11-12-2025, 01:56 AM
—¿Por qué diablos me están cuestionando? —La voz de la chica retumba nuevamente, esta vez cargada de irritación. No es difícil notar que no es de las personas que toleran bien que alguien ponga en duda sus decisiones. —Mataremos cada maldito animal de esta isla hasta que mamá y papá regresen. —añade, casi escupiendo las palabras hacia los otros dos.
Desde su posición, ustedes, aún más cerca de la entrada que del núcleo de la conversación, solo alcanzan a captar fragmentos, frases sueltas que se mezclan con el eco de la cueva y el hedor de los cadáveres. Sin embargo, Eros, al encontrarse más adelantado, siente algo más que sonido. las vibraciones en el suelo y las paredes aumentan con el grito de la mujer. Las rocas temblaron apenas, un estremecimiento breve pero palpable, como si el enojo de la joven tuviera peso propio en aquel ambiente cargado.
—¿Quién te está cuestionando, Mirea? Solo te hicimos una observación. —responde la voz más tranquila, el que antes fue llamado Taji. Su tono sigue siendo bajo, prudente, pero no débil, aunque no posee la voz gruesa de su hermano, ni quizá el mismo arrojo, aún así enfrenta a su hermana cuando lo considera necesario, incluso si eso significa desafiarla mientras ella está claramente alterada.
—Estoy rifando dos tiros, Taji y tú has comprado casi todos los números. —dice Mirea con una amenaza tan peculiar como directa —Cuidadito si terminas siendo el ganador.— El tono no deja espacio a interpretación, no es una broma, ni un enfado pasajero, es una advertencia real, y peligrosa. Taji, el de voz frágil, casi femenina, no responde. Apenas parpadea y gira el rostro para mirar fijamente las llamas de la fogata frente a él, como si buscara refugio en el crepitar del fuego o necesitara algo que le ayudara a contener cualquier palabra que pudiera empeorar la situación. La dinámica entre ellos resulta evidente incluso desde la distancia, son hermanos, pero hay una tensión marcada, un desequilibrio claro en la forma en que se relacionan y Mirea, con ese autoritarismo explosivo que se filtra en cada frase, parece arrastrar un claro delirio de poder, o al menos una necesidad profunda de tener siempre el control.
—Hablas como si esos tiros pudieran penetrar el cuerpo de Taji —responde la voz gruesa y firme de Taroi. —Infravaloras a tu hermano menor. — Taroi da un paso al frente, su voz retumba con seguridad y luego se detiene, respira hondo, y su tono cambia, más desafiante, con una mezcla de burla y advertencia —Antes de que uno de esos tiros rasgue la piel de Taji, tú estarías en el piso. ¡JAJAJAJAJA! — La carcajada estalla en la cueva, eco tras eco. El suelo tiembla levemente bajo sus pies, y ese temblor se transmite a los pasillos de la caverna como vibraciones, para quienes aún están cerca de la entrada, ese estruendo, la risa, las vibraciones, llega claro, como una señal brutal de que la tensión no era solo palabras y de que realmente ahí dentro habían personas y no animales como se estaba pensando desde el principio.
El eco de la carcajada de Taroi aún serpentea por las paredes de la cueva cuando, de pronto, un crujido seco rompe el ambiente. Uno de los huesos tirados entre los restos animales se quiebra bajo algo pequeño que corre entre la oscuridad, Mirea gira bruscamente con los nervios tensos como cuerdas, y en un acto reflejo desenfunda y dispara hacia la sombra sin pensarlo dos veces. El fogonazo ilumina por un instante las paredes húmedas y el olor a pólvora corta el hedor de la descomposición. La bala impacta de lleno en una rata enorme, que cae de inmediato, inerte, con un pequeño espasmo final.
Por un segundo hay silencio, hasta que Taroi estalla en risas. —¿¡ESO TE ASUSTÓ!? JAJAJAJAJAJAJAJAJA— La carcajada retumba aún más fuerte que la anterior, mientras Taji, más discreto pero igual divertido, se cubre la boca con la mano en un intento inútil por contener la risa. —Hermana —logra decir entre risas, con la voz temblorosa — si vas a matar cada cosa que cruje, vas a vaciar la isla antes de que mamá y papá vuelvan. — Mirea aprieta los dientes, visiblemente molesta, el humo aún saliendo del cañón de su arma mientras lanza una mirada que podría partir una piedra, su orgullo claramente ha sufrido más daño que la rata que acaba de volar.
Desde su posición, ustedes, aún más cerca de la entrada que del núcleo de la conversación, solo alcanzan a captar fragmentos, frases sueltas que se mezclan con el eco de la cueva y el hedor de los cadáveres. Sin embargo, Eros, al encontrarse más adelantado, siente algo más que sonido. las vibraciones en el suelo y las paredes aumentan con el grito de la mujer. Las rocas temblaron apenas, un estremecimiento breve pero palpable, como si el enojo de la joven tuviera peso propio en aquel ambiente cargado.
—¿Quién te está cuestionando, Mirea? Solo te hicimos una observación. —responde la voz más tranquila, el que antes fue llamado Taji. Su tono sigue siendo bajo, prudente, pero no débil, aunque no posee la voz gruesa de su hermano, ni quizá el mismo arrojo, aún así enfrenta a su hermana cuando lo considera necesario, incluso si eso significa desafiarla mientras ella está claramente alterada.
—Estoy rifando dos tiros, Taji y tú has comprado casi todos los números. —dice Mirea con una amenaza tan peculiar como directa —Cuidadito si terminas siendo el ganador.— El tono no deja espacio a interpretación, no es una broma, ni un enfado pasajero, es una advertencia real, y peligrosa. Taji, el de voz frágil, casi femenina, no responde. Apenas parpadea y gira el rostro para mirar fijamente las llamas de la fogata frente a él, como si buscara refugio en el crepitar del fuego o necesitara algo que le ayudara a contener cualquier palabra que pudiera empeorar la situación. La dinámica entre ellos resulta evidente incluso desde la distancia, son hermanos, pero hay una tensión marcada, un desequilibrio claro en la forma en que se relacionan y Mirea, con ese autoritarismo explosivo que se filtra en cada frase, parece arrastrar un claro delirio de poder, o al menos una necesidad profunda de tener siempre el control.
—Hablas como si esos tiros pudieran penetrar el cuerpo de Taji —responde la voz gruesa y firme de Taroi. —Infravaloras a tu hermano menor. — Taroi da un paso al frente, su voz retumba con seguridad y luego se detiene, respira hondo, y su tono cambia, más desafiante, con una mezcla de burla y advertencia —Antes de que uno de esos tiros rasgue la piel de Taji, tú estarías en el piso. ¡JAJAJAJAJA! — La carcajada estalla en la cueva, eco tras eco. El suelo tiembla levemente bajo sus pies, y ese temblor se transmite a los pasillos de la caverna como vibraciones, para quienes aún están cerca de la entrada, ese estruendo, la risa, las vibraciones, llega claro, como una señal brutal de que la tensión no era solo palabras y de que realmente ahí dentro habían personas y no animales como se estaba pensando desde el principio.
El eco de la carcajada de Taroi aún serpentea por las paredes de la cueva cuando, de pronto, un crujido seco rompe el ambiente. Uno de los huesos tirados entre los restos animales se quiebra bajo algo pequeño que corre entre la oscuridad, Mirea gira bruscamente con los nervios tensos como cuerdas, y en un acto reflejo desenfunda y dispara hacia la sombra sin pensarlo dos veces. El fogonazo ilumina por un instante las paredes húmedas y el olor a pólvora corta el hedor de la descomposición. La bala impacta de lleno en una rata enorme, que cae de inmediato, inerte, con un pequeño espasmo final.
Por un segundo hay silencio, hasta que Taroi estalla en risas. —¿¡ESO TE ASUSTÓ!? JAJAJAJAJAJAJAJAJA— La carcajada retumba aún más fuerte que la anterior, mientras Taji, más discreto pero igual divertido, se cubre la boca con la mano en un intento inútil por contener la risa. —Hermana —logra decir entre risas, con la voz temblorosa — si vas a matar cada cosa que cruje, vas a vaciar la isla antes de que mamá y papá vuelvan. — Mirea aprieta los dientes, visiblemente molesta, el humo aún saliendo del cañón de su arma mientras lanza una mirada que podría partir una piedra, su orgullo claramente ha sufrido más daño que la rata que acaba de volar.
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