15-12-2025, 06:17 AM
Unos días de trabajo por una paga que no había visto nunca en su vida. En sus 19 años de vida nunca había visto tantos ceros juntos, ni siquiera cuando le pagaban a su padre, o cuando su maestro y la tripulación hacían conteo de sus tesoros. Tampoco eran muchas horas, pero iba a ser exigente, eso lo tenía claro. La oferta era tentadora, demasiado tentadora.
Al menos lo suficiente para que, tras unos segundos de meditarlo, aceptara el trabajo que parecía caerle del cielo.
Fácilmente podría ser así, pues sus jefes temporales eran una familia rica, muy, muy rica, de comerciantes. Se trataba de… siempre se le olvidaba como se llamaban esas personas, las había visto poco y en su isla natal nunca vio pasar ninguno. Alas negras como la noche, cabello color ceniza, tez morena, una altura que para otras personas sería envidiable. Lunarians, lo recordó, asegurándose de no olvidarlo, al menos durante el tiempo que trabajara para ellos.
Llegó temprano al lugar asignado, un punto de la isla en el que no había estado jamás. Tampoco es que pasara mucho por la zona norte de la isla, apenas salía de su humilde casa en la zona sur, incluso tuvo que pedir unos días libres de su otro trabajo. La paga, la paga valía la pena, podía vivir con tranquilidad por 2 años si le pagaban esa cantidad y si, por algún casual, su buen comportamiento hacía que le pagaran más…
Sus ojos casi podía verse con formas de berri, aunque nunca haya sido una persona a la que le importe el dinero.
La tarea era simple, lo suficiente para que se quisiera encargar por sí mismo de revisar con lo que tenía que trabajar. La gente llegaría esa noche, la comida de esa noche era lo importante, pero también debía pensar en algo para el almuerzo. No tuvo que pensar, las indicaciones no tardaron en llegar, con los deseos de sus jefes sobre lo que querían ver en la mesa. Al menos eso le ahorraba matarse pensando. Abrió una caja, con cubierto y utensilios, descubriendo que tenían un tamaño mayor al que deberían. Bueno, en verdad, tenían el tamaño perfecto, sabiendo que las personas dueñas del lugar medían el doble que él. Tendría que adaptarse, pues no había traído cosas de su tamaño.
Ahora que lo pensaba, la comida también debería ser de mayor volumen. Ahora cobraba sentido el porque había más ingredientes de lo necesario.
Comenzó con su trabajo al poco tiempo, pues para eso estaba ahí. Comenzó limpiando los ingredientes, las herramientas de trabajo también, para luego pasarse a una mesa de la cocina. Estaba solo, los demás trabajadores lo dejaban funcionar a su gusto, sin interponerse, por lo que el sonido de su cuchillo chocando una y otra vez contra la tabla de madera resonaba en la habitación.
Lechuga, espinaca, habían quedado vueltas pequeños trozos en un recipiente a su lado, y ahora se encargaba de cortar zanahorias, colocándola en otro recipiente. Más o menos por la 5, alguien más se acercó a la cocina, no logró que la cabeza del joven de 19 años se moviera, pero observó a la recién llegada con la mirada. - Buenos días, señorita, si es que se me permite llamarla así -. Su maestro le había enseñado a actuar frente a las personas importantes, incluso si no era de su agrado. - Así es, no se equivoca, yo me encargaré de cocinar para ustedes estos días -. Esperaba causar una buena impresión en la chica, no quería generar problemas nada más llegar.
No hubo un saludo de vuelta, solo una advertencia. Uker sonrió, sin cortar su tarea en ningún momento. - Gracias por el aviso, señorita, pero estoy consciente de eso -. Su mano manejaba sin problemas el cuchillo que a leguas se notaba que era mucho más grande para él de lo que debería.
No hubo miradas de superioridad, no fue una burla escondida, fue simplemente la seguridad de quien sabe lo que vale y lo que puede hacer. - Así que espero impresionarla tanto como a los demás comensales -.
Ahora una invitación, una que debía aceptar según las palabras de su maestro, pero que debía rechazar. - Es un halago que quiera mostrarme el lugar, sin embargo, ¿Esa invitación podría esperar hasta que termine de preparar el almuerzo? -. Al fin y al cabo, lo habían contratado para cocinar, no podía simplemente ignorar ese hecho. - Al terminar, estaré encantado de que me lleve al viñedo. Y no se preocupe, yo puedo ayudarla a volver si lo necesita -.
Levantó la mirada por primera vez, intentando sonreírle a quien ahora lo acompañaba en la solitaria cocina. En ese momento la vio. Era hermosa, como ninguna mujer que haya visto, su ropa le quedaba a la perfección, claramente hecha especialmente para ella, su cabello lacio blanco bajaba hasta su cintura y sus ojos del color del cielo que lo observaban con cierta picardía.
Tuvo que aclarar su garganta y ocultar el sonrojo en su rostro antes de responder la siguiente pregunta de la lunarian. - Pues… es… ejem… -. No se lo estaba dejando fácil. - Su padre pidió que de almuerzo les preparara un curry de verduras y gambas, así que me estoy encargando de eso -. Apuntó a los ingredientes ya cortados y los que aún debían prepararse, como si la contraria fuera a entender eso con solo mirarlos. - Aún así, esa fue la petición de su padre. ¿Hay algo que usted gustaría degustar? -. Le interesaba saberlo, sobre todo si es que el platillo elegido no era de su agrado y prefería otra cosa. - Puedo preparar casi cualquier cosa, y si no conozco la receta puedo intentar copiarla sin problemas, solo con su descripción del platillo -. Dicho así, parecía un reto que le estaba imponiendo, aunque solo era su sello como cocinero.
Pese a su edad, su maestría en ese oficio era increíble.
- Su padre ya había desayunado en cuanto llegué, así que no pude hablar con él, pero preparé algo por si tenían calor en este día de verano -. Al decir esto, se acercó a un refrigerador, abriéndolo y observando el interior un momento. No tardó en sacar de ahí lo que buscaba: una jarra de cristal con un líquido rojizo, en el cual flotaban varios hielos. La jarra, como todo lo demás, le quedaba gigante. - Jugo de fresa, preparado por mi, obviamente -. No tardó en servirlo en un vaso y dejar este mismo sobre la mesada, frente a donde él se encontraba trabajando, ofreciéndolo a la mujer. - Para usted. No dude en comentar si algo no es de su agrado -.
Tras eso, volvió a trabajar, tan concentrado como cuando la dueña del lugar llegó a la habitación.
Al menos lo suficiente para que, tras unos segundos de meditarlo, aceptara el trabajo que parecía caerle del cielo.
Fácilmente podría ser así, pues sus jefes temporales eran una familia rica, muy, muy rica, de comerciantes. Se trataba de… siempre se le olvidaba como se llamaban esas personas, las había visto poco y en su isla natal nunca vio pasar ninguno. Alas negras como la noche, cabello color ceniza, tez morena, una altura que para otras personas sería envidiable. Lunarians, lo recordó, asegurándose de no olvidarlo, al menos durante el tiempo que trabajara para ellos.
Llegó temprano al lugar asignado, un punto de la isla en el que no había estado jamás. Tampoco es que pasara mucho por la zona norte de la isla, apenas salía de su humilde casa en la zona sur, incluso tuvo que pedir unos días libres de su otro trabajo. La paga, la paga valía la pena, podía vivir con tranquilidad por 2 años si le pagaban esa cantidad y si, por algún casual, su buen comportamiento hacía que le pagaran más…
Sus ojos casi podía verse con formas de berri, aunque nunca haya sido una persona a la que le importe el dinero.
La tarea era simple, lo suficiente para que se quisiera encargar por sí mismo de revisar con lo que tenía que trabajar. La gente llegaría esa noche, la comida de esa noche era lo importante, pero también debía pensar en algo para el almuerzo. No tuvo que pensar, las indicaciones no tardaron en llegar, con los deseos de sus jefes sobre lo que querían ver en la mesa. Al menos eso le ahorraba matarse pensando. Abrió una caja, con cubierto y utensilios, descubriendo que tenían un tamaño mayor al que deberían. Bueno, en verdad, tenían el tamaño perfecto, sabiendo que las personas dueñas del lugar medían el doble que él. Tendría que adaptarse, pues no había traído cosas de su tamaño.
Ahora que lo pensaba, la comida también debería ser de mayor volumen. Ahora cobraba sentido el porque había más ingredientes de lo necesario.
Comenzó con su trabajo al poco tiempo, pues para eso estaba ahí. Comenzó limpiando los ingredientes, las herramientas de trabajo también, para luego pasarse a una mesa de la cocina. Estaba solo, los demás trabajadores lo dejaban funcionar a su gusto, sin interponerse, por lo que el sonido de su cuchillo chocando una y otra vez contra la tabla de madera resonaba en la habitación.
Lechuga, espinaca, habían quedado vueltas pequeños trozos en un recipiente a su lado, y ahora se encargaba de cortar zanahorias, colocándola en otro recipiente. Más o menos por la 5, alguien más se acercó a la cocina, no logró que la cabeza del joven de 19 años se moviera, pero observó a la recién llegada con la mirada. - Buenos días, señorita, si es que se me permite llamarla así -. Su maestro le había enseñado a actuar frente a las personas importantes, incluso si no era de su agrado. - Así es, no se equivoca, yo me encargaré de cocinar para ustedes estos días -. Esperaba causar una buena impresión en la chica, no quería generar problemas nada más llegar.
No hubo un saludo de vuelta, solo una advertencia. Uker sonrió, sin cortar su tarea en ningún momento. - Gracias por el aviso, señorita, pero estoy consciente de eso -. Su mano manejaba sin problemas el cuchillo que a leguas se notaba que era mucho más grande para él de lo que debería.
![[Imagen: 1Uc7rPM.jpeg]](https://i.imgur.com/1Uc7rPM.jpeg)
- Si no quisieran algo perfecto, no me habrían contratado -
No hubo miradas de superioridad, no fue una burla escondida, fue simplemente la seguridad de quien sabe lo que vale y lo que puede hacer. - Así que espero impresionarla tanto como a los demás comensales -.
Ahora una invitación, una que debía aceptar según las palabras de su maestro, pero que debía rechazar. - Es un halago que quiera mostrarme el lugar, sin embargo, ¿Esa invitación podría esperar hasta que termine de preparar el almuerzo? -. Al fin y al cabo, lo habían contratado para cocinar, no podía simplemente ignorar ese hecho. - Al terminar, estaré encantado de que me lleve al viñedo. Y no se preocupe, yo puedo ayudarla a volver si lo necesita -.
Levantó la mirada por primera vez, intentando sonreírle a quien ahora lo acompañaba en la solitaria cocina. En ese momento la vio. Era hermosa, como ninguna mujer que haya visto, su ropa le quedaba a la perfección, claramente hecha especialmente para ella, su cabello lacio blanco bajaba hasta su cintura y sus ojos del color del cielo que lo observaban con cierta picardía.
Tuvo que aclarar su garganta y ocultar el sonrojo en su rostro antes de responder la siguiente pregunta de la lunarian. - Pues… es… ejem… -. No se lo estaba dejando fácil. - Su padre pidió que de almuerzo les preparara un curry de verduras y gambas, así que me estoy encargando de eso -. Apuntó a los ingredientes ya cortados y los que aún debían prepararse, como si la contraria fuera a entender eso con solo mirarlos. - Aún así, esa fue la petición de su padre. ¿Hay algo que usted gustaría degustar? -. Le interesaba saberlo, sobre todo si es que el platillo elegido no era de su agrado y prefería otra cosa. - Puedo preparar casi cualquier cosa, y si no conozco la receta puedo intentar copiarla sin problemas, solo con su descripción del platillo -. Dicho así, parecía un reto que le estaba imponiendo, aunque solo era su sello como cocinero.
Pese a su edad, su maestría en ese oficio era increíble.
- Su padre ya había desayunado en cuanto llegué, así que no pude hablar con él, pero preparé algo por si tenían calor en este día de verano -. Al decir esto, se acercó a un refrigerador, abriéndolo y observando el interior un momento. No tardó en sacar de ahí lo que buscaba: una jarra de cristal con un líquido rojizo, en el cual flotaban varios hielos. La jarra, como todo lo demás, le quedaba gigante. - Jugo de fresa, preparado por mi, obviamente -. No tardó en servirlo en un vaso y dejar este mismo sobre la mesada, frente a donde él se encontraba trabajando, ofreciéndolo a la mujer. - Para usted. No dude en comentar si algo no es de su agrado -.
Tras eso, volvió a trabajar, tan concentrado como cuando la dueña del lugar llegó a la habitación.
