12-12-2025, 02:23 AM
Existen muchas historias en la vida de cada persona, algunas trascienden, otras son breves, pasajeras. La de ese día pertenece a ese segundo grupo, esas anécdotas que parecen insignificantes pero que, con el tiempo, pueden adueñarse de tus pensamientos en los momentos más difíciles, quizá llegues a recordar esos relatos con una sonrisa en los labios.
El sol iluminaba con fuerza el firmamento en aquella mañana, otorgando su poderoso abrazo a toda la isla. Desde las costas hasta las zonas más céntricas, cada rincón quedó envuelto en un calor abrasador. Tal era la sensación de temperatura ese día que los pueblerinos casi en su totalidad buscaban alivio en bebidas frías o paños húmedos mientras continuaban con sus diferentes labores.
Fuera la que fuera su solución para el calor, todos los seres vivos de la isla compartían al unísono la misma opinión.
![[Imagen: nIbHZQu.png]](https://i.imgur.com/nIbHZQu.png)
“Vaya calor de mierda…”
Expresó su malestar un joven de cabellos castaños, mirada color miel, un balde, y una rudimentaria caña de pescar al hombro. La improvisada herramienta no era más que una rama, un hilo de nailón y una puntilla desgastada unidas con aparente prisa.
Sus pisadas quedaban marcadas en la tierra del camino mientras avanzaba por el sendero que lo conduciría al lugar ideal para pescar. Un rincón de la playa lo bastante cómodo como para sentarse, lanzar el anzuelo y esperar conseguir un par de buenos peces.
Cuando por fin llegó, la refrescante brisa marina lo recibió agitando su cabello y ropas en la dirección del viento. “Ahhh, qué fresquito hace aquí…” murmuró, y una sonrisa se le dibujó en el rostro, notando cómo el malestar de antes empezaba a desvanecerse.
Sin embargo, no tardó en darse cuenta de que no estaba solo. A unos metros, sobre la pequeña plataforma de tablones que funcionaba como el “puerto” en aquella bahía, había otra persona que tuvo su misma idea.
Mientras se acercaba, no pudo evitar observarlo desde la distancia… y notar lo terriblemente malo que era pescando. Una leve mueca burlona se dibujó en sus labios, esforzándose por no soltar una carcajada antes de tiempo.
Solo cuando la madera crujió bajo sus pasos rompió el silencio con el extraño.
“Hey bro.” Saludo levantando su mano con el balde. “¿Te molesta compartir el puerto?” Continuó, sentándose junto al chico de cabellos bicolor antes siquiera de recibir una respuesta. “Parece que está difícil pescar algo aquí, ¿no?” Trato de iniciar una conversación mientras sumergía el balde en el agua salada, llenándolo hasta el borde. Luego lo dejó a su lado, justo en el extremo contrario al que se encontraba el otro chico.
Tomó su caña con tal soltura que cualquier presente podría evidencia que tenía práctica, pero antes de lanzar la puntilla oxidada que hacía de anzuelo, pareció recordar algo muy importante.
![[Imagen: x2Ui0Z7.png]](https://i.imgur.com/x2Ui0Z7.png)
“Keke, chale, olvidé traer carnada...”
Dijo sin la más mínima muestra de preocupación, para luego desviar aquella expresión que reflejaba tranquilidad en dirección a su acompañante. “Bro, ¿te importaría compartirme uno de tus gusanos? Solo necesito uno.” Pregunto con tono amigable, esperando a la respuesta que pudiera darle.
![[Imagen: zxs8f0c.png]](https://i.imgur.com/zxs8f0c.png)
“A cambio puedo enseñarte como se hace, debes ser uno con el dios del mar para que te permita cazar en su terreno.”
