la estupidez de su amigo no hace más que aumentar su apetito de patear algún que otro trasero más. ¡Oh! Al menos es así hasta que nota los sollozos del castaño, aquello remueve su tierno corazón provocando que… a quién va a engañar. Los labios se aprietan conteniendo una esporádica risa que al final termina por salir, en evidente burla.
—Fufufufufu. Eres un quejica, cariño, agradece que me tienes a tu lado. Suelta ese anciano o terminarás oliendo a incienso. —Le resta importancia con un deje de mano mientras guarda la flecha en el carcaj. El nuevo invitado casi provoca que la munición volviese a ser portada mas, al notar la lastimera presencia, decide guardar por completo sus armas.
Runin prefiere otro tipo de reverencias hacia su persona, un padre abrumado y adolorido inclinando el cuerpo, no está dentro de su catálogo de estrafalarias predilecciones. Las buenas noticias no demoran en llegar: El niño se encuentra a salvo; sin magulladuras, sin heridas aparentes, al menos en lo que al aspecto físico se refiere ¿Su mente? Tiene un par de padres amorosos y responsables que podrán regresarle la confianza y sosegar las ansias. El rostro de la fémina denota un ligero cambio, más sensible, serena, cálida.
Los labios se humedecen con la lengua cuando está a punto de emitir palabras de confort, al menos hasta que el tema de las peleas enciende las llamas de la aventura, la codicia y la expresión más angurrienta que ha visto en Ryota durante todo el día. No sabe si golpearlo en la cabeza, darle una patada o intentar no reírse por su desfachatez en un momento tan enternecedor como aquel.
Al final asiente mientras aprieta el cachete de su compañero, con fuerza, queriendo que finja ser decente por un lapso de tres segundos seguidos. ¿A quién piensa engañar? Si el mocoso está en perfecto estado y el anciano rancio está herido y desmayado, lo demás no importa. Ahora viene lo entretenido: el botín, las posibilidades, una nueva odisea que enfrentar. El hombre se adentra al dojo y regresa. Runin solo piensa que quiere un nuevo vestido floreado que ha visto en una de las tiendas, nunca vienen mal un par de berries extras. ¡En especial si hará combatir a Ryota! Como un gallo de pelea. Sin darse cuenta ella también ha empezado a sonreír tontamente.
![[Imagen: MFg00bA.png]](https://i.imgur.com/MFg00bA.png)
—¡Siempre estamos dispuestos a pelear por los niños, cariño! ¡Está en nuestras venas!
El dinero es recibido, duda de la astucia de Ryota. ¿Qué tal si se le ocurre gastar las ganancias en fiestas y despilfarros? No, no, primero debe comprar algo de ropa nueva, luego lo que quieran, quizá una cena, no vendría nada mal, unos zapatos o vino. Siempre se le antoja una buena copa de vino. El pensamiento se rompe ante el nuevo invitado.
El sendero de regreso se siente menos denso, la oscuridad aún convive con ellos hasta que un par de rayos solares se filtran en medio de uno que otro bambú. El aire es más fresco, los pasos menos ásperos y las sonrisas más sueltas. Runin toma la mano del niño, al principio este duda hasta que la mirada de su padre le insta a desenvolverse. El infante agradece con vergüenza, ella aprieta sus dedos con suavidad casi maternal, no es un muchachito musculoso, solo es un niño que aún no ha terminado de desarrollarse. Como él en su momento.
La luz al fin termina por encontrarlos y una madre preocupada se levanta en felices lágrimas. El niño suelta la mano de la pirata quien, por un instante, trata de sostenerla por inercia. Los agradecimientos no se hacen esperar, provocando una sensación incierta y lejana en su interior. Levanta una mano con la que resta importancia al asunto y se da la vuelta, el largo cabello cubre cualquier última expresión.
No necesita decir demasiado, una ligera sonrisa nostálgica es lo que esconde cuando los pasos se hacen sonar al alejarse de ellos, le ha permitido a Ryota hacerse cargo, al menos hasta que ambos se detienen y Runin esta vez ríe un poco, claro, no piensan perder la oportunidad de encontrar la sede de las peleas clandestinas.
![[Imagen: t5QgaxF.png]](https://i.imgur.com/t5QgaxF.png)
—Se me antoja cenar un cuenco de estofado esta noche, con rebanadas de pan fresco. ¿Qué te parece?
Pregunta a su compañero, cuando al fin deciden irse del todo. Está bien, el niño está bien, ya no hay nada de qué preocuparse o por qué continuar pensando en ello.
Ryota parece un excelente tiro de práctica en ese momento.
![[Imagen: F2slufG.png]](https://i.imgur.com/F2slufG.png)
—¡Quién le dio el puñetazo batea cerebros fuiste tú, no yo, animal!
![[Imagen: F2slufG.png]](https://i.imgur.com/F2slufG.png)
—¡Quién le dio el puñetazo batea cerebros fuiste tú, no yo, animal!
La voz se eleva mientras se acerca a ambos, el desequilibrado anciano ha llegado a molestarla y la estupidez de su amigo no hace más que aumentar su apetito de patear algún que otro trasero más. ¡Oh! Al menos es así hasta que nota los sollozos del castaño, aquello remueve su tierno corazón provocando que… a quién va a engañar. Los labios se aprietan conteniendo una esporádica risa que al final termina por salir, en evidente burla.
![[Imagen: 3KTjCM0.png]](https://i.imgur.com/3KTjCM0.png)
—Fufufufufu. Eres un quejica, cariño, agradece que me tienes a tu lado. Suelta ese anciano o terminarás oliendo a incienso. —Le resta importancia con un deje de mano mientras guarda la flecha en el carcaj. El nuevo invitado casi provoca que la munición volviese a ser portada mas, al notar la lastimera presencia, decide guardar por completo sus armas.
Runin prefiere otro tipo de reverencias hacia su persona, un padre abrumado y adolorido inclinando el cuerpo, no está dentro de su catálogo de estrafalarias predilecciones. Las buenas noticias no demoran en llegar: El niño se encuentra a salvo; sin magulladuras, sin heridas aparentes, al menos en lo que al aspecto físico se refiere ¿Su mente? Tiene un par de padres amorosos y responsables que podrán regresarle la confianza y sosegar las ansias. El rostro de la fémina denota un ligero cambio, más sensible, serena, cálida.
Los labios se humedecen con la lengua cuando está a punto de emitir palabras de confort, al menos hasta que el tema de las peleas enciende las llamas de la aventura, la codicia y la expresión más angurrienta que ha visto en Ryota durante todo el día. No sabe si golpearlo en la cabeza, darle una patada o intentar no reírse por su desfachatez en un momento tan enternecedor como aquel.
Al final asiente mientras aprieta el cachete de su compañero, con fuerza, queriendo que finja ser decente por un lapso de tres segundos seguidos. ¿A quién piensa engañar? Si el mocoso está en perfecto estado y el anciano rancio está herido y desmayado, lo demás no importa. Ahora viene lo entretenido: el botín, las posibilidades, una nueva odisea que enfrentar. El hombre se adentra al dojo y regresa. Runin solo piensa que quiere un nuevo vestido floreado que ha visto en una de las tiendas, nunca vienen mal un par de berries extras. ¡En especial si hará combatir a Ryota! Como un gallo de pelea. Sin darse cuenta ella también ha empezado a sonreír tontamente.
![[Imagen: MFg00bA.png]](https://i.imgur.com/MFg00bA.png)
—¡Siempre estamos dispuestos a pelear por los niños, cariño! ¡Está en nuestras venas!
El dinero es recibido, duda de la astucia de Ryota. ¿Qué tal si se le ocurre gastar las ganancias en fiestas y despilfarros? No, no, primero debe comprar algo de ropa nueva, luego lo que quieran, quizá una cena, no vendría nada mal, unos zapatos o vino. Siempre se le antoja una buena copa de vino. El pensamiento se rompe ante el nuevo invitado.
El sendero de regreso se siente menos denso, la oscuridad aún convive con ellos hasta que un par de rayos solares se filtran en medio de uno que otro bambú. El aire es más fresco, los pasos menos ásperos y las sonrisas más sueltas. Runin toma la mano del niño, al principio este duda hasta que la mirada de su padre le insta a desenvolverse. El infante agradece con vergüenza, ella aprieta sus dedos con suavidad casi maternal, no es un muchachito musculoso, solo es un niño que aún no ha terminado de desarrollarse. Como él en su momento.
La luz al fin termina por encontrarlos y una madre preocupada se levanta en felices lágrimas. El niño suelta la mano de la pirata quien, por un instante, trata de sostenerla por inercia. Los agradecimientos no se hacen esperar, provocando una sensación incierta y lejana en su interior. Levanta una mano con la que resta importancia al asunto y se da la vuelta, el largo cabello cubre cualquier última expresión.
No necesita decir demasiado, una ligera sonrisa nostálgica es lo que esconde cuando los pasos se hacen sonar al alejarse de ellos, le ha permitido a Ryota hacerse cargo, al menos hasta que ambos se detienen y Runin esta vez ríe un poco, claro, no piensan perder la oportunidad de encontrar la sede de las peleas clandestinas.
![[Imagen: t5QgaxF.png]](https://i.imgur.com/t5QgaxF.png)
—Se me antoja cenar un cuenco de estofado esta noche, con rebanadas de pan fresco. ¿Qué te parece?
Pregunta a su compañero, cuando al fin deciden irse del todo. Está bien, el niño está bien, ya no hay nada de qué preocuparse o por qué continuar pensando en ello.
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