[Autonarrada T1] Manos grandes, corazón firme
#1
Día 49 de invierno año 16
South Blue | Baterilla

El Hospital Central de la isla de Baterilla no estaba preparado para alguien como Sigrid Birkisson en verdad, no porque faltara espacio, el edificio era grande, robusto, de muros gruesos y pasillos amplios, sino porque la sola presencia de la marine hacía que todo pareciera, más pequeño. Las puertas, los marcos, las camillas reforzadas que aun así crujían cuando ella pasaba demasiado cerca. Cinco metros y algo más de altura, doscientos kilos de músculo contenido bajo un uniforme blanco adaptado a la fuerza, y una sonrisa tan abierta que contrastaba violentamente con el olor constante a antiséptico y sangre.
 
—Buenos días, señor hospital —saludó Sigrid con voz clara y alegre, inclinando un poco la cabeza al cruzar la entrada principal claramente nadie respondió, pero dos enfermeras se sobresaltaron de todos modos. No era su primer día asignada allí. La Marina había decidido que, dado su oficio médico, sería prudente destinarla temporalmente al hospital de la isla, donde los recursos humanos no abundaban y los casos graves eran frecuentes, piratas, civiles heridos, accidentes portuarios, enfermedades tropicales, Baterilla era un punto comercial importante y, como tal, un imán para problemas.
 
Sigrid había aceptado la orden sin pensarlo, Hospital, cuartel, puerto o campo de batalla, para ella todo se resumía en lo mismo, gente que necesita ayuda. Avanzó con cuidado por los pasillos, inclinándose levemente para no rozar las lámparas colgantes, a pesar de su tamaño, sus movimientos no eran bruscos, había aprendido desde pequeña que ser grande no era excusa para ser descuidada, cada paso era firme, controlado, casi respetuoso, aunque eso no le quitaba lo torpe.
 
—¡Doctora Sigrid! —la llamó una voz nerviosa desde el fondo, era Mariel, una enfermera humana de estatura promedio que ya se había acostumbrad, hasta cierto punto a trabajar con la buccaner, esta mujer tenía ojeras profundas y el cabello recogido de cualquier manera, señal clara de que el turno había sido largo y lo que faltaba.
 
—¡Mariel! —respondió Sigrid con entusiasmo —¿Cómo está el día? ¿Muchos pacientes? ¿Pocos? ¿Alguien se escapó otra vez? — Preguntó Sigrid con aquella honestidad y torpeza que la caracteriza.
 
—No bromee doctora—suspiró la mujer —Hoy estamos llenos, demasiado llenos para el gusto de cualquiera de nosotras. — La sonrisa de Sigrid no desapareció, pero se volvió un poco más suave.
 
—Entonces es un buen día para trabajar duro —dijo —Vamos, dime dónde soy más útil. —Durante las primeras horas, la rutina fue casi tranquila. Sigrid ayudó a mover pacientes pesados, estabilizó fracturas complicadas, asistió en curaciones profundas donde sus manos grandes y firmes resultaban sorprendentemente precisas. Su buen oído le permitía captar cambios en la respiración de los pacientes incluso antes de que los monitores lo marcaran, y más de una vez alertó a tiempo de un paro inminente.
 
—Respira, eso es, tranquilo —decía con voz grave pero cálida, inclinándose sobre una camilla demasiado pequeña para ella. Algunos pacientes se sentían intimidados al principio, otros, curiosamente, se tranquilizaban. Había algo en Sigrid que transmitía seguridad, una certeza silenciosa de que, mientras ella estuviera allí, nadie sería abandonado, ese es su tipo de justicia.
 
Pero para ser completamente honestos, el verdadero problema comenzó pasada la mitad del día. Un estruendo seco, seguido de un temblor leve, sacudió el edificio, incluso los vidrios vibraron y como era de esperarse en situaciones así, los gritos no tardaron en llegar. —¡Explosión en el muelle sur! —gritó alguien desde la entrada — ¡Están trayendo heridos! — Uno de los camilleros había gritado eso hacia adentro, al menos había que agradecerle por pasar la información, pero aun así era claro que pacientes llegarían en estampida.
 
Sigrid se irguió de inmediato y no pudo evitar reirse —VIKYKYKYKY —rió por reflejo, una risa corta, nerviosa, excitada —Bien. Muy bien. — Mariel la miró, pálida, sorprendida, asustada incluso, ¿Cómo alguien podía tener tanta energía tras unas horas tan ajetreadas?  —¿Eso fue una risa? — Preguntó la enfermera nerviosa, esperando la cantidad de personas que llegarían.
 
—¡Es mi risa de ¨esto se va a poner intenso¨! —respondió Sigrid mientras ajustaba mejor su uniforme —Tranquila, Mariel. Vamos a necesitar todas las manos disponibles. — Las camillas comenzaron a llegar en oleadas. Marineros civiles, cargadores, comerciantes, incluso uno o dos piratas esposados, pero gravemente heridos. Sangre, quemaduras, amputaciones parciales. El hospital, ya saturado y como era claro, empezó a colapsar. Sigrid aun así se movía como una muralla viva, levantaba camillas sola para alivianar el trabajo de los camilleros, sostenía puertas caídas para que los guardias descansaran, presionaba arterias con fuerza quirúrgica, su honestidad brutal se manifestaba incluso en ese caos.
 
—Esto va a doler —le dijo a un hombre con una pierna destrozada —Pero si gritas, grita fuerte, eso significa que sigues vivo. — El hombre gritó y claro que Sigrid sonrió con aprobación, sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que algo no cuadrara, su oído captó un sonido distinto entre los lamentos y órdenes médicas: un ritmo irregular, metálico, demasiado constante para ser accidental, unos cuantos pasos coordinados.
 
—Mariel —dijo Sigrid en voz baja —¿La Marina cerró el perímetro?— Preguntó esta vez caminando junto a Mariel a la recepción donde se encontraban las enfermeras, esa misma que daba justo a la puerta de Emergencias, porque claro, sus oídos no metían. —Se supone que sí. —  No terminó la frase cuando la entrada de urgencias fue violentamente abierta.
 
Tres hombres armados, vestidos de civiles, pero con armas cortas visibles, irrumpieron en el hospital. —¡Nadie se mueva! —gritó uno —Venimos por un paciente específico. — El ambiente se congeló y Sigrid se irguió lentamente mientras su sombra cubría medio pasillo. —Disculpe jovencito—dijo con una sonrisa educada —Este es un hospital. Aquí no se grita. — Uno de los hombres levantó el arma, apuntándole al pecho, pero Sigrid miedo, lo que se diga miedo no sintió en absoluto.
 
—¿Y tú quién demonios eres? — Preguntó el primer hombre, ese mismo que había entrado gritando como un simple loco.
 
—Soy Sigrid Birkisson —respondió sin mentir, como siempre —Soy Marine, soy médica y ahora mismo—dio un paso al frente y el suelo tembló — la persona más grande entre usted y una muy mala decisión. — Los hombres dudaron detrás del primero parecían haber dudado, pero el líder apretó los dientes, quizás se había enojado, pero poco podía hacer.
 
—No venimos a pelear. — Respondió uno de los que estaba atrás, con claro miedo, a fin de cuentas nadie quiere enfrentarse a una persona de cinco metros. —Qué pena —respondió Sigrid, y su sonrisa se volvió peligrosa —Porque yo no puedo rechazar un desafío y tampoco puedo permitir que un paciente mío salga de este hospital hasta que yo trate. — El disparo llegó a efectuarse y Sigrid se movió semasiado rápido para su tamaño, aunque no lo suficiente para evitarlo del todo, su reacción inicial fue torpe, un segunda tarde y la bala rozó su hombro, desgarrando la tela blanca y dejando una línea roja, pero eso fue todo lo que consiguieron hacerle a la marine.
 
Sigrid dio un puñetazo al suelo y el impacto contra el suelo hizo volar a los tres hombres como muñecos, no los remató, no los mató, los dejó inconscientes con un golpe que ni siquiera fue directo a sus cuerpos, dejando en evidencia lo débil que son aquellos que usan armas de fuego. Miró a todo el mundo a su alrededor y se acercó de nuevo a la estación de enfermeras. —Bien. Ahora sigamos trabajando. — La herida de su hombro sangraba, pero la ignoró. Había pacientes en estado crítico, uno de ellos, de hecho, el que los atacantes buscaban, estaba entrando en shock hemorrágico.
 
Sigrid se arrodilló junto a la camilla, ignorando el dolor. —Escúchame —le dijo al hombre, tomándole la mano —No te mueras todavía. Tengo que regañarte después por esos visitantes tuyos. — El pulso era débil, muy débil en realidad.  Trabajó con precisión absoluta, suturas, presión, transfusión improvisada y cuando finalmente el monitor estabilizó, Sigrid exhaló lentamente.
 
Entonces, sus piernas fallaron, cayó sentada contra la pared. —VIKYKYKYKY —rió entre jadeos —Ah, eso fue intenso. — Mariel corrió hacia ella preocupada, pero incluso Mariel debería estar totalmente cansada, si Sigrid ya tenia 18 horas seguidas de haber entrado al hospital, Mariel debía tener más, porque ya estaba en el hospital a la hora de su llegada.  —¡Sigrid! ¡Estás herida! — Sus palabras sinceras y preocupadas entraron suavemente por los oídos de Sigrid.
 
—Sí —admitió la vikinga pero sin ánimo de tratarse a si misma —Pero nada que no pueda arreglar después. ¿Los pacientes? — Respondió dejando claro que la prioridad actúal era tratar de estabilizar a todos los pacientes, los que estaban desde antes y los que seguían y seguirían llegando.
 
—Estables, gracias a ti. —  Sigrid cerró los ojos un segundo, solo uno, la vikinga tenia tanta determinación que le permitió mantenerse consciente, sonriendo, incluso cuando el cansancio y la sangre perdida exigían lo contrario. —Entonces valió la pena, cada valioso segundo del día. — Porque para Sigrid, ser grande no era solo cuestión de tamaño, era cuestión de responsabilidad, le habían enseñado que el grande, el fuerte, el poderoso debe proteger y cuidar al débil, al que no puede protegerse a sí mismo.

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[Autonarrada T1] Manos grandes, corazón firme - por Sigrid Birkisson - 13-12-2025, 06:50 PM

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