[FIC PASADO] Forjando en la Caña
#1
South Blue | Reino de Samba | Campos de Caña de azucar
Día 16 de otoño, año 16 

MacLarey no dijo nada durante largos segundos. Sus ojos recorrían cada detalle de mi figura, no con miedo ni desprecio, sino con esa frialdad práctica de quien ha pasado la vida midiendo materiales antes de golpearlos. Finalmente dejó el martillo sobre el yunque y se limpió las manos en un trapo ennegrecido, avanzando hasta quedar frente a mí. Era bajo para mi estándar, pero ancho, sólido, un hombre anclado a la tierra. —Si trabajaste en una forja —dijo por fin— sabrás que el hierro no perdona errores. Aquí no necesito historias bonitas ni músculos grandes, necesito manos que sepan obedecer al metal. —Asentí sin discutir, porque tenía razón, el hierro no escucha excusas, nunca lo ha hecho. Extendí mis manos escamosas frente a él, mostrando cicatrices viejas, quemaduras mal cerradas, marcas de una vida entera trabajando entre fuego y acero. No tuve que decir nada más, el silencio habló por mí, y MacLarey lo entendió.

—Bien —gruñó, girándose de nuevo hacia su yunque —Empiezas hoy. Si sobrevives a la jornada, hablamos mañana. —Eso fue todo, no hubo bienvenida ni advertencias adicionales, la mujer me dedicó una sonrisa satisfecha, como si hubiera ganado una apuesta invisible, y me dejó allí, solo frente al fuego. El calor me recordó al hogar que ya no existía, a las risas apagadas, a las manos pequeñas que solían observarme trabajar desde un rincón seguro. Apreté los dientes y me concentré, no vine aquí a recordar, vine a seguir adelante.

Las horas pasaron pesadas pero extrañamente familiares. El sonido del martillo contra el metal marcaba el ritmo de mi respiración, y cada golpe era una descarga que sacaba un poco del veneno acumulado en mi pecho. Trabajé sin hablar, siguiendo las indicaciones cortas de MacLarey, aprendiendo los caprichos de su forja, adaptándome a herramientas humanas que parecían demasiado frágiles para mis manos. Aun así, no rompí nada, no me apresuré. El metal se dobló cuando debía, resistió cuando era necesario. Al caer la tarde, mis brazos ardían y mis escamas estaban cubiertas de hollín, pero había algo distinto en mí, estaba cansado de verdad, no vacío.

Cuando salí al exterior, el cielo ya comenzaba a teñirse de naranja. Los campos de caña se mecían lentamente, y el pueblo parecía más tranquilo, más pequeño. Algunos niños me miraron desde lejos, curiosos, sin acercarse demasiado. No los culpo. Yo tampoco sabía cómo acercarme a ellos sin sentir que el peso de mis errores me aplastara. Caminé sin rumbo fijo, siguiendo un sendero que bordeaba los campos, hasta que el olor del azúcar fresco mezclado con tierra húmeda me recordó que no había comido en todo el día. Fue entonces cuando escuché pasos detrás de mí.

—¡Eh, grandote! —era la misma mujer de antes, cargando una bolsa de tela —Pensé que te habrías ido ya. —Negué con la cabeza. —MacLarey no me echó. —Ella sonrió como si fuera la noticia más obvia del mundo, me tendió la bolsa y dentro había pan, fruta y algo de carne seca, pero dudé un segundo antes de tomarla. —No es caridad —dijo rápidamente—Es bienvenida. — y no me quedó de otra que aceptar, no dije gracias, porque no me salía, pero creo que lo entendió igual.

Nos sentamos en un tronco caído al borde del campo. Ella hablaba sin parar, contándome cosas pequeñas del pueblo, de quién era quién, de los rumores que corrían como ratones entre las casas. Yo escuchaba en silencio, asintiendo de vez en cuando, yo no necesitaba decir mucho, por primera vez en mucho tiempo, no me sentía completamente fuera de lugar y finalmente cuando el sol terminó de caer, me levanté. —Debo volver a la costa —dije —No puedo dormir entre paredes. —Ella no preguntó por qué, simplemente asintió y para mi eso era un gesto admirable. 

Regresé al mar con el cuerpo agotado y la mente un poco más ligera. Krakatua emergió cuando me acerqué al agua, rozando mi pierna con cuidado. Me senté en la roca de siempre y comí despacio, mirando el reflejo de la luna romperse sobre las olas. Pensé en Sara. Siempre pienso en ella. Pensé en el casino, en la mansión Voldimore, en la promesa que me hice a mí mismo de no detenerme hasta encontrarla. Pero esa noche, por primera vez, esos pensamientos no me ahogaron. Se quedaron ahí, esperando. Mañana volvería a la forja. Mañana seguiría reuniendo fuerzas, información, paciencia. No estaba listo para enfrentar ese infierno todavía, pero tampoco estaba huyendo. Estaba preparándome.

Y mientras el mar susurraba historias antiguas que ya no me pertenecen, entendí algo simple y terrible: seguir viviendo no es olvidar, es cargar con todo y aun así dar un paso más. Aunque duela. Aunque el mundo siga siendo cruel. Aunque la injusticia nade libre como un depredador. Yo seguiría avanzando. Por ella. Por mí. Por pura terquedad, si hacía falta.
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[FIC PASADO] Forjando en la Caña - por Tensui Marlin - 15-12-2025, 03:43 PM

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