16-12-2025, 06:41 AM
El corazón de la pobre Elara estaba a todo dar en estos momentos, debido a que se angustió demasiado cuando escuchó aquella orden. Estaba demasiado preocupada sí es que Owen estaría bien, o si esto sirviera para ganar un poco más de tiempo, pero… pero… la situación estaba escalando a algo que ni ella misma pensó en primer lugar. No lo sabía. Pero de algún modo, ya estaba allí, sin saber que tenía deparado su destino para ella. Elara se encontraba demasiado indefensa, debido a que Owen ya no estaba. Tenía terror, y también tenía culpa. Él estaba allí por ella, y ella no podía hacer absolutamente nada.
¿Acaso Elara no podría hacer nada? ¿O podría hacer algo? Esto era un misterio que ni ella misma sabía como descubrirlo. Pero sea como sea. Intentaría de alguna manera seguir adelante.
Las palabras de Owen le llegaron profundamente. Sabía que su compañero no la dejaría sola, no la dejaría abandonada, sobre todo cuando él siempre se caracterizó por ser de las personas que nunca abandonaban a sus amigos. Podrá ser un criminal, sí, pero es alguien que siempre está para defender lo que es injusto. Pero Elara no sabía sí tenía la capacidad de poder hacer algo para poder ganar un poco más de tiempo. Ella tenía que pensar lo más rápido posible, sin cometer ningún tipo de error. O algo que pueda llegar a perjudicarla.
La rabia de Owen era justificable. Mientras que sentía la mano firme de ese hombre llevársela a un lugar que no sabía si podría volver a mirar la luz del sol nuevamente. Elara ya no oponía resistencia, sintiendo cualquier movimiento que ella hiciera, o al menos buscara el poder intervenir, para pedirle ayuda a Owen, sabía que eso terminaría por perjudicarlo.
Pero Elara no sabía qué es lo que podía hacer para solucionarlo. Para poder resolverlo.
Mientras caminaban por el pasillo, sus alas temblaban incontrolablemente, y su mente era un torbellino de ansiedad. Las puertas de madera oscura se abrieron, revelando una habitación que, irónicamente, se veía impecable.
—T-Tendré que...hacer una limpieza... ¿exhaustiva?— pensó para sí misma, con la voz apenas un susurro inaudible. La puerta cerrada la hizo alterarse bastante, no sabía qué es lo que podía pasar. Si bien se sentía completamente avergonzada, debido a su debilidad hacia el sexo masculino… pero ella estaba demasiado asustada, estaba con pánico al procesar las palabras de Titlán, salvo por las últimas.
Sentir su mentón alzado con la presión de aquellos dedos tan fuertes que tenía el hombre, escuchar la mención de su raza, la hacía sentirse demasiado expuesta y también vulnerable. ¿Acaso él tenía “ese” tipo de intenciones con ella? Se alteró demasiado, su pecho estaba demasiado apretado… demasiado… era horrible su sentir. La vergüenza y el miedo estaban combatiendo internamente en su mente, lo que hacía que ella no supiera como reaccionar a tiempo. ¡Tenía que hacer algo! Tenía que… de algún modo, hacer algo. Ganar algo de tiempo. Lo que hacía que Elara intentara de algún modo, escabullirse de ello.
Ella era malísima mintiendo, pero al menos tenía que hacer algo creíble. —Y-Yo...y-yo... s-sí, su e-excelencia...— Logró musitar, las palabras temblándole en los labios, los ojos aguándose, incapaz de mirarlo directamente a los ojos. Estaba muy asustada, pero al menos sabía que quizás podría ser algo más creíble esto. Estaba claro que lo sería.
Cuando él la empujó hacia la cama, ella se paniqueó muchísimo. Estaba sintiendo que todo se iba a ir a la misma mierda, por eso no podía quedarse ahí. ¿Dónde estabas, Owen? Se angustió, mientras que buscando la manera de ganar algo de tiempo, Elara extendió la mano hacia el hombro de Titlán, como si fuese un intento inútil de poder detenerlo.
![[Imagen: dhtmQr2.png]](https://i.imgur.com/dhtmQr2.png)
—N-No... n-no, por f-favor... yo... yo... ¡Yo l-lo hago! ¡L-lo que quiera, pero d-déjeme l-limpiar! ¡L-Le prometo que l-lo dejaré r-reluciente, nee!—
Su voz se quebró al final, y las lágrimas de la impotencia y el miedo comenzaron a resbalar por sus mejillas. Estaba temblando incontrolablemente, sus alas plegadas y muy tensas. No sabía si sus palabras tendrían algún efecto, pero era lo único que se le ocurrió. Tenía que detenerlo. De como de lugar.
—Y-Yo sé... ¡Yo sé dónde e-está lo s-sucio!— exclamó, con un hilo de voz, señalando con la cabeza el traje negro que yacía en el suelo. —S-Su t-traje, su excelencia... t-tiene que estar... ¡p-pulcro! ¡L-Le prometo q-que lo d-dejaré perfecto!— sentía el cuerpo de él encima. Era demandante… pero no podía. No podía dejar que ese hombre la tocara.
¿Acaso Elara no podría hacer nada? ¿O podría hacer algo? Esto era un misterio que ni ella misma sabía como descubrirlo. Pero sea como sea. Intentaría de alguna manera seguir adelante.
Las palabras de Owen le llegaron profundamente. Sabía que su compañero no la dejaría sola, no la dejaría abandonada, sobre todo cuando él siempre se caracterizó por ser de las personas que nunca abandonaban a sus amigos. Podrá ser un criminal, sí, pero es alguien que siempre está para defender lo que es injusto. Pero Elara no sabía sí tenía la capacidad de poder hacer algo para poder ganar un poco más de tiempo. Ella tenía que pensar lo más rápido posible, sin cometer ningún tipo de error. O algo que pueda llegar a perjudicarla.
La rabia de Owen era justificable. Mientras que sentía la mano firme de ese hombre llevársela a un lugar que no sabía si podría volver a mirar la luz del sol nuevamente. Elara ya no oponía resistencia, sintiendo cualquier movimiento que ella hiciera, o al menos buscara el poder intervenir, para pedirle ayuda a Owen, sabía que eso terminaría por perjudicarlo.
Pero Elara no sabía qué es lo que podía hacer para solucionarlo. Para poder resolverlo.
Mientras caminaban por el pasillo, sus alas temblaban incontrolablemente, y su mente era un torbellino de ansiedad. Las puertas de madera oscura se abrieron, revelando una habitación que, irónicamente, se veía impecable.
—T-Tendré que...hacer una limpieza... ¿exhaustiva?— pensó para sí misma, con la voz apenas un susurro inaudible. La puerta cerrada la hizo alterarse bastante, no sabía qué es lo que podía pasar. Si bien se sentía completamente avergonzada, debido a su debilidad hacia el sexo masculino… pero ella estaba demasiado asustada, estaba con pánico al procesar las palabras de Titlán, salvo por las últimas.
Sentir su mentón alzado con la presión de aquellos dedos tan fuertes que tenía el hombre, escuchar la mención de su raza, la hacía sentirse demasiado expuesta y también vulnerable. ¿Acaso él tenía “ese” tipo de intenciones con ella? Se alteró demasiado, su pecho estaba demasiado apretado… demasiado… era horrible su sentir. La vergüenza y el miedo estaban combatiendo internamente en su mente, lo que hacía que ella no supiera como reaccionar a tiempo. ¡Tenía que hacer algo! Tenía que… de algún modo, hacer algo. Ganar algo de tiempo. Lo que hacía que Elara intentara de algún modo, escabullirse de ello.
Ella era malísima mintiendo, pero al menos tenía que hacer algo creíble. —Y-Yo...y-yo... s-sí, su e-excelencia...— Logró musitar, las palabras temblándole en los labios, los ojos aguándose, incapaz de mirarlo directamente a los ojos. Estaba muy asustada, pero al menos sabía que quizás podría ser algo más creíble esto. Estaba claro que lo sería.
Cuando él la empujó hacia la cama, ella se paniqueó muchísimo. Estaba sintiendo que todo se iba a ir a la misma mierda, por eso no podía quedarse ahí. ¿Dónde estabas, Owen? Se angustió, mientras que buscando la manera de ganar algo de tiempo, Elara extendió la mano hacia el hombro de Titlán, como si fuese un intento inútil de poder detenerlo.
![[Imagen: dhtmQr2.png]](https://i.imgur.com/dhtmQr2.png)
—N-No... n-no, por f-favor... yo... yo... ¡Yo l-lo hago! ¡L-lo que quiera, pero d-déjeme l-limpiar! ¡L-Le prometo que l-lo dejaré r-reluciente, nee!—
Su voz se quebró al final, y las lágrimas de la impotencia y el miedo comenzaron a resbalar por sus mejillas. Estaba temblando incontrolablemente, sus alas plegadas y muy tensas. No sabía si sus palabras tendrían algún efecto, pero era lo único que se le ocurrió. Tenía que detenerlo. De como de lugar.
—Y-Yo sé... ¡Yo sé dónde e-está lo s-sucio!— exclamó, con un hilo de voz, señalando con la cabeza el traje negro que yacía en el suelo. —S-Su t-traje, su excelencia... t-tiene que estar... ¡p-pulcro! ¡L-Le prometo q-que lo d-dejaré perfecto!— sentía el cuerpo de él encima. Era demandante… pero no podía. No podía dejar que ese hombre la tocara.
