11-12-2025, 05:39 PM
(Última modificación: 11-12-2025, 08:37 PM por Sigurd Haakon.)
Estoy irascible, pero no me dejo arrastrar por la locura y tan solo me da por enganchar al malnacido de Pegasus y aplastarlo como si fuera una ramita. Al atraparlo por la espalda y con todo el follón que hay formado lo sorprendo y le es imposible escapar de mi fuerza titánica. El sentir como crujen sus huesecitos y el aire escaparse me generan una satisfacción que se ha convertido en algo personal.
Sin embargo, el muy desgraciado utiliza su último aliento para seguir con su fachada de tipo imperturbable y con todo bajo control. O es rematadamente idiota o aún no es consciente de con quién se está metiendo. Debe ser que no lee mucho el periódico. Aún sabiendo que busca molestarme, sus insultos me sacan de quicio por completo y me obligan a perder la concentración. -Callate ya, comemierda.- le respondo mientras aprieto cada vez más, dejándome llevar. La presión es tanta que siento las uñas y las yemas de los dedos rodeando al sujeto y alcanzando la palma de la mano, clavándose. Ya no puede hablar, no hay aire que fluya por su interior. -Deja de dar por culo, ¿quieres?- lo miro fijamente. No dejo que la furia que caracteriza mi raza me domine y le demuestro que lo tengo todo bajo control. -Aún estoy decidiendo que hacer contigo, así que te lo aconsejo.-
Estoy a la espera de Ubbe y de repente siento un alivio, como si me hubieran quitado un peso de encima. Por un segundo me llego a creer que es mi conciencia, que el asfixiar a este estafador me ha dado buen karma o lo que sea que digan las del Mercurio retrógrado ese. Pero cuando siento un cosquilleo en mi cadera me doy cuenta de que no es cosa de la mente, sino que me están chorizando los martillos. -¡SERÉIS HIJOS DE PUTA!- gruño enojado. Un grupito de enanos se han filtrado por mis pantalones y se estan llevando como pueden mis martillos gemelos. El peso y el tamaño son tan exagerados para ellos que les está costando manejarlos, pero si quiero dar con ellos y recuperarlos he de soltar al mamón este. Por suerte Ubbe llega como un heraldo de la destrucción. Lo miro aliviado, aunque estoy asqueado por lo que acaba de suceder. -Hermano, engancha a esos mamones, porfa, yo tengo a este aquí agarrado.- El Buccaneer del Sur conoce mis herramientas más que nadie. Cuando las ve, se las apaña para dar caza a los ladrones y me devuelve uno de los mazos mientras otro se lo reserva para él.
El caos es tan frenético que no solo nos afecta a nosotros, sino que la violencia está a la orden del día, aunque mientras me mantenga al margen, me la pela completamente. La trifulca se descontrola por un sector donde unos jugadores arremeten contra el esclavista vergonzoso. Este se esconde tras de mi, pero le cojo interés a los proyectiles que nos lanzan. Con destreza, uso el rostro de Pegasus para absorber las pelotas, que impactan irremediablemente contra él. Y eso me da una idea estupenda, una advertencia que puedo utilizar. No sin antes, mirando de reojo, pisar la cabeza de la rata que se esconde detrás nuestro contra el suelo hasta hacer la presión suficiente como para aplastarle el cráneo.
Ahora que volvemos a estar reunidos, que hay un caos brutal entre los presentes y que debemos retirarnos lo más indemnes posible, alzo la voz por sobre el resto. No para que me escuche la multitud, que ya tendrá suficiente con follarse los unos a los otros o robarse las fichas, sino para aquellos guardias con ganas de ser los protagonistas de su propia historia. -¡OÍDME, CABRONES!- hago una pequeña pausa para captar la atención de un discurso imperturbable. -¡AHORA NOS PENSAMOS LARGAR CON ESTE TIPO COMO REHÉN!- sonrío con malicia. Lo que me gusta a mí un buen secuestro... -¡Y OS JURO POR MI PADRE, Y EL PADRE DE MI PADRE, Y EL PADRE DE TODOS, QUE COMO OS DÉ POR ATACARNOS VOY A USAR A ESTE MENTIROSO COMO ESCUDO HUMANO Y BATE DE BEISBOL!-
Con la amenaza en el aire, ya no queda mucho más que hacer Ubbe y yo empezamos la retirada cubriéndonos las espaldas en dirección a la puerta principal. Si alguien tiene huevos de pararnos, muerte. Si no, saldremos por la puerta grande con el dueño carmesí a cuestas. Puede que lo mate. Puede que lo torture. O puede que lo mantenga entero para pedir un rescate. Depende de cómo se comporte... Y lo mucho que pueda aguantar la resolución, ¡Jarul Jul Jul Jul...!
Sin embargo, el muy desgraciado utiliza su último aliento para seguir con su fachada de tipo imperturbable y con todo bajo control. O es rematadamente idiota o aún no es consciente de con quién se está metiendo. Debe ser que no lee mucho el periódico. Aún sabiendo que busca molestarme, sus insultos me sacan de quicio por completo y me obligan a perder la concentración. -Callate ya, comemierda.- le respondo mientras aprieto cada vez más, dejándome llevar. La presión es tanta que siento las uñas y las yemas de los dedos rodeando al sujeto y alcanzando la palma de la mano, clavándose. Ya no puede hablar, no hay aire que fluya por su interior. -Deja de dar por culo, ¿quieres?- lo miro fijamente. No dejo que la furia que caracteriza mi raza me domine y le demuestro que lo tengo todo bajo control. -Aún estoy decidiendo que hacer contigo, así que te lo aconsejo.-
Estoy a la espera de Ubbe y de repente siento un alivio, como si me hubieran quitado un peso de encima. Por un segundo me llego a creer que es mi conciencia, que el asfixiar a este estafador me ha dado buen karma o lo que sea que digan las del Mercurio retrógrado ese. Pero cuando siento un cosquilleo en mi cadera me doy cuenta de que no es cosa de la mente, sino que me están chorizando los martillos. -¡SERÉIS HIJOS DE PUTA!- gruño enojado. Un grupito de enanos se han filtrado por mis pantalones y se estan llevando como pueden mis martillos gemelos. El peso y el tamaño son tan exagerados para ellos que les está costando manejarlos, pero si quiero dar con ellos y recuperarlos he de soltar al mamón este. Por suerte Ubbe llega como un heraldo de la destrucción. Lo miro aliviado, aunque estoy asqueado por lo que acaba de suceder. -Hermano, engancha a esos mamones, porfa, yo tengo a este aquí agarrado.- El Buccaneer del Sur conoce mis herramientas más que nadie. Cuando las ve, se las apaña para dar caza a los ladrones y me devuelve uno de los mazos mientras otro se lo reserva para él.
El caos es tan frenético que no solo nos afecta a nosotros, sino que la violencia está a la orden del día, aunque mientras me mantenga al margen, me la pela completamente. La trifulca se descontrola por un sector donde unos jugadores arremeten contra el esclavista vergonzoso. Este se esconde tras de mi, pero le cojo interés a los proyectiles que nos lanzan. Con destreza, uso el rostro de Pegasus para absorber las pelotas, que impactan irremediablemente contra él. Y eso me da una idea estupenda, una advertencia que puedo utilizar. No sin antes, mirando de reojo, pisar la cabeza de la rata que se esconde detrás nuestro contra el suelo hasta hacer la presión suficiente como para aplastarle el cráneo.
Ahora que volvemos a estar reunidos, que hay un caos brutal entre los presentes y que debemos retirarnos lo más indemnes posible, alzo la voz por sobre el resto. No para que me escuche la multitud, que ya tendrá suficiente con follarse los unos a los otros o robarse las fichas, sino para aquellos guardias con ganas de ser los protagonistas de su propia historia. -¡OÍDME, CABRONES!- hago una pequeña pausa para captar la atención de un discurso imperturbable. -¡AHORA NOS PENSAMOS LARGAR CON ESTE TIPO COMO REHÉN!- sonrío con malicia. Lo que me gusta a mí un buen secuestro... -¡Y OS JURO POR MI PADRE, Y EL PADRE DE MI PADRE, Y EL PADRE DE TODOS, QUE COMO OS DÉ POR ATACARNOS VOY A USAR A ESTE MENTIROSO COMO ESCUDO HUMANO Y BATE DE BEISBOL!-
Con la amenaza en el aire, ya no queda mucho más que hacer Ubbe y yo empezamos la retirada cubriéndonos las espaldas en dirección a la puerta principal. Si alguien tiene huevos de pararnos, muerte. Si no, saldremos por la puerta grande con el dueño carmesí a cuestas. Puede que lo mate. Puede que lo torture. O puede que lo mantenga entero para pedir un rescate. Depende de cómo se comporte... Y lo mucho que pueda aguantar la resolución, ¡Jarul Jul Jul Jul...!
En efecto, cajita feliz
