El dúo pelirrojo ataca, ¿Otra vez? [Pasado - Social - Elara]
#7
—M-Me… llamo… E-Elara… nee~.—

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-¿"Nee"? ¿Porqué estás tan asustada?-

La pregunta venía con demasiadas segundas intenciones, porque la respuesta resultaba excesivamente evidente, incluso, luego de haber lanzado una cachetada que volteó por completo la cara de "La Owena" segundos atrás. Su mirada la escaneó de arriba a abajo, observando cómo la chica, con aquel uniforme, se veía encantadoramente bonita, sumado a una timidez inusitada y repleta de vergüenza. Esa sensación de poder, de subyugación, parecía despertarle un interés inusitado en aquel peliblanco de mandíbula perfecta, marcada y proporcionada -¡S-Su excelencia! ¡Todaví- e, interrumpido, giró su cintura, una que era relativamente pequeña en comparación a sus trapecios y clavícula, los cuales eran anchos y marcados. Solo alzó el dedo índice, con esa mirada asesina, de ojos entre-cerrados -Suficiente, Illamo. No toleraré que vuelvas a abrir la boca a partir de este instante.- era atronador, avasallante, intimidaba pura y exclusivamente con una presencia que se hacía pesada en combinación a su imponente altura. El amo de llaves, avergonzado, se quedó tan pequeño como una hormiga, reverenciándolo a los pocos metros que les diferenciaban. Pero el hombretón, en cambio, solo estaba enfocado en mirar, girándose, de arriba a abajo a la muchachita de cuernitos enroscados.

Él olía el miedo. Owen había conocido a gente así, mucha, demasiada. Gente con un poder económico, social o de contactos tan abrumador que a todo el que no se considere parte de esa "élite" eran considerados como menos. Esos individuos tenían un fetiche muy particular: Gente que sucumba a sus deseos, que se vean forzados a seguir sus anhelos simple y llanamente para tener una-trillonésima parte de lo que tienen. La pelirroja carecía de este, nunca lo había sentido, ya que vivía con él en sus venas desde que tenía uso de razón. Jamás temió las consecuencias de sus actos, los peligros que podría correr, ¿A él? No le importaba lo que le pasase, ¿A Elara? Ahí si no iba a permitirlo. Ella se notaba excesivamente tensa, el rostro del "chique" ardía sin control producto de una bofetada que sonó con fuerzas, y, mientras ella aclaraba la condición de ambas de "ser nuevas y venir a limpiar", el hombretón se regocijaba -Hm. No dudo que vayas a hacer un buen trabajo.- Parecía ignorar olímpicamente a Owen, ¿Acaso sabía que no le temía? ¿O será que los grandes gemelos masculinos del muchacho no despertaban ninguna pasión en el adonis?

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-Oye, estoy aquí.-

El hombretón se arqueó, llevando ambas manos en la cintura e invadiendo el área de espacio personal de una Elara intimidada, tan nerviosa y envuelta en el pánico que, eso, parecía tentarle al tipo cada vez más.

—…Yo puedo… hacer lo que q-quiera… o lo que haga f-falta… en compensación de lo que hizo… m-mi compañera.—

-Si quieres compensar a la reventada y desagradable de tu compañera,-

-¡OYE!-

-deberás acompañarme, ahora mismo.-

Su mano, como si fuese una serpiente, viajó hacia la de la derecha de una Elara completamente envuelta en un velo de pánico. El corazón del pelirrojo sufrió un vuelco en el instante que observó la situación -¡!- y, desviando su mirada llena de rímel, fue hacia la mano libre de su compañera, la derecha, intentando tirar de ella un poco -¡AY! ¿No deberíamos volver al cuarto donde están todos los artículos de limpieza primero?- tiró de ella, en un forcejeo donde su ceño se frunció y mostró parte de la verdadera faceta de Owen Yang, esa desafiante, prepotente y territorial -...- y la expresión que parecía querer volverse cada vez más poderosa del hombretón, el señor Titlán, se desvaneció en una seriedad inusitada, casi la misma que tuvo al inicio. Soltó a Elara y, girándose, observó a la pelirroja con amplio desafío -Suéltala a la una,- ambas miradas, profundas, en combate, se amenazaban mutuamente -a las dos,- pero Owen, en el fondo, sabía que necesitaban seguir con su plan. Jamás permitiría que le ponga un dedo encima a Elara, bajo ningún concepto...pero debían seguir con el plan, y él lo sabía -A las- y antes de que siquiera pudiese pronunciar el número final, la muchacha menos agraciada soltó del agarre a la chica con suavidad. En el proceso, no le quitó ni un solo ápice de segundo la mirada a un sujeto que no le movía ni un solo pelo, porque NADIE iba a doblegar a Owen Yang.

-Menos mal que no terminé de contar. Tú no me interesas. Elara sí. Vete por donde viniste, ahora.-

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-No me gusta este putísimo gilipollas.-

Parecía que ser hermoso no significa ser sinónimo de buena persona, y eso, Owen, lo sabía perfectamente. Ya no le importaba ser descubierto, así como al señor Titlán, para nada, revelar la trampa en la que habían intentado meterle (Y que se notaba a leguas que la había descubierto y estaba usando a su favor) -Ven conmigo.- y, con un tono sereno, firme pero decidido, comenzó a arrastrar a la chiquilla de cuernos torcidos hacia los interiores de sus dominios. Aquel muchacho maquillado y disfrazado de sirvienta observaba cómo las distancias entre ambos se iban ampliando, alejándose mientras ella era arrastrada con algo de fuerza, atrapando su muñequita en esas varoniles manos y sus trapecios, viéndole la espalda, se movían acompasados. Los ojos celeste brillante indicaban una sola cosa: "Iré a buscarte.", solo quedaba proseguir con...la locura en la que se habían metido.

Luego de unos escasos minutos, el señor Titlán y Elara, con Owen desaparecido de la escena, habían llegado a dos puertas de madera oscura, surcando un extenso pasillo con la misma tonalidad y tenuemente iluminado por ventanas no demasiado grandes. Era una puerta visible, notoria, pero difícil de alcanzar por lo intrincado que había sido el camino hasta ella, como si no todo el mundo pudiese acceder a la misma con normalidad. Llevo ambas manos hacia cada picaporte y, empujando, el adonis empujó las mismas para permitir que la iluminación dejase ver qué se encontraba del otro lado.

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-Tendrás que hacer una limpieza exhaustiva.-

Una pregunta curiosa podría pasar por la mente de cualquiera que pudiese un solo pie en aquel lugar, ¿Dónde habría que limpiar, si el lugar, de hecho, se veía limpio, pulcro y perfectamente acomodado? Tanto que hasta parecía haber sido recientemente limpia...ah, pero en su frase, el señor Titlán jamás aclaró "sobre qué habría que hacer limpieza". Él buscó empujarla hacia adentro del recinto y, pudiendo escucharse el ¡CLICK-CLACK! de cada una de las puertas, quedaron, ambos, dentro de la misma -Como te comentaba,- comenzó a acercarse a la cama, llevando ambas manos hacia la corbata y ladeando el cuello, como quien intenta liberarse del ludo del mismo -no me gustan habladoras, aunque depende del contexto.- mientras le daba la espalda, seguía con su charla -No te preocupes por tu amiga, mi amo de llaves se encargaré de ella,- y, girándose, se vio cómo los botones de su camisa blanca se estiraban, producto del movimiento de buscar sacarse aquel traje negro que le envolvía el cuerpo y, así, marcándole de forma más erótica unos pectorales que, de primera instancia, podían notarse -y yo me encargaré de ti.- parecía que no iba a aguantarse en lo absoluto, mientras el sonido de la tela del abrigo golpeaba golpeaba el viento y caía, aproximándose, con lentitud, hacia ella -Así que harás lo que haga falta para evitar que a tu compañera le pase algo, ¿No?- y, con sus fornidas y marcadas manos, alzó el mentón suave, fino y marcado de la muchachita de tres pecas debajo del ojo izquierdo, alzándoselo -Tendrás que empezar desde ahora.- porque, efectivamente, parece que "el servicio de limpieza" era una fachada para los morbos, como es costumbre, de los que tienen más poder -¿Qué se dice?- aquello sonaba a una orden, una que parecía querer responder a una frase concreta: "Sí, su excelencia" -Como te portes bien,- y, con un poco de fuerza, movió su cabeza, pudiendo observarle la arteria carótida marcarse al igual que los tendones del cuello -tendrás mucho más trabajo de limpieza. Todo el que quieras. Jamás había probado a una Skypean.- porque, al parecer, el sujeto, incluso, tenía el conocimiento de la raza de la chica que ni el mismísimo Owen sabía.

Con un sutil movimiento, se giró, empezando a invadir el espacio personal de la muchachita y, de espaldas a la puerta, comenzar a empujarla hasta llevarla a aquel mullido colchón colorido y de sábanas rojizas. Estiró su mano izquierda y, con fuerzas, buscó derrumbarla sobre el mismo, teniendo su abrigo negro de lado. En el proceso, empezó a desabotonar los botones de sus muñecas, evidenciando, aún más, sus intenciones -Y parece que querré probarte aún más.-.

-Te vas a enterar...puto gilipollas.-

Una voz, muy suavemente, pudo escucharse desde el patio. No debía ser nada, probablemente los vientos del norte.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
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RE: El dúo pelirrojo ataca, ¿Otra vez? [Pasado - Social - Elara] - por Owen Yang - 16-12-2025, 12:50 AM

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