10-12-2025, 08:41 PM
Al llegar me caí de de golpe, rondando y chocando contra unos sacos de harina, cubriendo todo mi cuerpo y las estanterías de alrededor, tosiendo bruscamente me puse de pie. Parecía que había ganado la carrera, ¿pero a qué costo? Toda mi ropa, cara y brazos estaban cubiertos de blanco, me encogí de hombros y sin pensármelo dos veces me quité mi chaleco y pantalones tirándolos por ahí sin ningún tipo de delicadeza.
Total ya estaban sucios, y al estar borracho cuantas menos prendas tuviera encima mejor, más comodidad. Por suerte para Lampedusa me dejé puestos los calzoncillos puestos, unos boxer con estampados de ranitas tocando la guitarra. Me los ajusté, subiéndomelos un poco, según mis ojos se centraban en las estanterías, le di otro trago cuantioso a la botella de cazalla y la dejé por ahí. No era chef, tampoco tenía buen gusto pero quería comerme lo más rico para cuando llegara la chica y no dejarle absolutamente nada, la cual estaba tardando ya demasiado. ¿No venía detrás de mí? Confié en que no me había dado plantón y seguí escarbando entre vegetales, cebollas y latas de conserva hasta encontrar una lata de berberechos, y un tarro de pepinillos. Manjar de dioses.
De la parte alta de la estantería también agarré una botella de vino blanco. Me tiré de nuevo a los sacos de harina provocando otra nube de este ingrediente llenara el lugar, limitando la visibilidad. En cuanto esta se disipó Lampe ya había entrado y había comenzado a comer todo lo que podía, como un oso antes de irse a hibernar. -Ja, eres una corrida de pájaro. -Le recriminé recostado, con un pepinillo en la mano, señalándole con este y mi cuerpo y pelo cubierto de harina. Me sentía como un emperador tumbado en un cómodo sillón, poniéndome las botas a alchol y comida.
-Realmente tienes un puto problema con eso de las direcciones, a este paso no sé cómo no has encontrado ya el one piece. -Reí echando mi cabeza hacia atrás en una posición casi antinatural y sin previo aviso agarré uno de los sacos donde me hallaba tumbado y se lo lancé a la cara, el cual reventó llenando también a la chica de polvo blanco. Pero al hacerlo caí rodeando como una croqueta por el suelo por la inhercia del lanzamiento.
Me levanté riéndome, apoyándome en una de las estanterías del lateral, casi volcándola en el proceso. -OYE. -Me acerqué a ella hasta quedar cara a cara. Apenas a unos centímetros el uno del otro, allí, me saqué un pepinillo del interior de mis calzoncillos y le di un mordisco con una pequeña sonrisa pícara. -¿Quieres ser mi navegante? Así a lo mejor soy capaz de convertirme en rey de los piratas y todo. -Sugerí despollandome de ella en su cara, como si lo que acabase de decir fuese lo más divertido del universo, apoyando mi mano en su hombro.
Total ya estaban sucios, y al estar borracho cuantas menos prendas tuviera encima mejor, más comodidad. Por suerte para Lampedusa me dejé puestos los calzoncillos puestos, unos boxer con estampados de ranitas tocando la guitarra. Me los ajusté, subiéndomelos un poco, según mis ojos se centraban en las estanterías, le di otro trago cuantioso a la botella de cazalla y la dejé por ahí. No era chef, tampoco tenía buen gusto pero quería comerme lo más rico para cuando llegara la chica y no dejarle absolutamente nada, la cual estaba tardando ya demasiado. ¿No venía detrás de mí? Confié en que no me había dado plantón y seguí escarbando entre vegetales, cebollas y latas de conserva hasta encontrar una lata de berberechos, y un tarro de pepinillos. Manjar de dioses.
De la parte alta de la estantería también agarré una botella de vino blanco. Me tiré de nuevo a los sacos de harina provocando otra nube de este ingrediente llenara el lugar, limitando la visibilidad. En cuanto esta se disipó Lampe ya había entrado y había comenzado a comer todo lo que podía, como un oso antes de irse a hibernar. -Ja, eres una corrida de pájaro. -Le recriminé recostado, con un pepinillo en la mano, señalándole con este y mi cuerpo y pelo cubierto de harina. Me sentía como un emperador tumbado en un cómodo sillón, poniéndome las botas a alchol y comida.
-Realmente tienes un puto problema con eso de las direcciones, a este paso no sé cómo no has encontrado ya el one piece. -Reí echando mi cabeza hacia atrás en una posición casi antinatural y sin previo aviso agarré uno de los sacos donde me hallaba tumbado y se lo lancé a la cara, el cual reventó llenando también a la chica de polvo blanco. Pero al hacerlo caí rodeando como una croqueta por el suelo por la inhercia del lanzamiento.
Me levanté riéndome, apoyándome en una de las estanterías del lateral, casi volcándola en el proceso. -OYE. -Me acerqué a ella hasta quedar cara a cara. Apenas a unos centímetros el uno del otro, allí, me saqué un pepinillo del interior de mis calzoncillos y le di un mordisco con una pequeña sonrisa pícara. -¿Quieres ser mi navegante? Así a lo mejor soy capaz de convertirme en rey de los piratas y todo. -Sugerí despollandome de ella en su cara, como si lo que acabase de decir fuese lo más divertido del universo, apoyando mi mano en su hombro.
