16-12-2025, 01:50 AM
(Última modificación: 16-12-2025, 01:54 AM por Eros Focalor.)
Pese a renguear un poco por el castigo físico recibido previamente el funebrero le seguía el paso al bicolor sin rezagarse en el particular grupo formado por dos piratas y un perro, es decir, tres perros. Eros lo percibió despues, tenía a rezagarse en lo que a velocidad de reacción respectaba pero entonces estuvieron rodeados. Inspiró analizando la situación con sus ojos ambarinos, Uker tenía aproximadamente cuarenta personas diría él, y del otro lado de la calle parecía llegar por entre los callejones de la ciudad otra banda igual de numerosa. Algunos eran borrachos, otros cazarrecompensas vengativos que habían sido alertados de la situación. Lo cierto era que la situación no parecía nada favorable en cuanto a numeros respectaba.
Con serenidad Eros deposito un beso en la cabeza del perro a medida que, envuelto en su abrigo, lo depositaba con cuidado en el suelo donde el mismo aterrado se acurrucó. Entre los tres había tres metros. Uker tenia al perro a metro y medio, y Eros dispuso que ese sería también su territorio.
Estaba enojado, pese a que su rostro no lo demostrase su mirada mostraba la furia ¿Y que hacía Eros cuando sentía la furia? La dejaba salir. Su cuerpo ganó pelaje, un pelaje oscuro, a la par que diez garras adornaban sus dedos. Los músculos de todo su cuerpo se tensaron, expandieron. Una alargada trompa creció en su naríz, y entonces a medida que hacía chocar sus garras entre sí produciendo un rítmico eco observaba a sus enemigos.
Algunos de ellos parecían aterrados, y él no podía culparlos. Se sabía poco agraciado en esa forma que tenía tanto de hombre, cómo de topo.
La bestia se lanzó recibiendo disparos. Al ser un blanco mas facil podrían enfocar toda su atención en él dejando al perro a cubierto, y era algo que Eros había anticipado al convertirse. Sus garras comenzarían a despedazar brazos, piernas. Las armas volaban en el aire cuando él respondía a cada ataque que recibía con un contra-ataque fulminante. Con reflejos tan atenuados Eros peleaba con muchas y dientes en un ciclo constante de recibir daño, y procurar que el otro recibiese más.
Carnicería era una palabra apropiada para lo que dos piratas de la Grand Line podían hacerle a una turba de borrachos vengativos, pero no tardarían en estar todos abatidos. La sangre regaba las calles de Whiskey Peak. Los había lacerados, mutilados y los que lentamente se desangraban. Procuró no matar a nadie, por supuesto, pero a veces le costaba medir su fuerza.
Volvió a su forma humana, escupiendo sangre y sacándose una muela que ahora estaba floja para lanzarsela a uno de los inconscientes a modo de regalo. Entonces tomó mil berries de su pequeño saco de arpillera que guardaba en el interior de su abrigo, y asintió. — Vayan a ver un médico, tienen tiempo —Bien conocía las hemorragias, sabía lo que tardarían en matarles. Estaba siendo piadoso si se quería, pues él consideraba que el castigo capital estaba permitido para un puñado de crímenes siendo el maltrato animal uno de ellos. — Podemos seguir... ¿Estará de casualidad muy lejos éste médico que conoce? —Solo quizás ahora necesitaba de esos mismos servicios que momentos atrás había rechazado por cortesía, había puntos físicos en los cuales la cortesía tomaba un plano relativo por debajo de la supervivencia.
Entre brazos sostuvo al perro que ahora dormía... ¿Dormía verdad?
No le temía a la muerte, le había hablado como una amiga desde pequeño y siempre estuvo presente en cada almuerzo, y cada cena familiar pero de grande entendio que la muerte traía consigo cosas que no necesariamente deseaba en ese momento.
El perro iba a morir. El iba a morir. Todos iban a morir.
¿Y por qué a veces le molestaba?
— Despues de esto le voy a deber una, y pretendo saldar esa deuda —Frunció su ceño tratando de acelerar el paso, tenían que llegar a tiempo pues algo era seguro: Pese a sus interrogantes individuales, ya estaba harto de que la gente que intentaba proteger se desvaneciese como arena entre sus dedos.
Pero si de numeros respectaba, ellos valían millones.
Con serenidad Eros deposito un beso en la cabeza del perro a medida que, envuelto en su abrigo, lo depositaba con cuidado en el suelo donde el mismo aterrado se acurrucó. Entre los tres había tres metros. Uker tenia al perro a metro y medio, y Eros dispuso que ese sería también su territorio.
Estaba enojado, pese a que su rostro no lo demostrase su mirada mostraba la furia ¿Y que hacía Eros cuando sentía la furia? La dejaba salir. Su cuerpo ganó pelaje, un pelaje oscuro, a la par que diez garras adornaban sus dedos. Los músculos de todo su cuerpo se tensaron, expandieron. Una alargada trompa creció en su naríz, y entonces a medida que hacía chocar sus garras entre sí produciendo un rítmico eco observaba a sus enemigos.
Algunos de ellos parecían aterrados, y él no podía culparlos. Se sabía poco agraciado en esa forma que tenía tanto de hombre, cómo de topo.
Pero esto no es un certamen de belleza
La bestia se lanzó recibiendo disparos. Al ser un blanco mas facil podrían enfocar toda su atención en él dejando al perro a cubierto, y era algo que Eros había anticipado al convertirse. Sus garras comenzarían a despedazar brazos, piernas. Las armas volaban en el aire cuando él respondía a cada ataque que recibía con un contra-ataque fulminante. Con reflejos tan atenuados Eros peleaba con muchas y dientes en un ciclo constante de recibir daño, y procurar que el otro recibiese más.
Carnicería era una palabra apropiada para lo que dos piratas de la Grand Line podían hacerle a una turba de borrachos vengativos, pero no tardarían en estar todos abatidos. La sangre regaba las calles de Whiskey Peak. Los había lacerados, mutilados y los que lentamente se desangraban. Procuró no matar a nadie, por supuesto, pero a veces le costaba medir su fuerza.
Volvió a su forma humana, escupiendo sangre y sacándose una muela que ahora estaba floja para lanzarsela a uno de los inconscientes a modo de regalo. Entonces tomó mil berries de su pequeño saco de arpillera que guardaba en el interior de su abrigo, y asintió. — Vayan a ver un médico, tienen tiempo —Bien conocía las hemorragias, sabía lo que tardarían en matarles. Estaba siendo piadoso si se quería, pues él consideraba que el castigo capital estaba permitido para un puñado de crímenes siendo el maltrato animal uno de ellos. — Podemos seguir... ¿Estará de casualidad muy lejos éste médico que conoce? —Solo quizás ahora necesitaba de esos mismos servicios que momentos atrás había rechazado por cortesía, había puntos físicos en los cuales la cortesía tomaba un plano relativo por debajo de la supervivencia.
Entre brazos sostuvo al perro que ahora dormía... ¿Dormía verdad?
No le temía a la muerte, le había hablado como una amiga desde pequeño y siempre estuvo presente en cada almuerzo, y cada cena familiar pero de grande entendio que la muerte traía consigo cosas que no necesariamente deseaba en ese momento.
El perro iba a morir. El iba a morir. Todos iban a morir.
¿Y por qué a veces le molestaba?
— Despues de esto le voy a deber una, y pretendo saldar esa deuda —Frunció su ceño tratando de acelerar el paso, tenían que llegar a tiempo pues algo era seguro: Pese a sus interrogantes individuales, ya estaba harto de que la gente que intentaba proteger se desvaneciese como arena entre sus dedos.
Ya era personal
Resumen
![[Imagen: xNGUFie.png]](https://i.imgur.com/xNGUFie.png)
