11-12-2025, 06:58 PM
—¿Una loca? —
Se rió por lo bajo, porque no es la primera vez que escucha que le dicen así, aun así no se quejó, simplemente juntó sus manos al escuchar como dice que sí. No es la idea más ideal, pero es la que tienen y harán. No necesitó nada más.
Así está bien.
La conversación con el niño no le fue indiferente, pero pretendió que sí. Se quedó en silencio, quieta esperando su momento, uno que llega ¡Y puede servir! El calor que el objeto desprende es la salvación o más bien un problema tan grande que el resto se verá pequeño, minúsculo, como si no existiera quizás.
Esperó la ayuda de Kiyoshi y escuchó el objeto romperse, supuso por el ruido que todo va a iniciar, en una situación que nunca ha vivido en carne propia. No hubo emoción, simplemente se dejó llevar, resistiéndose los primeros segundos cuando llegó la mascarilla. Movió su rostro ligeramente de un lado a otro, en una reacción que seguro no esperó ¡Ni ella lo hizo! Fue inconsciente, pero luego de unos segundos se dejó, en una respuesta ansiosa que frunció su rostro.
Se dejó llevar, como si fuese una niña que ha salido a pasear, aunque en realidad parece más que están huyendo de las flamas, unas que están dando segundos para que se escondan, es el tiempo antes de partir ellas también y avanzar en busca de llevarse todo con ellas.
Lo escuchó toser y en una mala señal. Otra vez, en un recordatorio de lo que ocurre — ¿Doctor? — la palabra salió curiosa y entonces sintió el agarre se debilita. No hizo más que estrechar de su lado el agarre, avanzó incluso pasándolo, incluso si no ve, mientras su mano es la que avanzó primero, rompiendo el humo que no duda en llenar el ambiente.
El calor le recordó que no tienen tiempo y también que el hombre que la acompaña algo posee, lo recordó del pasado, de esa caminata que le sacó el aire. — No te preocupes — no se llenó de pánico, simplemente movió las puntas de las manos, encontrando algo. No es la puerta de la salida, pero es algo parecido — Saldremos, no pasa nada.
Se escuchó el chillido de los viejos moradores del hogar, quejándose de que sus cosas están ahí dentro ¡Los tesoros y el dichoso dinero! Todo se enciende, incluso uno entró, encontrándolos en medio del salón. — Ya sé en donde puede estar la salida — tiró de él, hasta que se encontró frente a quien ha atrapado los animales. Un empujón la tiró atrás y soltó la mano del hombre que parece que en cualquier momento va desfallecer. — Tenemos que salir, los tres — es lo ideal ¿No? Que todos se salven, vivir felices por siempre, pero ya ha hecho su primer movimiento y no es uno discreto, es romperlo todo.
Una locura realmente.
—¡Tenemos que salir! — alzó la voz, escuchando a la gente hablar. Tosió una vez al no encontrar aire, aun así lo volvió a intentar — ¡¿Además ya no tienes con qué detenernos, no?!
O quizás sí, pero ¿A cuántos?
Se levantó, sintiendo con el pie en donde está el hombre que le ha dado la mascarilla y volvió a intentarlo. Tiró de sus ropas, soltando un sonido de incomodidad por el tirón, pero no le importó. — ¡Es tu culpa lo de las aves! — Es un secreto a voces, la sospecha siempre existió, pero el miedo no hizo nada más que detener a la gente.
¿Cómo lo hace ella entonces? Supuso que no hubo temor de morir, porque no lo ha adquirido, no existe en su interior. Aun no.
La gente se agitó y notó unos brazos que tiraron junto a ella, mientras los gritos comienzan. La gente, los hombres y finalmente el ave, que ha llegado a poner orden.
O más bien ver el fin de su espectáculo y el inicio del siguiente.
Se rió por lo bajo, porque no es la primera vez que escucha que le dicen así, aun así no se quejó, simplemente juntó sus manos al escuchar como dice que sí. No es la idea más ideal, pero es la que tienen y harán. No necesitó nada más.
Así está bien.
La conversación con el niño no le fue indiferente, pero pretendió que sí. Se quedó en silencio, quieta esperando su momento, uno que llega ¡Y puede servir! El calor que el objeto desprende es la salvación o más bien un problema tan grande que el resto se verá pequeño, minúsculo, como si no existiera quizás.
Esperó la ayuda de Kiyoshi y escuchó el objeto romperse, supuso por el ruido que todo va a iniciar, en una situación que nunca ha vivido en carne propia. No hubo emoción, simplemente se dejó llevar, resistiéndose los primeros segundos cuando llegó la mascarilla. Movió su rostro ligeramente de un lado a otro, en una reacción que seguro no esperó ¡Ni ella lo hizo! Fue inconsciente, pero luego de unos segundos se dejó, en una respuesta ansiosa que frunció su rostro.
Se dejó llevar, como si fuese una niña que ha salido a pasear, aunque en realidad parece más que están huyendo de las flamas, unas que están dando segundos para que se escondan, es el tiempo antes de partir ellas también y avanzar en busca de llevarse todo con ellas.
Lo escuchó toser y en una mala señal. Otra vez, en un recordatorio de lo que ocurre — ¿Doctor? — la palabra salió curiosa y entonces sintió el agarre se debilita. No hizo más que estrechar de su lado el agarre, avanzó incluso pasándolo, incluso si no ve, mientras su mano es la que avanzó primero, rompiendo el humo que no duda en llenar el ambiente.
El calor le recordó que no tienen tiempo y también que el hombre que la acompaña algo posee, lo recordó del pasado, de esa caminata que le sacó el aire. — No te preocupes — no se llenó de pánico, simplemente movió las puntas de las manos, encontrando algo. No es la puerta de la salida, pero es algo parecido — Saldremos, no pasa nada.
Se escuchó el chillido de los viejos moradores del hogar, quejándose de que sus cosas están ahí dentro ¡Los tesoros y el dichoso dinero! Todo se enciende, incluso uno entró, encontrándolos en medio del salón. — Ya sé en donde puede estar la salida — tiró de él, hasta que se encontró frente a quien ha atrapado los animales. Un empujón la tiró atrás y soltó la mano del hombre que parece que en cualquier momento va desfallecer. — Tenemos que salir, los tres — es lo ideal ¿No? Que todos se salven, vivir felices por siempre, pero ya ha hecho su primer movimiento y no es uno discreto, es romperlo todo.
Una locura realmente.
—¡Tenemos que salir! — alzó la voz, escuchando a la gente hablar. Tosió una vez al no encontrar aire, aun así lo volvió a intentar — ¡¿Además ya no tienes con qué detenernos, no?!
O quizás sí, pero ¿A cuántos?
Se levantó, sintiendo con el pie en donde está el hombre que le ha dado la mascarilla y volvió a intentarlo. Tiró de sus ropas, soltando un sonido de incomodidad por el tirón, pero no le importó. — ¡Es tu culpa lo de las aves! — Es un secreto a voces, la sospecha siempre existió, pero el miedo no hizo nada más que detener a la gente.
¿Cómo lo hace ella entonces? Supuso que no hubo temor de morir, porque no lo ha adquirido, no existe en su interior. Aun no.
La gente se agitó y notó unos brazos que tiraron junto a ella, mientras los gritos comienzan. La gente, los hombres y finalmente el ave, que ha llegado a poner orden.
O más bien ver el fin de su espectáculo y el inicio del siguiente.
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