27-10-2023, 07:32 PM
Tras un tiempo en alta mar, por fin avistamos tierra firme. Yamamura nos lo había hecho saber a gritos, pero las gaviotas de los alrededores ya indicaban que pronto íbamos a poder desembarcar y dejar de pisar un suelo tamboleante. Mientras Aspros manejaba el timón al aproximarnos, los demás fuimos plegando las velas y echando el ancla para dejar el barco en una zona algo apartada la isla, tras una gran formación rocosa. No sabíamos si habría puertos en la isla, en esa zona no se veía ninguno. De esta forma, no llamaríamos demasiado la atención ni alertaríamos a nadie con nuestra bandera y podríamos recordar con facilidad el lugar en el que habíamos dejado el barco. No parecía haber más rocas parecidas en los alrededores.
Nada más extender la pasarela descendí por ella y miré el panorama. El terreno era ligeramente rocoso y casi desértico. No parecía haber nada en varios kilómetros a la redonda. Apenas había vegetación, tan solo tierra yerma y montañas. El panorama era desalentador. Una planta rodadora pasó por delante de mí impulsada por el viento, que comenzaba a levantarse cada vez con más fuerza, haciendo también que algo de tierra se elevase del suelo y me entrase en los ojos. Mis deseos de pasear por una gran y espectacular ciudad se habían esfumado por completo. Suspiré con fuerza, me rasqué los ojos con la muñeca y saqué un puro. Ya me quedan pocos. Afortunadamente, no sentía la necesidad de fumar constantemente, pero era uno de los pocos placeres que me quedaban. Ya no tenía revistas para conocer los nuevos cotilleos, no me quedaban productos de higiene ni de belleza, no podía jugar a juegos de azar y la única mujer a mi alrededor era Jolyne, para nada mi estilo. Lo que daría por un lugar en el que poder disfrutar de todo ello y este no parecía ese lugar que se me antojaba paradisíaco, un sueño.
Encendí el puro y me giré para mirar a los demás. Llevábamos poco tiempo juntos, pero ya podía imaginar cómo se iba a tomar cada uno de ellos nuestro paso por esta aburrida isla. No había caminos definidos ni rastro de personas, o al menos yo no los veía. Tampoco era una entendida en el tema y habíamos dejado el barco en un lugar apartado, no podíamos esperar demasiado. Inhalé una bocanada y exhalé para esperar a que saliesen. —Oye, Yamamura. ¿Por qué no subes volando y echas un vistazo desde arriba? —le sugerí para ahorrarnos tiempo y camino. No me apetecía nada ponerme a andar por un terreno tan sucio y sudar a lo tonto. Si teníamos un rumbo fijo y la seguridad de que llegaríamos a algún lado los ánimos subirían considerablemente. No me importaba invertir energías siempre que supiera que darían un buen resultado.
Nada más extender la pasarela descendí por ella y miré el panorama. El terreno era ligeramente rocoso y casi desértico. No parecía haber nada en varios kilómetros a la redonda. Apenas había vegetación, tan solo tierra yerma y montañas. El panorama era desalentador. Una planta rodadora pasó por delante de mí impulsada por el viento, que comenzaba a levantarse cada vez con más fuerza, haciendo también que algo de tierra se elevase del suelo y me entrase en los ojos. Mis deseos de pasear por una gran y espectacular ciudad se habían esfumado por completo. Suspiré con fuerza, me rasqué los ojos con la muñeca y saqué un puro. Ya me quedan pocos. Afortunadamente, no sentía la necesidad de fumar constantemente, pero era uno de los pocos placeres que me quedaban. Ya no tenía revistas para conocer los nuevos cotilleos, no me quedaban productos de higiene ni de belleza, no podía jugar a juegos de azar y la única mujer a mi alrededor era Jolyne, para nada mi estilo. Lo que daría por un lugar en el que poder disfrutar de todo ello y este no parecía ese lugar que se me antojaba paradisíaco, un sueño.
Encendí el puro y me giré para mirar a los demás. Llevábamos poco tiempo juntos, pero ya podía imaginar cómo se iba a tomar cada uno de ellos nuestro paso por esta aburrida isla. No había caminos definidos ni rastro de personas, o al menos yo no los veía. Tampoco era una entendida en el tema y habíamos dejado el barco en un lugar apartado, no podíamos esperar demasiado. Inhalé una bocanada y exhalé para esperar a que saliesen. —Oye, Yamamura. ¿Por qué no subes volando y echas un vistazo desde arriba? —le sugerí para ahorrarnos tiempo y camino. No me apetecía nada ponerme a andar por un terreno tan sucio y sudar a lo tonto. Si teníamos un rumbo fijo y la seguridad de que llegaríamos a algún lado los ánimos subirían considerablemente. No me importaba invertir energías siempre que supiera que darían un buen resultado.
![[Imagen: 8Rsjucn.png]](https://imgur.com/8Rsjucn.png)
