I see red [Priv. Heras] [Pasado]
#1
2 años atrás


Rojo.

Rojo.

Rojo.

El color permaneció en su mente aun cuando despertó al día siguiente en la cama de un extraño con grandes alas negras, un lunarian.

¿Cómo había llegado hasta su cama?

A su alrededor, la habitación los envolvía con tonos terrosos y decoración bohemia qué buscaba imitar los arreglados exóticos de las islas desérticas.

Aún quedaban unas cuantas velas encendidas, aunque la noche ya había quedado atrás y el sol amenazaba con colarse por la espesa tela dorada qué cubría las ventanas, aprovechando que alguien había dejado las cortinas entre abiertas.

Tampoco es como que eso le incomodara, al contrario, le daba personalidad a la habitación en la que aun no descifraba su propia presencia.

No podía recordar porque estaba ahí.

Se removió entre las telas sedosas de la sábana, algo que lo hizo aún más consciente del hombre a su lado ¿Quién era tan exótico espécimen? En ese momento detestó su mala memoria, menos mal que su cuerpo lo ayudó a recobrar algunos de los recuerdos de la noche anterior.

Cuando su mente se hubo despejado del sueño y de esas visiones rojizas qué primaban en su cabeza, fue consciente del dolor punzante en su abdomen y, entonces, las memorias del día anterior empezaron a llegar a su cabeza tan abundantes como una lluvia en invierno.

La víctima que se defiende.

La puñalada en su vientre.

El pedir ayuda frente a un local de mala muerte.

La presencia de un "ángel de la muerte".

Y los cabellos rojos de alguien más.

¿De quién?

Fue consciente de que no estaba en posición para pensarlo demasiado, tampoco para preguntar a quién estaba a su lado, no cuando este seguía dormido y él... Él deseaba salir de aquel sitio.

Le habría agradado poder conocer más del moreno a su lado, pero el calor del día mezclado con el que le brindaba las sábanas, empezaba a sofocarlo y las gazas manchadas de sangre seca tampoco ayudaban a que se sintiera cómodo. Conocer al hombre de alas tendría que esperar... Si es que llegaban a encontrarse de nuevo... Si es que llegaba a recordarlo.

Su cuerpo, ligero y ágil se movió con cautela debajo de las alas del peliblanco y con un movimiento sigiloso se deslizó hacia el exterior de la cama, acomodó sus ropas, revisó sus bolsillos y cualquier otra pertenencia que cargara consigo, dándose cuenta de que aún conservaba todo. Sabiendo eso, se tranquilizó y, antes de salir de la habitación, dejó unos berries sobre la mesa.

¿Cuántos? Los suficientes y quizá más de lo que cobraba aquel chico... Bien, podía no haber recibido sus "servicios", pero el darle posada cuando parecía estar pasándola mal era mejor que cualquier placer carnal.

Una lástima que olvidaría su rostro.

¿Cómo supo cuánto pagar? Simple, viajó bastantes años con piratas, sabía en que servicios se gastaban su dinero y, para que mentir, en algún momento intentaron convencerlo de frecuentar esos lugares...nunca fue de su agrado, pero no podía decir que no sabía cómo funcionaban.

Salió del cuarto y el pasillo ruidoso con el movimiento de la mañana lo recibió de manera estrepitosa, los empleados limpiando el sitio, recogiendo los desechos de los clientes nocturnos y preparándose para convertir el área del bar en un simple restaurante durante el día, pero lo peor eran los borrachos tirados en las esquinas qué se negaban a dejar el local o, en peores casos, los cuartos de su compañía nocturna.

Arrugó la nariz, evidenciando el desagrado qué la escena le provocaba, ahora con mucha más razón quería salir.

Se movió rápido entre las personas y, justo antes de pisar bajo el marco de la puerta de salida, como por obra del destino, dio un último vistazo hacia atrás y entonces, lo vio.

Rojo.

Un cabello rojo como el fuego.

El mismo tono de rojo que vio cuando despertó.

Algo recordó, una conversación vaga que trajo a colación una potencial víctima.

Había perdido una la noche anterior y ahora... Ahora se obsesionaría con esta.

El rostro lozano, los músculos firmes y un tono exótico de cabello fueron suficientes para examinarlo visualmente, parecía sano... ¿Estaría igual de sano por dentro?

—¿Se te ofrece algo? —La voz gruñó y, cuando el pelirrosa alzó su mirada para mostrar sus ojos acuosos por estar aguantando el dolor de su abdomen, la persona dueña de los cabellos rojizo se ruborizó y, tanto su semblante como su tono cambiaron de un momento a otro. —Si lo que deseas es quedarte un poco más, no tendría problemas en prestarte mi habitación, mi propia cama.

El doble sentido en las palabras se hizo más evidente con la sonrisa gatuna qué la persona le dedicó después; sin embargo, el médico solo atinó a devolver la sonrisa con una más amigable y a desearle un buen día a su interlocutor.

Rojo... No perdería de vista ese tono de rojo.

Salió del local con un paso más firme del que podía permitirse, no sin antes mirar había atrás por una última vez y darse cuenta de las dos sirenas doradas qué custodiaban, inmóviles, una a cada lado del marco de la puerta que le daba la bienvenida a los incautos a un mundo en donde el placer era la principal razón de vida, una razón que hacía que muchos regresarán y el médico no sería la excepción, solo que, sus razones distaban mucho de brindar satisfacción, al menos no de la manera tradicional.

Sonrió. Definitivamente, frecuentaría ese sitio más seguido.

***

3 semanas y media después.

Siempre se perdía en línea recta, pero hacía falta preguntar a cualquiera en  Sorbet por las dos estatuas de sirenas doradas para que pudieran guiarlo hasta su lugar deseado.

Se había convertido en un hábito casi diario. Todas las noches iba a tomar un trago o dos, nunca más de eso, no cuando su tolerancia al alcohol era tan mínima y, por supuesto, no cuando las bebidas de ahí le parecían tan baratas, pero su sacrificio había valido la pena.

Ese ser de cabellos rojos no perdió el tiempo, ni la primera noche ni las que le siguieron. Pronto descubrió que era quien movía las "cuentas" con los empleados y que era dueño de la mitad de las ganancias del local, además, no menos importante, supo su nombre: Brutus.

Si le preguntaban a él, un nombre demasiado brusco para alguien tan "delicado", bueno, en apariencia, pues sus hábitos de observación lo hicieron darse cuenta de lo déspota qué el pelirrojo llegaba a ser con sus empleados... No es que le importara, él no estaba ahí para salvar a nadie, al contrario.

Ganarse la confianza del hombre no fue tan difícil, bastaba una sonrisa, unas cuantas palabras dulces y alguna que otra promesa de una caricia o dos. Algo que nunca llegó a ocurrir como el pelirrojo hubiera deseado.

Tres semanas después las cosas fueron diferentes a lo habitual. No esperó a la noche para ir al bar, se citaron antes, en un lugar mucho menos concurrido de Sorbet. Se aseguró que nadie lo siguiera y esas caricias que el pelirrojo ansiaba llegaron de la manera menos esperada. Los besos que debieron escalar a un acto más atrevido terminaron cuando una inyección entró en la piel y traspasó los músculos del pelirrojo y, de ahí en adelante para él, todo fue oscuridad…una oscuridad de la que nunca despertaría.

¿Por qué lo hizo? De nuevo las memorias de su abdomen apuñalado y la ayuda de un “ángel de la muerte” regresaron, de algún modo sabía que todo eso estaba atado, que tenía una relación…una lástima que no pudiera recordar a ese “ángel” …una lástima que no pudiera recordar la historia completa.

Suspiró.

Ese día despachó el cuerpo, tal como lo planeó desde que se obsesionó. Había encontrado un cliente para ese día, aunque era una lástima que esta vez tuviera que compartir la ganancia, pues, aunque hizo todo el trabajo para encontrar a la víctima ideal, aunque investigó y se manchó sus guantes blancos de sangre, no podía encargarse de realizar la operación…no podía desaparecer justo el mismo día en que el pelirrojo “contable” también desaparecía.

Con el caer de la noche, atrás quedó el recuerdo del líquido pegajoso en sus guantes, del interior brillante del sujeto, pues, como si nada hubiera pasado, el médico regresó al mismo burdel en donde tantas noches hablaron y, como si lo estuviera buscando, genuinamente, pasó sus ojos por el local, se paseó por el sitio con familiaridad, algo que no extrañó a los que ya lo reconocían o, al menos eso creyó, hasta que una mujer le habló.

—Si estas buscando a Brutus, se fue en la tarde a encontrarse con una persona, dijo que era importante ¿No lo viste en el camino? —Con esa misma mirada perdida de siempre miró a la mujer y negó con la cabeza, su sola aura le transmitía tranquilidad, además, ese bello rostro que tenía el médico y los ojos que reflejaban tanto confusión como inocencia hacían imposibles pensar para cualquiera que atrás de esa expresión podía haber una gran mentira. —Que extraño…no suele ausentarse tanto tiempo.

Su cara de preocupación le ganó una palmada en el hombro de parte de la mujer y seguidos gestos de empatía de parte de otros… ¡Bingo! Los tenía en la palma de sus manos…Nadie sospecharía de él.

Los siguientes días también pasó por el lugar, como si esperara encontrarse de nuevo con quien se había vuelto su “amigo”, pero lo único que recibió fue varios comentarios de consuelo de las y los trabajadores del lugar…Empezaban a hablar, sabían que algo le había ocurrido a Brutus y, aunque en sus ojos parecía haber alivio por no tener que soportar los maltratos del pelirrojo, también parecía haber preocupación, más de uno mencionó en algún momento: “¿Y si somos los siguientes?”

Por supuesto que Hyak los escuchó, todo mientras bebía su primer trago de la noche, con una lentitud increíble, como si quisiera que la misma noche avanzara sin tanta rapidez.

—¿Nadie tiene una idea de lo que pudo ocurrirle? —Preguntó al aire, buscando explicaciones al primero que quisiera dárselas, cualquiera que estuviera cerca de la barra, aunque, la verdad, su mirada se centró más en el hombre de alas negras.

Algo hizo click en su cerebro. Todas estas semanas que había ido al bar lo había ignorado, pero ahora que Brutus salía de la ecuación volvió a prestarle atención… ¿Lo sería? ¿Sería ese su ángel? ¿Sería la razón por la que se obsesionó con ese hombre de cabellos rojos?

—Jmmm…oye…—Le habló al lunarian, con algo de timidez poco característica de él, pero… ¿Cómo empezar? Ni siquiera estaba seguro de si se conocían o no...solo esperaba que no lo ignorara.
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I see red [Priv. Heras] [Pasado] - por Hyákinthos - 10-12-2025, 05:02 AM
RE: I see red [Priv. Heras] [Pasado] - por Heras - 16-12-2025, 08:08 AM
RE: I see red [Priv. Heras] [Pasado] - por Heras - 07-01-2026, 07:00 AM

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