16-12-2025, 01:48 AM
Las calles, el frío de alrededor, uno que solo conocía en personas pese al calor abrasador del tiempo. Su cuerpo, ahora cubierto de heridas de cortes y golpes, correteaba por las calles. Le faltaba el aire, caía de bruces al suelo en algún momento que su cuerpo se estampó con uno de los contenedores. El dolor físico era algo a lo que se había habituado, no a huir. Sin embargo, estimaba todavía su vida incluso si el joven todavía no tenía idea. Todavía era doloroso, el escozor de la sangre corría en la ropa que estaba hecha jirones, una vez más. Sabía que había un solo lugar donde no lo iban a perseguir… el mismo donde se iba a encontrar con aquella extraña.
Sus pasos, que habían sido acelerados, poco a poco fueron disminuyendo de velocidad. Le estaba faltando el aire, sus manos secando la sangre que caía por la comisura de sus labios, ahora sí, más calmado. Trató de no hacer ruido, incluso si había sido citado hasta allí. Sus pasos eran sigilosos, como siempre acostumbraba, no con la misma experiencia que la de un adulto, faltaría más. En la lejanía, bajo los pasos algo inseguros y lentos, veía a la muchacha, ahora de espaldas. El cabello tan bien arreglado, largo. Recordó el primer pensamiento que tuvo en su encuentro; era preciosa. No tenía la misma mentalidad que en ese momento, no tenía siquiera ese tipo de pensamientos impuros, no bajo las circunstancias en las que vivía todavía. Solo apreció la belleza tal y como la veía realmente; pura, hermosa, única. Si existieran los ángeles, probablemente ella podría ser la personificación de una. A veces, en silencio, sí debía admitirse a sí mismo que le agradaban aquellos encuentros.
— Llegaste
Su rostro se contorsionó en una leve mueca molesta, un sencillo tic con su ceja. No respiraba agitado como otras veces, no había corrido como otras veces para alcanzarla, ni siquiera había intentado hacer ruido pero siempre tenía un oído increíble esa mujer. Uno que, desde que la conoció, quiso sin lugar a dudas, aprender, desarrollar. No dijo nada, no habló, solo mantenía la mueca de sus labios, algo molesto. Ahora sí, normalizó sus pasos de modo que pudiera escucharlo mejor.
Sus ojos deberían mostrar sorpresa ante la grata e increíble amabilidad de la muchacha. Tan genuina, tan increíble. Apretó sus propios labios, ahora avergonzado de las condiciones en las que se encontraba. Preguntaba, y el único tonto consuelo que tenía era que, por lo menos, no lo veía en ese estado. No parecían existir palabras por parte del contrario, solo un silencio probablemente incómodo.
—Dudo que me confundan. Soy demasiado reconocible. — Estiró sus manos, como si el solo tocarla fuera algo prohibido. Sus manos temblaban. No existía temor, no era miedo, era la mezcla del dolor de aquellos que lo habían acorralado no hacía demasiado, acompañado del temor, sí, temor de que solo con tocarla pudiera destruir la pureza que irradiaba esa muchacha. De todos modos no se retractaba de sus palabras. A diferencia de ella, él estaba sucio, manchado y cargado de las impurezas que había visto de sus padres y las propias calles. Pero quiso dejarlo así, no quería que ella conociera ese lado del mundo. Un ángel debía mantenerse como eso; un ángel. Puro, hermoso, amable y único.
Los ojos descendieron hasta la tela que le había extendido la muchacha, sin mucha expresividad, por no mencionar que casi nula. Aún así, apretó la tela contra sí mismo, apenas susurrando en una voz tan baja que ni siquiera sabía si se le había llegado a escuchar.
No era justo, obligarla a hacer algo así para que él pudiera tener atuendos para vestirse. No era justo para ella. Sin embargo elevó los ojos, ahora con un pequeño interés. —¿Otro? Parece que… está pasando mucho últimamente.
Sus pasos, que habían sido acelerados, poco a poco fueron disminuyendo de velocidad. Le estaba faltando el aire, sus manos secando la sangre que caía por la comisura de sus labios, ahora sí, más calmado. Trató de no hacer ruido, incluso si había sido citado hasta allí. Sus pasos eran sigilosos, como siempre acostumbraba, no con la misma experiencia que la de un adulto, faltaría más. En la lejanía, bajo los pasos algo inseguros y lentos, veía a la muchacha, ahora de espaldas. El cabello tan bien arreglado, largo. Recordó el primer pensamiento que tuvo en su encuentro; era preciosa. No tenía la misma mentalidad que en ese momento, no tenía siquiera ese tipo de pensamientos impuros, no bajo las circunstancias en las que vivía todavía. Solo apreció la belleza tal y como la veía realmente; pura, hermosa, única. Si existieran los ángeles, probablemente ella podría ser la personificación de una. A veces, en silencio, sí debía admitirse a sí mismo que le agradaban aquellos encuentros.
— Llegaste
Su rostro se contorsionó en una leve mueca molesta, un sencillo tic con su ceja. No respiraba agitado como otras veces, no había corrido como otras veces para alcanzarla, ni siquiera había intentado hacer ruido pero siempre tenía un oído increíble esa mujer. Uno que, desde que la conoció, quiso sin lugar a dudas, aprender, desarrollar. No dijo nada, no habló, solo mantenía la mueca de sus labios, algo molesto. Ahora sí, normalizó sus pasos de modo que pudiera escucharlo mejor.
Sus ojos deberían mostrar sorpresa ante la grata e increíble amabilidad de la muchacha. Tan genuina, tan increíble. Apretó sus propios labios, ahora avergonzado de las condiciones en las que se encontraba. Preguntaba, y el único tonto consuelo que tenía era que, por lo menos, no lo veía en ese estado. No parecían existir palabras por parte del contrario, solo un silencio probablemente incómodo.
—Dudo que me confundan. Soy demasiado reconocible. — Estiró sus manos, como si el solo tocarla fuera algo prohibido. Sus manos temblaban. No existía temor, no era miedo, era la mezcla del dolor de aquellos que lo habían acorralado no hacía demasiado, acompañado del temor, sí, temor de que solo con tocarla pudiera destruir la pureza que irradiaba esa muchacha. De todos modos no se retractaba de sus palabras. A diferencia de ella, él estaba sucio, manchado y cargado de las impurezas que había visto de sus padres y las propias calles. Pero quiso dejarlo así, no quería que ella conociera ese lado del mundo. Un ángel debía mantenerse como eso; un ángel. Puro, hermoso, amable y único.
Los ojos descendieron hasta la tela que le había extendido la muchacha, sin mucha expresividad, por no mencionar que casi nula. Aún así, apretó la tela contra sí mismo, apenas susurrando en una voz tan baja que ni siquiera sabía si se le había llegado a escuchar.
![[Imagen: Pzs1kYA.png]](https://i.imgur.com/Pzs1kYA.png)
—Gracias…
No era justo, obligarla a hacer algo así para que él pudiera tener atuendos para vestirse. No era justo para ella. Sin embargo elevó los ojos, ahora con un pequeño interés. —¿Otro? Parece que… está pasando mucho últimamente.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
