11-12-2025, 12:31 AM
-Chaval, ni mi nombre es de perro faldero, ni me lo pusieron. Me lo puse yo mismo. -Di un pequeño saltito y me señalé a mi mismo con el pulgar, cabeza alta y sacando pecho. -Soy Iggy Rock, terror de la Marina y de las mujeres, la mejor estrella de rock que ha nacido en este puto planeta. -Al ver que el chaval no quería bebida le di otro trago yo mismo, dejando salir un leve suspiro tras este. -¿Y esos gilipollas? Nah, no creo que nos sigan, si fuese así este chiquitín no hubiese vuelto. -Giré la cabeza hacia Travis el cual seguía picoteando y mordiendo mi frente.
Continuamos caminado por el camino, y observando los picotazos que me estaba dando mi mascota no tardó en preguntarme si nos llevábamos bien. Obviamente lo hacíamos, después de mi hermano mi pájaro era mi mejor amigo. Ya comprendía casi hasta su idioma y él a mí. Si hacía esto era porque estaba jugando y ya está. -Lo que quiere es que le de un pedazo de comida o algo así por haberme ayudado a salir de la situación. -Me giré para mirarle y en cuanto lo hice, el ave impactó su pico justo en mi ceja, haciendo que comenzara a brotar sangre, cayendo por el lado derecho de mi cara. Al ver la situación el pájaro se asustó y voló de nuevo a mi cabeza. Respiré hondo tratando de aguantar mis ganas de estrangular al pájaro. -Es como una puta. ¿Sabes lo que es una puta, cierto? Verás, cuando un hombre y una mujer se quieren mucho… -Traté de hacerlo bonito pero no se me ocurría nada. -Bueno, que te da algo y quiere recibir algo a cambio la muy perra, y no le vale con un truco de magia.
Parecía que aquel chico le gustaba encargarse de sus problemas el solito, y no le gustaba recibir ayuda de nadie, no podía juzgarle pues yo era igual. Un puto terco que cuando algo le pasaba tiraba para alante sin importarme las consecuencias. ¿Pero sabes qué? Si no pedía ayuda tampoco se la iba a ofrecer yo, si acababa muerto culpa mía no era.
Parecía ser un extranjero que había venido a entrenar con los maestros de la isla como mi hermano, una pérdida de tiempo a mi parecer, pero de nuevo, cada uno perdía su tiempo como le diera la gana, yo me bastaba y me sobraba con mi palo de hierro de setenta centímetros. -Qué pereza entrenar, yo soy más de golpear sin pensar y punto, uno no tiene que pensar para pelear. Solo tienes que sentirlo, tienes que fluir con el viento. -Traté de hacer un movimiento de tai chi al pronunciar estas últimas palabras, pero en lugar de ser el viento quien guiara mi cuerpo parecía más bien que lo hacía el alcohol.
Finalmente, comentó que el camino era peligroso, que para donde nos estábamos dirigiendo podía haber animales salvajes. -Oye chaval. ¿Como sabes tú eso? No tienes pinta de ser de aquí. ¿Qué te hace pensar que en este lugar hay algún bicho más peligroso que la anaconda que tengo aquí colgada? -Me agarré el paquete de forma bastante vulgar, en señal de burla. Me puse a su lado, justo enfrente del árbol al cual se había acercado lamiendo su tronco de abajo a arriba. Estaba horrible, sabía a madera. ¿Por qué había hecho eso? Solo un orangután en pañales lo sabía, no estaba muy convencido de sus deducciones pero decidí creerle. -Está bien supongo que no pasa nada por dar un rodeo…
Continuamos caminado por el camino, y observando los picotazos que me estaba dando mi mascota no tardó en preguntarme si nos llevábamos bien. Obviamente lo hacíamos, después de mi hermano mi pájaro era mi mejor amigo. Ya comprendía casi hasta su idioma y él a mí. Si hacía esto era porque estaba jugando y ya está. -Lo que quiere es que le de un pedazo de comida o algo así por haberme ayudado a salir de la situación. -Me giré para mirarle y en cuanto lo hice, el ave impactó su pico justo en mi ceja, haciendo que comenzara a brotar sangre, cayendo por el lado derecho de mi cara. Al ver la situación el pájaro se asustó y voló de nuevo a mi cabeza. Respiré hondo tratando de aguantar mis ganas de estrangular al pájaro. -Es como una puta. ¿Sabes lo que es una puta, cierto? Verás, cuando un hombre y una mujer se quieren mucho… -Traté de hacerlo bonito pero no se me ocurría nada. -Bueno, que te da algo y quiere recibir algo a cambio la muy perra, y no le vale con un truco de magia.
Parecía que aquel chico le gustaba encargarse de sus problemas el solito, y no le gustaba recibir ayuda de nadie, no podía juzgarle pues yo era igual. Un puto terco que cuando algo le pasaba tiraba para alante sin importarme las consecuencias. ¿Pero sabes qué? Si no pedía ayuda tampoco se la iba a ofrecer yo, si acababa muerto culpa mía no era.
Parecía ser un extranjero que había venido a entrenar con los maestros de la isla como mi hermano, una pérdida de tiempo a mi parecer, pero de nuevo, cada uno perdía su tiempo como le diera la gana, yo me bastaba y me sobraba con mi palo de hierro de setenta centímetros. -Qué pereza entrenar, yo soy más de golpear sin pensar y punto, uno no tiene que pensar para pelear. Solo tienes que sentirlo, tienes que fluir con el viento. -Traté de hacer un movimiento de tai chi al pronunciar estas últimas palabras, pero en lugar de ser el viento quien guiara mi cuerpo parecía más bien que lo hacía el alcohol.
Finalmente, comentó que el camino era peligroso, que para donde nos estábamos dirigiendo podía haber animales salvajes. -Oye chaval. ¿Como sabes tú eso? No tienes pinta de ser de aquí. ¿Qué te hace pensar que en este lugar hay algún bicho más peligroso que la anaconda que tengo aquí colgada? -Me agarré el paquete de forma bastante vulgar, en señal de burla. Me puse a su lado, justo enfrente del árbol al cual se había acercado lamiendo su tronco de abajo a arriba. Estaba horrible, sabía a madera. ¿Por qué había hecho eso? Solo un orangután en pañales lo sabía, no estaba muy convencido de sus deducciones pero decidí creerle. -Está bien supongo que no pasa nada por dar un rodeo…
