16-12-2025, 01:56 AM
Fruncí el ceño; una parte de mí deseaba, con una urgencia casi infantil, evitar que me viera de esa forma, expuesto y torpe, pero ya no había marcha atrás. Lo hecho estaba hecho, y el silencio que se instaló entre ambos parecía confirmarlo. No había forma elegante de retroceder, ni palabras capaces de recomponer lo que ya se había dejado entrever.
La información era suficiente. Más que eso, era delicada, y lo sabía. No deseaba preguntar nada que pudiera abrir una herida innecesaria o dar pie a otro momento tenso, de esos que se clavan en el aire y lo vuelven irrespirable. Había límites que no se cruzan sin consentimiento, y ese era uno de ellos.
Así que me conformé. Agradecí, sincera y silenciosamente, lo que me había dicho y nada más. Guardé esas palabras como se guarda algo frágil: con cuidado, sin manosearlo. Tal vez, cuando tuviéramos más confianza el uno en el otro, cuando el peso de las miradas no fuera tan denso… y solo si él lo deseaba, podría continuar hablando. Hasta entonces, el silencio sería suficiente.
Pero debo admitir que soy impulsivo, orgulloso, soberbio.
Solté una risa de burla mientras apretaba su mano, terminando por sentarme sobre su regazo: sintiendo el calor de nuestros cuerpos mientras la fina tela de mi ropa interior rozaba ligeramente la claramente costosa tela de su pantalón; inmediatamente provocando un roce aún más profundo como si mi cuerpo reaccionara por cuenta propia, mientras me inclinaba a acariciar su desnudo pecho. —Ay, vamos, por favor…creo que me subestimas, no es la primera vez que salgo del mapa… Mi única traba es que sabes mi nombre verdadero ¿me entiendes? Puedo esconderme. De todos. Es uno de mis muchos talentos. Pero sé que no quieres que desaparezca…—Bajé ligeramente a besar su cuello, acomodando mi rostro sobre su hombro. — Podemos jugar al gato y al ratón todo lo que desees… Pero sé cuidarme y puedo esconderme, no me obligues a probar que te equivocas. — Honestamente me había resignado un poco, levantándome de su regazo para terminar de acomodar mi kimono. —Parece que a lo que vine no será hoy, así que espero ser recompensado la próxima vez. —
La información era suficiente. Más que eso, era delicada, y lo sabía. No deseaba preguntar nada que pudiera abrir una herida innecesaria o dar pie a otro momento tenso, de esos que se clavan en el aire y lo vuelven irrespirable. Había límites que no se cruzan sin consentimiento, y ese era uno de ellos.
Así que me conformé. Agradecí, sincera y silenciosamente, lo que me había dicho y nada más. Guardé esas palabras como se guarda algo frágil: con cuidado, sin manosearlo. Tal vez, cuando tuviéramos más confianza el uno en el otro, cuando el peso de las miradas no fuera tan denso… y solo si él lo deseaba, podría continuar hablando. Hasta entonces, el silencio sería suficiente.
Pero debo admitir que soy impulsivo, orgulloso, soberbio.
Solté una risa de burla mientras apretaba su mano, terminando por sentarme sobre su regazo: sintiendo el calor de nuestros cuerpos mientras la fina tela de mi ropa interior rozaba ligeramente la claramente costosa tela de su pantalón; inmediatamente provocando un roce aún más profundo como si mi cuerpo reaccionara por cuenta propia, mientras me inclinaba a acariciar su desnudo pecho. —Ay, vamos, por favor…creo que me subestimas, no es la primera vez que salgo del mapa… Mi única traba es que sabes mi nombre verdadero ¿me entiendes? Puedo esconderme. De todos. Es uno de mis muchos talentos. Pero sé que no quieres que desaparezca…—Bajé ligeramente a besar su cuello, acomodando mi rostro sobre su hombro. — Podemos jugar al gato y al ratón todo lo que desees… Pero sé cuidarme y puedo esconderme, no me obligues a probar que te equivocas. — Honestamente me había resignado un poco, levantándome de su regazo para terminar de acomodar mi kimono. —Parece que a lo que vine no será hoy, así que espero ser recompensado la próxima vez. —

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