10-12-2025, 09:15 AM
Su estrategia de llamar la atención de los civiles funcionó mucho mejor de lo que pudo predecir. Al menos hasta que un anciano decidió intervenir, acusando a sus compañeros de meterlos en problemas y de habérsela robado del Reino Sorbet, lo que ocasionó que la ojiazul arqueara una ceja con desconcierto. ¿Tanto discrepaba su apariencia de la de sus compañeros? Sí, bueno, era consciente de su esencia adorable, pero tampoco creía ser un ángel ni |mucho menos| una princesa. Al menos le alegraba que Dharma ya la considerara una camarada y no aspiraba a nada más que a eso.
Su estupefacción a lo ocurrido se vio interrumpida por la repentina aparición de una niña, quien corrió hacia ella pidiéndole que los salvara antes de ponerse a llorar lastimeramente. Algo en el corazón de Evie se estrujó al ver aquella penosa situación y no pudo evitar morderse el labio inferior con nerviosismo, aguardando a que su capitán diera las órdenes correspondientes.
|Traidor… |
Murmuró cuando Krieger alentó al populacho con la creencia de que ella podría hacer algo por esas personas, buscando |quizá| ganarse la confianza de los lugareños y así intervenir nuevamente. Sin embargo, esbozó una sonrisa encantadora para continuar con la farsa, recibiendo la información necesaria para comenzar a reunir los fragmentos del caos.
Una de las cosas que siempre había admirado de Kyo era la forma en cómo soltaba lo que pensaba sin detenerse a pensar. Es cierto que muchas veces consideró que podría ser un problema con el tiempo, pero, después de tantos años, había aprendido a apremiar dicha peculiaridad y la transparencia que venía con ella. Claro que había momentos en los que se arrepentía de esos breves instantes de admiración, especialmente cuando él soltaba algún comentario estúpido en el peor momento posible.
| Justo como ahora…|
Acomodó a Fukushū nuevamente en su cabello, tratando de contar hasta cien y no lanzarle un zapato en la cabeza a su capitán, pues no estaban en posición de ser considerados unos mercenarios al mismo nivel que los tipos que acosaban a aquellas pobres personas. Era difícil definir la línea entre la verdad y la crueldad, pero aún no podía deshacerse por completo de su sensibilidad interior.
Escudriñó un momento el rostro de Kyo, tratando de entender su proceder, y un pequeño suspiro escapó de sus labios. No estaba muy segura de querer comprometerse a ayudar a la gente a cambio de su dinero, ellos fueron los que intervinieron de primera mano, no deberían buscar ser codiciosos ahora. No obstante, repuso su sonrisa, acercándose a la niña y con mucho cuidado se inclinó hacia ella para acariciarle la cabeza de forma suave.
|Te prometo que haremos lo posible por salvarlos |le dijo de forma suave|. No llores más, ¿de acuerdo? |
La pequeña asintió entre sollozos, a lo que Evie atinó a tomarle la mano y caminar junto a ella, siguiendo a sus compañeros y al hombre que ahora los guiaba. Todavía algunos fragmentos del caos que no cuadraban en su fuente de la sabiduría, pero ya habría tiempo de hacer las preguntas pertinentes cuando su presencia no estuviese siendo asechada por los ojos de aquellos que la creían una especie de ángel salvador.
El Zar de la peculiar cabellera oscura, se mantenía con su indomable personalidad taciturna, después de haber hablado un poco, para explicarle lo sucedido a un anciano, ese mismo hombre guardaba silencio, mientras los demás también hablaban, se podían escuchar quejas y sonidos de temerosos por lo que había acontecido, pero era cierto, quizá ahora no sabrían a qué temerle. Dharma no tenía la intención de causar un ambiente tan tétrico y lleno de miedo en el ambiente, pero sí de imponer algo, que ellos pudieran despertar de esa pesadilla a la que llamaban vida, solo tenían lo suficiente para sobrevivir y eso no podía considerarse una buena existencia, el de orbes marrones envainaba su espada al no presentir ningún tipo de peligro y mejor dicho solo interpretar el temor y la incertidumbre en las miradas de los lugareños.
|Es algo que no me interesa, pero también es una realidad.|
Musito en un tono fuerte, como si ignorara a todos los ahí presentes, pero le daba la razón a Kyo, tenían una apariencia de pocos amigos y aunado a la personalidad que ambos espadachines cargaban, bueno eso hacia una sinergia que podía sentirse en el ambiente, Dharma se estiraba un poco mientras comenzaba a escuchar los distintos alegados que suscitaban, entre quien es su capitán, su primo y la nueva compañera que ya no era tan nueva, pero que podía notar como cada uno de ellos se desenvolvía en un papel especifico, realmente no era algo que le interesaba al mayor de los Zar, pero tenía que ser participe además de que tenía curiosidad por saber quién era la escoria que se metía con gente tan débil aprovechándose de eso y justo eso era algo que el de cabellera azabache no toleraba demasiado, por ende, la curiosidad también comenzaba a forjar telarañas en su mente.
|Menos mal Kyo aun ve el color gris en el mundo.|
Con un murmuro que quizá sería audible,, daba un punto de vista propio, podía haberlo dicho en su mente, pero le gustaba vociferar lo que pensaba, era una especie de platica para sí mismo, así que lo que pensaran otros no le afectaba en lo más mínimo. Pero pudo escuchar todo lo que se habló ahí, mientras el solo comenzaba a caminar alrededor del lugar sin alejarse casi nada, escuchando las conversaciones que surgían. Tanto el viejo, la niña y el otro hombre herido, parecían más tranquilos al igual que los demás lugareños. | ¿Pero ustedes quienes son y...y por qué nos ayudarían solo porque si? | En un tono tímido, pero lleno de agallas el viejo de hace un rato volvía a exclamar palabras, mientras los Piratas comenzaba a caminar, bueno al menos Dharma iba a un paso relajado detrás de Kyo y el otro hombre.
| Somos Piratas anciano y yo a veces soy un dios generoso|
En un tono lleno de confianza y seguridad como siempre, el Zar daba respuesta al anciano, mientras seguía caminando, su capa ondeaba levemente con la brisa marina y el atardecer daba sus primeros pasos en este día, el espadachín de los mares del norte seguía los pasos de Kyo y el otro hombre, aún no estaba del todo de acuerdo de ayudar a desconocidos, solo porque se les cruzaron en el camino, pero notaba las intenciones del capitán de los Piratas y aprovechar el momento para ganar dinero y además también quizá recuperar o tomar el botín logrado por esos extorsionadores no era para nada una mala idea, si es que el samurái había pensado igual o parecido.
Su estupefacción a lo ocurrido se vio interrumpida por la repentina aparición de una niña, quien corrió hacia ella pidiéndole que los salvara antes de ponerse a llorar lastimeramente. Algo en el corazón de Evie se estrujó al ver aquella penosa situación y no pudo evitar morderse el labio inferior con nerviosismo, aguardando a que su capitán diera las órdenes correspondientes.
|Traidor… |
Murmuró cuando Krieger alentó al populacho con la creencia de que ella podría hacer algo por esas personas, buscando |quizá| ganarse la confianza de los lugareños y así intervenir nuevamente. Sin embargo, esbozó una sonrisa encantadora para continuar con la farsa, recibiendo la información necesaria para comenzar a reunir los fragmentos del caos.
Una de las cosas que siempre había admirado de Kyo era la forma en cómo soltaba lo que pensaba sin detenerse a pensar. Es cierto que muchas veces consideró que podría ser un problema con el tiempo, pero, después de tantos años, había aprendido a apremiar dicha peculiaridad y la transparencia que venía con ella. Claro que había momentos en los que se arrepentía de esos breves instantes de admiración, especialmente cuando él soltaba algún comentario estúpido en el peor momento posible.
| Justo como ahora…|
Acomodó a Fukushū nuevamente en su cabello, tratando de contar hasta cien y no lanzarle un zapato en la cabeza a su capitán, pues no estaban en posición de ser considerados unos mercenarios al mismo nivel que los tipos que acosaban a aquellas pobres personas. Era difícil definir la línea entre la verdad y la crueldad, pero aún no podía deshacerse por completo de su sensibilidad interior.
Escudriñó un momento el rostro de Kyo, tratando de entender su proceder, y un pequeño suspiro escapó de sus labios. No estaba muy segura de querer comprometerse a ayudar a la gente a cambio de su dinero, ellos fueron los que intervinieron de primera mano, no deberían buscar ser codiciosos ahora. No obstante, repuso su sonrisa, acercándose a la niña y con mucho cuidado se inclinó hacia ella para acariciarle la cabeza de forma suave.
|Te prometo que haremos lo posible por salvarlos |le dijo de forma suave|. No llores más, ¿de acuerdo? |
La pequeña asintió entre sollozos, a lo que Evie atinó a tomarle la mano y caminar junto a ella, siguiendo a sus compañeros y al hombre que ahora los guiaba. Todavía algunos fragmentos del caos que no cuadraban en su fuente de la sabiduría, pero ya habría tiempo de hacer las preguntas pertinentes cuando su presencia no estuviese siendo asechada por los ojos de aquellos que la creían una especie de ángel salvador.
El Zar de la peculiar cabellera oscura, se mantenía con su indomable personalidad taciturna, después de haber hablado un poco, para explicarle lo sucedido a un anciano, ese mismo hombre guardaba silencio, mientras los demás también hablaban, se podían escuchar quejas y sonidos de temerosos por lo que había acontecido, pero era cierto, quizá ahora no sabrían a qué temerle. Dharma no tenía la intención de causar un ambiente tan tétrico y lleno de miedo en el ambiente, pero sí de imponer algo, que ellos pudieran despertar de esa pesadilla a la que llamaban vida, solo tenían lo suficiente para sobrevivir y eso no podía considerarse una buena existencia, el de orbes marrones envainaba su espada al no presentir ningún tipo de peligro y mejor dicho solo interpretar el temor y la incertidumbre en las miradas de los lugareños.
|Es algo que no me interesa, pero también es una realidad.|
Musito en un tono fuerte, como si ignorara a todos los ahí presentes, pero le daba la razón a Kyo, tenían una apariencia de pocos amigos y aunado a la personalidad que ambos espadachines cargaban, bueno eso hacia una sinergia que podía sentirse en el ambiente, Dharma se estiraba un poco mientras comenzaba a escuchar los distintos alegados que suscitaban, entre quien es su capitán, su primo y la nueva compañera que ya no era tan nueva, pero que podía notar como cada uno de ellos se desenvolvía en un papel especifico, realmente no era algo que le interesaba al mayor de los Zar, pero tenía que ser participe además de que tenía curiosidad por saber quién era la escoria que se metía con gente tan débil aprovechándose de eso y justo eso era algo que el de cabellera azabache no toleraba demasiado, por ende, la curiosidad también comenzaba a forjar telarañas en su mente.
|Menos mal Kyo aun ve el color gris en el mundo.|
Con un murmuro que quizá sería audible,, daba un punto de vista propio, podía haberlo dicho en su mente, pero le gustaba vociferar lo que pensaba, era una especie de platica para sí mismo, así que lo que pensaran otros no le afectaba en lo más mínimo. Pero pudo escuchar todo lo que se habló ahí, mientras el solo comenzaba a caminar alrededor del lugar sin alejarse casi nada, escuchando las conversaciones que surgían. Tanto el viejo, la niña y el otro hombre herido, parecían más tranquilos al igual que los demás lugareños. | ¿Pero ustedes quienes son y...y por qué nos ayudarían solo porque si? | En un tono tímido, pero lleno de agallas el viejo de hace un rato volvía a exclamar palabras, mientras los Piratas comenzaba a caminar, bueno al menos Dharma iba a un paso relajado detrás de Kyo y el otro hombre.
| Somos Piratas anciano y yo a veces soy un dios generoso|
En un tono lleno de confianza y seguridad como siempre, el Zar daba respuesta al anciano, mientras seguía caminando, su capa ondeaba levemente con la brisa marina y el atardecer daba sus primeros pasos en este día, el espadachín de los mares del norte seguía los pasos de Kyo y el otro hombre, aún no estaba del todo de acuerdo de ayudar a desconocidos, solo porque se les cruzaron en el camino, pero notaba las intenciones del capitán de los Piratas y aprovechar el momento para ganar dinero y además también quizá recuperar o tomar el botín logrado por esos extorsionadores no era para nada una mala idea, si es que el samurái había pensado igual o parecido.
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
