15-12-2025, 08:08 PM
El avance podría seguir normal, pero si algo sabemos de esta isla, y de la vida pirata en general, es que nada es normal. Cuando crees que la paz finalmente llega a tu vida, esta se esfuma fugazmente y solo te deja rastros de ilusión que poco a poco desaparecen por completo.
Todo inicia con esos pequeños temblores producidos por pisadas, aunque en primera instancia, Kiyoshi no es capaz de reconocer el origen de tales reacciones de la cueva. Se cubre con el antebrazo la cabeza para que ni caiga polvo ni tierra su cabello, y cuando se dispone a dar un paso más hacia el frente, un muy pequeño primer derrumbe ocurre justo delante de él y su compañero, obligándolos a mantenerse en su posición. — Maldición, qué lugar tan horrible. — Dice en un tono de susurro muy bajo, el cual a duras penas puede escuchar Varo y eso que se encuentra bastante cerca suyo.
Pasados los segundos, el culpable de tanto estruendo y caos dentro de la cueva se hace presenta. Al aumentar cada vez más tanto el ruido como las sacudidas del lugar, no es necesario tener un gran oído para percatarse de que alguien se viene acercando a toda velocidad desde atrás. Se voltea y, aun cuando la luz es casi inexistente, alcanza a visibilizar aquella figura tan grande, la cual debe alcanzar los 10 metros (lo busqué en Google). — ¡Varo! — Alerta a su compañero por miedo más que cualquier cosa, pues seguramente él se haya dado cuenta del peligro antes.
Procede a dar un salto en diagonal hacia arriba y la derecha, pegándose bien a la pared y lanzándose pecho a tierra. Odia ensuciarse, pero aquí no le queda de otra. Recordemos que Kiyoshi no es el tipo más rápido ni atlético del mundo, por lo que confiarse en una situación es algo que ni quisiera es que no se permita, sino que su cerebro lo obliga a casi paniquear por defecto.
Las paredes sucumben ante el choque con el animal y otra vez la cueva se llena de suciedad. Sin duda este es el peor terreno posible para Kiyoshi, no porque atente contra sus habilidades de combate, sino contra su deseo de que todo esté limpio. Pero todo ha sido así desde que llegaron a Little Garden. ¿Es que acaso no podían llegar a una isla con, aunque sea, un poco de civilización?
Hay tanto polvo que no alcanza a ver a Varo cerca suyo, pero da dos golpes al piso con la zona trasera de su rifle, viendo si su compañero Mink reconoce el sonido del arma —considerando que ambos son tiradores— y le lance una señal como respuesta.
También podemos decir que con el derrumbe provocado por el dinosaurio, las rocas en el suelo son un muro que oculta bastante bien la figura de Kiyoshi que se mantiene en el piso con las orejas bien atentas para escuchar lo que pueda. Y es que las conversaciones y risas ahora son más claras que el agua debido a la repentina disminución de paredes que antes intervenían con la propagación del sonido. Levantarse y enseñarse así como así es muy peligroso, sobre todo para él que no es de los que buscan conflicto directo. Kiyoshi no necesita levantarse para saber que los culpables de que haya tanta muerte por toda la cueva están más allá, pues la luz que transmite la fogata que tienen llega hasta donde se encuentra él, pudiendo servirle de referencia para saber más o menos dónde están.
Por ahora, se queda en su posición, aún pecho a tierra y sujetando bien su rifle. Viste una chaqueta negra bien formal —vestimenta debido a su profesión de médico—, la cual le ayuda a camuflarse un poco con el piso y la oscuridad de la cueva.
Espera el momento correcto para actuar, aunque aún no sabe qué es lo que harán. ¿Deben robarle a estos tipos? ¿Solo buscar escapar para evitar pelear? ¿Defender al pobre dinosaurio que solo busca venganza por sus hijos? No es que al médico le importe mucho esto último, aunque que esto no lo sepa la ciega protectora de animales o podría enfadarse.
— Eros, ¿dónde mierda estás? Ya di si le disparamos a estos tontos o simplemente escapamos. — Él es el capitán, y Kiyoshi respeta su toma de decisiones. En su anterior tripulación fue igual. Se toma en serio lo de pertenecer a un grupo, cumpliendo con las normas que se imponen en uno. En ese tipo de cosas no se le puede criticar.
Todo inicia con esos pequeños temblores producidos por pisadas, aunque en primera instancia, Kiyoshi no es capaz de reconocer el origen de tales reacciones de la cueva. Se cubre con el antebrazo la cabeza para que ni caiga polvo ni tierra su cabello, y cuando se dispone a dar un paso más hacia el frente, un muy pequeño primer derrumbe ocurre justo delante de él y su compañero, obligándolos a mantenerse en su posición. — Maldición, qué lugar tan horrible. — Dice en un tono de susurro muy bajo, el cual a duras penas puede escuchar Varo y eso que se encuentra bastante cerca suyo.
Pasados los segundos, el culpable de tanto estruendo y caos dentro de la cueva se hace presenta. Al aumentar cada vez más tanto el ruido como las sacudidas del lugar, no es necesario tener un gran oído para percatarse de que alguien se viene acercando a toda velocidad desde atrás. Se voltea y, aun cuando la luz es casi inexistente, alcanza a visibilizar aquella figura tan grande, la cual debe alcanzar los 10 metros (lo busqué en Google). — ¡Varo! — Alerta a su compañero por miedo más que cualquier cosa, pues seguramente él se haya dado cuenta del peligro antes.
Procede a dar un salto en diagonal hacia arriba y la derecha, pegándose bien a la pared y lanzándose pecho a tierra. Odia ensuciarse, pero aquí no le queda de otra. Recordemos que Kiyoshi no es el tipo más rápido ni atlético del mundo, por lo que confiarse en una situación es algo que ni quisiera es que no se permita, sino que su cerebro lo obliga a casi paniquear por defecto.
Las paredes sucumben ante el choque con el animal y otra vez la cueva se llena de suciedad. Sin duda este es el peor terreno posible para Kiyoshi, no porque atente contra sus habilidades de combate, sino contra su deseo de que todo esté limpio. Pero todo ha sido así desde que llegaron a Little Garden. ¿Es que acaso no podían llegar a una isla con, aunque sea, un poco de civilización?
Hay tanto polvo que no alcanza a ver a Varo cerca suyo, pero da dos golpes al piso con la zona trasera de su rifle, viendo si su compañero Mink reconoce el sonido del arma —considerando que ambos son tiradores— y le lance una señal como respuesta.
También podemos decir que con el derrumbe provocado por el dinosaurio, las rocas en el suelo son un muro que oculta bastante bien la figura de Kiyoshi que se mantiene en el piso con las orejas bien atentas para escuchar lo que pueda. Y es que las conversaciones y risas ahora son más claras que el agua debido a la repentina disminución de paredes que antes intervenían con la propagación del sonido. Levantarse y enseñarse así como así es muy peligroso, sobre todo para él que no es de los que buscan conflicto directo. Kiyoshi no necesita levantarse para saber que los culpables de que haya tanta muerte por toda la cueva están más allá, pues la luz que transmite la fogata que tienen llega hasta donde se encuentra él, pudiendo servirle de referencia para saber más o menos dónde están.
Por ahora, se queda en su posición, aún pecho a tierra y sujetando bien su rifle. Viste una chaqueta negra bien formal —vestimenta debido a su profesión de médico—, la cual le ayuda a camuflarse un poco con el piso y la oscuridad de la cueva.
Espera el momento correcto para actuar, aunque aún no sabe qué es lo que harán. ¿Deben robarle a estos tipos? ¿Solo buscar escapar para evitar pelear? ¿Defender al pobre dinosaurio que solo busca venganza por sus hijos? No es que al médico le importe mucho esto último, aunque que esto no lo sepa la ciega protectora de animales o podría enfadarse.
— Eros, ¿dónde mierda estás? Ya di si le disparamos a estos tontos o simplemente escapamos. — Él es el capitán, y Kiyoshi respeta su toma de decisiones. En su anterior tripulación fue igual. Se toma en serio lo de pertenecer a un grupo, cumpliendo con las normas que se imponen en uno. En ese tipo de cosas no se le puede criticar.
OFF ROL
![[Imagen: u2oxCl9.png]](https://i.imgur.com/u2oxCl9.png)
Hablo | Pienso
