15-12-2025, 01:55 AM
¿Cuánto tiempo habían estado golpeándolo? Eso fue lo que se preguntó en cuanto el contrario se quitó el abrigo oscuro que llevaba puesto y dejó al descubierto su camisa. Antes era blanca, o eso supuso, pues poco de ese color quedaba bajo las manchas rojas y oscuras que la teñían. Podía notar de donde brotaba la sangre, los puntos más oscuros de la “pintura”, necesitaba tratamiento y aún así decía estar bien. - No te hará mal que te vean, solo por si acaso -. Que hipocrita de su parte, si fuera él quien estuviera sangrando no querría ayuda.
Eros Focalor, un tripulante de los Cabaret, compañero de Gwendolyn. - Es un gusto, pese a las… -. Miró al pobre animal en brazos del otro hombre, con algo de enojo dentro de su ser. - Circunstancias… -. La palabra había quedado en el aire un momento, antes de que el mismo cocinero comenzara a caminar para guiarlo hacia Hyakinthos. - Soy Uker, Rackham Uker. Soy el capitán de Owen, espero que no les cause muchos problemas -. Pues el muchacho había aprovechado la estancia de todas las tripulaciones que subieron al Grand Line para pasar un tiempo con su pareja, algo que el muchacho de ojos azules permitió sin dudarlo.
No era su padre, a fin de cuentas, no tenía que pedirle permiso.
Su andar fue entre lento y apresurado, no queriendo exigirle más al tipo machacado pero sí manteniendo una velocidad suficiente para llegar rápido con el médico. La vida del animal era lo que más le preocupaba, como siempre. - No falta mucho, en poco tiempo llegaremos con mi conocido y… -. Se detuvo, su brazo derecho se movió e impidió que el hombre pudiera dar otro paso más.
Su visión no le mentía, un gran grupo de personas avanzaba por la calle frente a ellos, en su dirección. Casi a la cabeza, y al parecer gritando (aunque Uker no pudo oírlo por la distancia y todo el caos que generaban todas las pisadas) uno de los hombres que había dejado escapar. Solo uno, pues aquel que terminó con la mano rota no aparecía en el panorama. ¿Cuántos hombres había ahí? Los suficientes para no poder contarlos, pues los de más adelante tapaban casi al completo a los demás. Tal vez ahí habían 100 personas, tal vez más, lo único que se preguntaba el pirata es el cómo habían conseguido a tanta gente.
Luego lo recordó, eran piratas, sus recompensas debían parecerles jugosas.
- Protege al animal, te abriré un camino -. Dijo al ver el panorama, mientras sacaba su espada y la horda de cazadores se acercaba. Pese a su aparente calma, los nervios se apoderaron de él. Si se metía en ese problema, ¿Cómo podría salir? Aún así, correr no parecía una opción, y menos teniendo en cuenta el estado en el que se encontraba el miembro de los Cabaret.
Dio un último suspiro, antes de que su cuerpo saliera disparado en dirección al conjunto de hombres. Solo tuvo que recorrer 10 metros para alcanzar la primera fila, los cuales no tardaron en lanzar botellas y piedras. Algunas pudo repelerla, otras no, pero eso no detuvo su cuerpo, con un movimiento de su espada alcanzó las piernas de 3 personas, dejándolos sin mucha movilidad, para ahora pasar al siguiente grupo. Fue así, poco a poco, derrotando a sus enemigos de 3 en 3 o de 4 en 4. Su habilidad con el arma que portaba lo hacía una amenaza, los cazadores o estaban borrachos o los habían despertado de su sueño solo para esto, sus cuerpos no estaban listos para en enfrentamiento así.
De todas formas, no los mató. Los incapacitó o dejó inconscientes, pero matar sin necesidad no estaba en sus planes.
En uno de sus ataques, rebanó 3 dedos de la mano de uno de ellos, que sostenía con esta una botella rota con la que quería cortarle el rostro. Parecía ser uno más experimentado, pues no tardó en tomar el arma improvisada con la otra mano, de revés, y volver a atacarlo. El filo del vidrio se acercó peligrosamente a su ojo, pero un movimiento de cabeza y un golpe con el pomo de la espada en el brazo fue suficiente para que el ataque cortara debajo de este. La sangre brotó por la abertura, que se extendía desde la punta de su ojo izquierdo hacia su patilla, pero nada le imposibilitaba pelear.
Tuvo que retroceder. Le faltaba el aire, su cuerpo temblaba y le dolía por la cantidad de golpes y cortes que recibió, poco a poco se quedaba sin energías y estos tipos no parecían acabarse nunca. Estaba seguro de que había matado a más de 30, tal vez 40 o un poco más, ¿Cuántos habían venido a por ellos? Tampoco valían tanto como para que valiera la pena cazarlos entre tantos.
A este paso, iba a quedarse sin energías para correr también. Las opciones se agotaban, tan rápido como él.
Eros Focalor, un tripulante de los Cabaret, compañero de Gwendolyn. - Es un gusto, pese a las… -. Miró al pobre animal en brazos del otro hombre, con algo de enojo dentro de su ser. - Circunstancias… -. La palabra había quedado en el aire un momento, antes de que el mismo cocinero comenzara a caminar para guiarlo hacia Hyakinthos. - Soy Uker, Rackham Uker. Soy el capitán de Owen, espero que no les cause muchos problemas -. Pues el muchacho había aprovechado la estancia de todas las tripulaciones que subieron al Grand Line para pasar un tiempo con su pareja, algo que el muchacho de ojos azules permitió sin dudarlo.
No era su padre, a fin de cuentas, no tenía que pedirle permiso.
Su andar fue entre lento y apresurado, no queriendo exigirle más al tipo machacado pero sí manteniendo una velocidad suficiente para llegar rápido con el médico. La vida del animal era lo que más le preocupaba, como siempre. - No falta mucho, en poco tiempo llegaremos con mi conocido y… -. Se detuvo, su brazo derecho se movió e impidió que el hombre pudiera dar otro paso más.
Su visión no le mentía, un gran grupo de personas avanzaba por la calle frente a ellos, en su dirección. Casi a la cabeza, y al parecer gritando (aunque Uker no pudo oírlo por la distancia y todo el caos que generaban todas las pisadas) uno de los hombres que había dejado escapar. Solo uno, pues aquel que terminó con la mano rota no aparecía en el panorama. ¿Cuántos hombres había ahí? Los suficientes para no poder contarlos, pues los de más adelante tapaban casi al completo a los demás. Tal vez ahí habían 100 personas, tal vez más, lo único que se preguntaba el pirata es el cómo habían conseguido a tanta gente.
Luego lo recordó, eran piratas, sus recompensas debían parecerles jugosas.
- Protege al animal, te abriré un camino -. Dijo al ver el panorama, mientras sacaba su espada y la horda de cazadores se acercaba. Pese a su aparente calma, los nervios se apoderaron de él. Si se metía en ese problema, ¿Cómo podría salir? Aún así, correr no parecía una opción, y menos teniendo en cuenta el estado en el que se encontraba el miembro de los Cabaret.
Dio un último suspiro, antes de que su cuerpo saliera disparado en dirección al conjunto de hombres. Solo tuvo que recorrer 10 metros para alcanzar la primera fila, los cuales no tardaron en lanzar botellas y piedras. Algunas pudo repelerla, otras no, pero eso no detuvo su cuerpo, con un movimiento de su espada alcanzó las piernas de 3 personas, dejándolos sin mucha movilidad, para ahora pasar al siguiente grupo. Fue así, poco a poco, derrotando a sus enemigos de 3 en 3 o de 4 en 4. Su habilidad con el arma que portaba lo hacía una amenaza, los cazadores o estaban borrachos o los habían despertado de su sueño solo para esto, sus cuerpos no estaban listos para en enfrentamiento así.
De todas formas, no los mató. Los incapacitó o dejó inconscientes, pero matar sin necesidad no estaba en sus planes.
En uno de sus ataques, rebanó 3 dedos de la mano de uno de ellos, que sostenía con esta una botella rota con la que quería cortarle el rostro. Parecía ser uno más experimentado, pues no tardó en tomar el arma improvisada con la otra mano, de revés, y volver a atacarlo. El filo del vidrio se acercó peligrosamente a su ojo, pero un movimiento de cabeza y un golpe con el pomo de la espada en el brazo fue suficiente para que el ataque cortara debajo de este. La sangre brotó por la abertura, que se extendía desde la punta de su ojo izquierdo hacia su patilla, pero nada le imposibilitaba pelear.
Tuvo que retroceder. Le faltaba el aire, su cuerpo temblaba y le dolía por la cantidad de golpes y cortes que recibió, poco a poco se quedaba sin energías y estos tipos no parecían acabarse nunca. Estaba seguro de que había matado a más de 30, tal vez 40 o un poco más, ¿Cuántos habían venido a por ellos? Tampoco valían tanto como para que valiera la pena cazarlos entre tantos.
![[Imagen: JLZArQA.jpeg]](https://i.imgur.com/JLZArQA.jpeg)
- Malditos, ¿no piensan rendirse? -
A este paso, iba a quedarse sin energías para correr también. Las opciones se agotaban, tan rápido como él.
Todo por el perrito
