11-12-2025, 01:01 PM
Todo parece haber terminado y resolverse con una presunta paz celestial, pero como siempre en toda vida de pirata, los problemas llaman a la puerta y no te dejan tranquilo. A veces es por un mal pasado, soldados de la Marina, una ex despechada... En este caso algo más chill, un padre cargado de ira y venganza que viene a matar al asesino de su hijo. Lo de cada semana, vamos.
El destrozo de la entrada de la iglesia es considerable, con la puerta reventada y los cimientos tambaleando. La gente en su mayoría ha conseguido retirarse y esconderse en lo más profundo de la catedral, aunque otros menos afortunados han sido sepultados por escombros o han muerto por la metralla del primer impacto. Ya no hay marcha atrás, solo queda enfrentar a la bestia.
Pese a la situación de vida o muerte, tu carácter es frío e inalterable. Aún así, tú estrategia es más que cuestionable. Sin vacilar, le comentas a tu aliado que no vas a lanzar el primer ataque, que se lance él mismo contra la bestia. En un acto que intenta ser inteligente pero aparenta ser cobarde, comienzas a moverte en busca de un flanqueo tras las columnas inestables de lugar. El Penitente sin Nombre te observa atónito, sin creerse lo que acabas de decir y como le has "cedido" la iniciativa mientras te escondes. -¿Pero que...?- se comienza a cuestionar incrédulo, en voz baja, mientras gira la cabeza para verte y pierde de vista a su objetivo.
Sin embargo, quien no recula es el Gran Oni, que cargado de una ira asesina, carga con una velocidad impropia de un ser tan masivo como lo es él. Su carrera es notoria, pues con cada paso todo tiembla, pero imperceptible para tu ojo todavía inexperto. Antes si quiera de que puedas alcanzar a recorrer la distancia que buscabas y refugiarte en las columnas, te ha dado alcance y descarga un brutal derechazo descendente contra todo tu ser. El impacto es atronador, colapsando contra tu torso. Sientes la presión contra el pecho y un dolor intenso que jamás antes has experimentado. La venganza llama a tu puerta y no puedes huir, la tienes encima.
El Penitente sin Nombre vuelve en sí tras el desconcierto inicial de tus acciones y arremete por el lateral de la criatura aprovechando que está distraída contigo. La espada corta la carne del abdomen con fuerza, generando un grito agudo del monstruo que responde con un pequeño bote en la dirección opuesta del ataque. Esta impacta contra un pilar que cede ante el peso del choque.
Si la cosa sigue así, todo acabará colapsando. Con ello, no solo se perdería la congregación, sino que también enterraría a todos los feligreses escondidos en ella. Pero lo que es seguro es que si colapsa sobre el demonio, también será su tumba.
El destrozo de la entrada de la iglesia es considerable, con la puerta reventada y los cimientos tambaleando. La gente en su mayoría ha conseguido retirarse y esconderse en lo más profundo de la catedral, aunque otros menos afortunados han sido sepultados por escombros o han muerto por la metralla del primer impacto. Ya no hay marcha atrás, solo queda enfrentar a la bestia.
Pese a la situación de vida o muerte, tu carácter es frío e inalterable. Aún así, tú estrategia es más que cuestionable. Sin vacilar, le comentas a tu aliado que no vas a lanzar el primer ataque, que se lance él mismo contra la bestia. En un acto que intenta ser inteligente pero aparenta ser cobarde, comienzas a moverte en busca de un flanqueo tras las columnas inestables de lugar. El Penitente sin Nombre te observa atónito, sin creerse lo que acabas de decir y como le has "cedido" la iniciativa mientras te escondes. -¿Pero que...?- se comienza a cuestionar incrédulo, en voz baja, mientras gira la cabeza para verte y pierde de vista a su objetivo.
Sin embargo, quien no recula es el Gran Oni, que cargado de una ira asesina, carga con una velocidad impropia de un ser tan masivo como lo es él. Su carrera es notoria, pues con cada paso todo tiembla, pero imperceptible para tu ojo todavía inexperto. Antes si quiera de que puedas alcanzar a recorrer la distancia que buscabas y refugiarte en las columnas, te ha dado alcance y descarga un brutal derechazo descendente contra todo tu ser. El impacto es atronador, colapsando contra tu torso. Sientes la presión contra el pecho y un dolor intenso que jamás antes has experimentado. La venganza llama a tu puerta y no puedes huir, la tienes encima.
El Penitente sin Nombre vuelve en sí tras el desconcierto inicial de tus acciones y arremete por el lateral de la criatura aprovechando que está distraída contigo. La espada corta la carne del abdomen con fuerza, generando un grito agudo del monstruo que responde con un pequeño bote en la dirección opuesta del ataque. Esta impacta contra un pilar que cede ante el peso del choque.
Si la cosa sigue así, todo acabará colapsando. Con ello, no solo se perdería la congregación, sino que también enterraría a todos los feligreses escondidos en ella. Pero lo que es seguro es que si colapsa sobre el demonio, también será su tumba.
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