12-12-2025, 03:25 AM
Era extraño, no era común que los habitantes de las islas del cielo bajaran a la superficie. Por lo que cuidadosamente me fui acercando a ella, dando vueltas en círculos alrededor su alrededor, analizando cada detalle de su físico ropa y piel, por alguna razón me resultaba familiar, como si la conociera de antes. No era producto del alcohol, o algún truco sucio de mi mente jugándome una mala pasada.
Me detuve justo enfrente suya e incliné mi torso hacia delante, haciendo una especie de reverencia hasta quedar mi cara justo frente a la suya, salvando la diferencia de altura entre nosotros pero apenas dejando espacio personal. -Creo que a la gente se la pela de donde seamos. ¡ESTA CHICA PROVIENE DE UNA ISLA EN EL CIELO! -Grité a pleno pulmón, mi voz rebotando entre las claras y atravesando por las calles de aquel melancólico pueblo, perdiéndose en el viento, sin recibir ningún tipo de respuesta. Seguimos solos, nadie respondió, nadie salió a ver que sucedía. -¿Ves? Qué más da si lo digo en voz alta…
Volví a erguirme por completo estirando mis espalda, dándole otro trago a mi botella de vodka para no perder el calor. Mi vista volvió a ventarse en su pálida piel y familiar figura, retrocedí para ganar algo de perspectiva. Era como si esos profundos ojos verdes ya los hubiese visto en algún otro lugar, pero lo achaqué a la nostalgia de ver otro skypieano en tanto tiempo. Podría mentirle, decir que soy el último miembro de un clan que vivía en un volcán en erupción, o que provengo de una tribu de nómadas vuelan de una isla a otra en palomas. Pero cerrando los ojos, un dolor en el pecho y una sonrisa forzada lo solté. -Si, yo también soy de allí, al menos me crié en esa isla. Mi padre era pirata, humano, se folló a mi madre como cajón que no cierra y de ahí salí yo. Un híbrido entre humano y habitante de isla del cielo. Por eso no tengo alitas como tú.
No me gustaba demasiado recordar de donde venía, pues me seguía sintiendo culpable por haberme ido tan joven y no haber podido siquiera asistir al funeral de mi madre, dejándola sola. Miré a la joven con unos ojos envueltos de sinceridad, algo bastante impropio mi. -Ven. -Ordené sin darle tiempo a reaccionar, tomando su mano y tirando de ella con la fuerza justa para arrancarla del sitio pero sin ser tampoco demasiado brusco. Estaba helada, al sentir el frío de su piel, la agarré con más fuerza, tratando de transmitirle mi calor corporal. -Por cierto, me llamo Iggy, voy a llevarte a un sitio que a mí me recuerda un huevo a casa… Y por cierto, si quieres vodka solo tienes que pedírmelo, te ayudará a entrar en calor.
Me presenté finalmente, llevaba el tiempo suficiente ya en esta isla como para saber algún que otro lugar interesante, y si la chica no se me congelaba por el camino le iba a mostrar uno de mis lugares favoritos, uno en el que me podía pasar horas haciendo el cafre.
Me detuve justo enfrente suya e incliné mi torso hacia delante, haciendo una especie de reverencia hasta quedar mi cara justo frente a la suya, salvando la diferencia de altura entre nosotros pero apenas dejando espacio personal. -Creo que a la gente se la pela de donde seamos. ¡ESTA CHICA PROVIENE DE UNA ISLA EN EL CIELO! -Grité a pleno pulmón, mi voz rebotando entre las claras y atravesando por las calles de aquel melancólico pueblo, perdiéndose en el viento, sin recibir ningún tipo de respuesta. Seguimos solos, nadie respondió, nadie salió a ver que sucedía. -¿Ves? Qué más da si lo digo en voz alta…
Volví a erguirme por completo estirando mis espalda, dándole otro trago a mi botella de vodka para no perder el calor. Mi vista volvió a ventarse en su pálida piel y familiar figura, retrocedí para ganar algo de perspectiva. Era como si esos profundos ojos verdes ya los hubiese visto en algún otro lugar, pero lo achaqué a la nostalgia de ver otro skypieano en tanto tiempo. Podría mentirle, decir que soy el último miembro de un clan que vivía en un volcán en erupción, o que provengo de una tribu de nómadas vuelan de una isla a otra en palomas. Pero cerrando los ojos, un dolor en el pecho y una sonrisa forzada lo solté. -Si, yo también soy de allí, al menos me crié en esa isla. Mi padre era pirata, humano, se folló a mi madre como cajón que no cierra y de ahí salí yo. Un híbrido entre humano y habitante de isla del cielo. Por eso no tengo alitas como tú.
No me gustaba demasiado recordar de donde venía, pues me seguía sintiendo culpable por haberme ido tan joven y no haber podido siquiera asistir al funeral de mi madre, dejándola sola. Miré a la joven con unos ojos envueltos de sinceridad, algo bastante impropio mi. -Ven. -Ordené sin darle tiempo a reaccionar, tomando su mano y tirando de ella con la fuerza justa para arrancarla del sitio pero sin ser tampoco demasiado brusco. Estaba helada, al sentir el frío de su piel, la agarré con más fuerza, tratando de transmitirle mi calor corporal. -Por cierto, me llamo Iggy, voy a llevarte a un sitio que a mí me recuerda un huevo a casa… Y por cierto, si quieres vodka solo tienes que pedírmelo, te ayudará a entrar en calor.
Me presenté finalmente, llevaba el tiempo suficiente ya en esta isla como para saber algún que otro lugar interesante, y si la chica no se me congelaba por el camino le iba a mostrar uno de mis lugares favoritos, uno en el que me podía pasar horas haciendo el cafre.
