16-12-2025, 01:45 AM
Miré sin disimulo a la muchacha, sonriéndole y saludándole con la mano según ella seguía flotando en el tanque, sus ojos color ambarino centrados en los míos. En cuanto salió de nuevo a la superficie, el suelo de tierra se encharcó a su alrededor, y sus vestido se ciñó a su cuerpo, destacando cada curva de su delicado cuerpo. Di una par de codazos al vendedor del puesto susurrándole según se acercaba. -Te dije que merecería la pena. -Estaba orgulloso del resultado de mi obra de arte, lanzando un beso al aire a la inocente peliazul según se acercaba.
Dejé que se quedara con el mapa, por ahora, pues obviamente tenía intención de robárselo. El cara alcachofa no opuso demasiado resistencia en entregárselo, pues era cierto que lo había ganado justamente. Pero tras ello me señaló y dobló la apuesta, ahora iba a ser ella quien tiraría las pelotas para intentar que cayera al tanque. Si ganaba podría tener el mapa y ella haría lo que quisiera. Me froté las manos con malicia pensando en todas y cada una de las cosas que podría pedirle. Y si perdía solo tenía que hacer lo mismo por ella, y escuchando las ideas que soltó no era algo demasiado complicado.
-Acepto la apuesta princesita. -Di un salto completamente emocionado por el desafío, hasta que se casi enfrente de ella, me incliné levemente para que nuestros rostros quedaran a tan solo unos centímetros, apoyé mi dedo índice en su barbilla forzándole a levantar su cabeza para que me mirara. -No esperes que lo que tengas que hacer vaya a gustarte. -En ese instante me percaté de un pequeño detalle que había pasado desapercibido para mí hasta entonces, parte de la zona de sus hombros que dejaba ver el vestido estaban cubiertos de escamas. ¿Era humana? Solo había una forma de comprobarlo. Con la misma mano que sostenía la barbilla le agarré de la cara, estrujándole los mofletes, y con un rápido movimiento lamí su mejilla. Su sabor era dulce, probablemente por el juguito de caña de azúcar donde se había sumergido hace tan solo unos instantes.
-No sabes a pescado, que decepción. Pensé que ibas a saber a sardina a la brasa. -Le solté su linda carita, y tras guiñarle un ojo me dirigí a la plataforma de juego, subiéndome rápidamente quedándome de cuclillas sobre esta. Travis subió a mi cabeza de nuevo y con una sonrisa comencé a usar la superficie donde me encontraba como tambor para darle más tensión al asunto. -Dale con todo princesita pervertida, que seguro que quieres ganar para ver en calzoncillos a un tío bueno como yo… -Las primeras pelotas comenzaron a volar en dirección a la diana, fallando por bastante muchas de ellas, otras se acercaban pero tampoco llegaron a impactar. -Si la diana fuese tu madre seguro que le hubieses dado a la primera de lo gorda que está. -Grité en cuanto observé que tan solo le quedaba una oportunidad. Pude ver la determinación en su mirada, estaba dispuesta a hacerme caer fuese como fuese, en cuanto la bola pasó de largo comencé a reír, cayendo de culo sobre la plataforma. -Realmente eres malísima, no has podido darme ni tras meterme con tu… -Mi gesto cambió en un instante, al ver como esta chica se dirigió a la diana para pulsarla ella misma. -Oe oe oe, espera lo de tu madre era broma… -Fue lo último que pude pronunciar antes de caer al tanque de golpe y que Travis saliera volando de nuevo hasta el tejado del puesto de feria.
Desde el fondo le saqué ambos dedos medios a la chica la cual sonreía inocente, como si no hubiese sido ella quien había apretado la diana. Nadé a la superficie, tragué parte del líquido, manteniéndolo en mi boca y se lo escupí en chorro a la cara de aquella joven peliazul, como venganza, mirándole con cara de pocos amigos.
Impulsándome con ambos brazos salí del tanque de golpe, agitando cada músculo de mi cuerpo salpicando líquido en todas direcciones, secándome como si fuese un perro. La camisa también se me ceñía a mi cuerpo delgado. Mirando el desastre, comencé a desabrochar uno a uno los botones hasta dejarla abierta. Crují mi cuello y me dirigí a donde se encontraba la muchacha, quedándome a su lado, usé su vestido como servilleta para secarme el líquido que aún recorría mis manos y tomé el mapa, abriéndolo delante de ella.
Comencé a asentir mientras ya veía cómo iba el juego. Al parecer el puto mapa de los cojones llevaba a un local situado en mitad de la jungla, iba a ser complicado encontrarlo y más a estas horas. Suspiré algo decepcionado, comprendiendo que posiblemente fuese un reclamo comercial más que un mapa y un tesoro de verdad.
-Bueno, señorita… -Dejé un espacio para que dijera su nombre. -Tenemos dos opciones, podemos meternos en la puta jungla de los cojones, mojados en azúcar, para ser mucho más suculentos para tigres y otros depredadores con tal de buscar el licor de caña, o… -Agarré su cintura con fuerza, tirando de su cuerpo hasta quedar pegado al mío, sintiendo su cuerpos rozar el uno con el otro, tan solo separados por las prendas mojadas de cada uno. -Puedo invitarte a una copa~ -Comencé a entonar y con mi mano libre acaricié su mejilla, inclinándome poco a poco hasta que mis labios estaban apenas a unos milímetros de los suyos. -Acercarme a tu boca~ -Finalmente nuestros labios se juntaron en un suave pero dulce beso. -Robarte un besito~
Tras ello me volví a separar dándole algo de espacio, pero guiñándole un ojo. -Esto es por no haberme tirado de forma legal en el juego. -Solté como si nada, todo esto ante la atenta mirada de Cara alcachofa, el cual se quedó detrás del puesto sin saber cómo reaccionar. -¿Entonces qué? ¿Vamos a la jungla a ser devorados por una manada de chimpancés hambrientos, o nos quedamos en el festival y lo pasamos de puta madre? -Le sugerí, esperando que tomara la decisión correcta.
Dejé que se quedara con el mapa, por ahora, pues obviamente tenía intención de robárselo. El cara alcachofa no opuso demasiado resistencia en entregárselo, pues era cierto que lo había ganado justamente. Pero tras ello me señaló y dobló la apuesta, ahora iba a ser ella quien tiraría las pelotas para intentar que cayera al tanque. Si ganaba podría tener el mapa y ella haría lo que quisiera. Me froté las manos con malicia pensando en todas y cada una de las cosas que podría pedirle. Y si perdía solo tenía que hacer lo mismo por ella, y escuchando las ideas que soltó no era algo demasiado complicado.
-Acepto la apuesta princesita. -Di un salto completamente emocionado por el desafío, hasta que se casi enfrente de ella, me incliné levemente para que nuestros rostros quedaran a tan solo unos centímetros, apoyé mi dedo índice en su barbilla forzándole a levantar su cabeza para que me mirara. -No esperes que lo que tengas que hacer vaya a gustarte. -En ese instante me percaté de un pequeño detalle que había pasado desapercibido para mí hasta entonces, parte de la zona de sus hombros que dejaba ver el vestido estaban cubiertos de escamas. ¿Era humana? Solo había una forma de comprobarlo. Con la misma mano que sostenía la barbilla le agarré de la cara, estrujándole los mofletes, y con un rápido movimiento lamí su mejilla. Su sabor era dulce, probablemente por el juguito de caña de azúcar donde se había sumergido hace tan solo unos instantes.
-No sabes a pescado, que decepción. Pensé que ibas a saber a sardina a la brasa. -Le solté su linda carita, y tras guiñarle un ojo me dirigí a la plataforma de juego, subiéndome rápidamente quedándome de cuclillas sobre esta. Travis subió a mi cabeza de nuevo y con una sonrisa comencé a usar la superficie donde me encontraba como tambor para darle más tensión al asunto. -Dale con todo princesita pervertida, que seguro que quieres ganar para ver en calzoncillos a un tío bueno como yo… -Las primeras pelotas comenzaron a volar en dirección a la diana, fallando por bastante muchas de ellas, otras se acercaban pero tampoco llegaron a impactar. -Si la diana fuese tu madre seguro que le hubieses dado a la primera de lo gorda que está. -Grité en cuanto observé que tan solo le quedaba una oportunidad. Pude ver la determinación en su mirada, estaba dispuesta a hacerme caer fuese como fuese, en cuanto la bola pasó de largo comencé a reír, cayendo de culo sobre la plataforma. -Realmente eres malísima, no has podido darme ni tras meterme con tu… -Mi gesto cambió en un instante, al ver como esta chica se dirigió a la diana para pulsarla ella misma. -Oe oe oe, espera lo de tu madre era broma… -Fue lo último que pude pronunciar antes de caer al tanque de golpe y que Travis saliera volando de nuevo hasta el tejado del puesto de feria.
Desde el fondo le saqué ambos dedos medios a la chica la cual sonreía inocente, como si no hubiese sido ella quien había apretado la diana. Nadé a la superficie, tragué parte del líquido, manteniéndolo en mi boca y se lo escupí en chorro a la cara de aquella joven peliazul, como venganza, mirándole con cara de pocos amigos.
Impulsándome con ambos brazos salí del tanque de golpe, agitando cada músculo de mi cuerpo salpicando líquido en todas direcciones, secándome como si fuese un perro. La camisa también se me ceñía a mi cuerpo delgado. Mirando el desastre, comencé a desabrochar uno a uno los botones hasta dejarla abierta. Crují mi cuello y me dirigí a donde se encontraba la muchacha, quedándome a su lado, usé su vestido como servilleta para secarme el líquido que aún recorría mis manos y tomé el mapa, abriéndolo delante de ella.
Comencé a asentir mientras ya veía cómo iba el juego. Al parecer el puto mapa de los cojones llevaba a un local situado en mitad de la jungla, iba a ser complicado encontrarlo y más a estas horas. Suspiré algo decepcionado, comprendiendo que posiblemente fuese un reclamo comercial más que un mapa y un tesoro de verdad.
-Bueno, señorita… -Dejé un espacio para que dijera su nombre. -Tenemos dos opciones, podemos meternos en la puta jungla de los cojones, mojados en azúcar, para ser mucho más suculentos para tigres y otros depredadores con tal de buscar el licor de caña, o… -Agarré su cintura con fuerza, tirando de su cuerpo hasta quedar pegado al mío, sintiendo su cuerpos rozar el uno con el otro, tan solo separados por las prendas mojadas de cada uno. -Puedo invitarte a una copa~ -Comencé a entonar y con mi mano libre acaricié su mejilla, inclinándome poco a poco hasta que mis labios estaban apenas a unos milímetros de los suyos. -Acercarme a tu boca~ -Finalmente nuestros labios se juntaron en un suave pero dulce beso. -Robarte un besito~
Tras ello me volví a separar dándole algo de espacio, pero guiñándole un ojo. -Esto es por no haberme tirado de forma legal en el juego. -Solté como si nada, todo esto ante la atenta mirada de Cara alcachofa, el cual se quedó detrás del puesto sin saber cómo reaccionar. -¿Entonces qué? ¿Vamos a la jungla a ser devorados por una manada de chimpancés hambrientos, o nos quedamos en el festival y lo pasamos de puta madre? -Le sugerí, esperando que tomara la decisión correcta.
Karmas
