[Av T4 - Pr Rel] Casino Pegaso (Drum)
#22
Ubbe, quien había estado ejecutando su propia misión de recuperación de armas robadas, alcanza al último de los envidiosos que había intentado escapar arrastrando uno de los martillos gemelos. Su mano se cierra alrededor del cuello del ladrón con presión que corta flujo de oxígeno instantáneamente, levantándolo del suelo mientras arranca el martillo de sus manos debilitadas con la misma casualidad con que alguien podría quitarle juguete a niño pequeño. Este se acerca hasta donde está su compañero y le tiende uno de los martillos a Sigurd, guardando el otro para sí mismo con sonrisa que promete que va a poner esta herramienta a buen uso muy pronto. El barrido que Ubbe ejecuta con el martillo de Sigurd es violento y eficiente. Un arco amplio que comienza a su izquierda y termina a su derecha, la cabeza masiva del arma describiendo semicírculo perfecto a altura que intercepta torsos, cabezas y extremidades de aproximadamente veinte personas que tuvieron la desgracia de estar dentro del radio de acción cuando el gigante decidió que necesitaba espacio operacional alrededor de su posición. Los envidiosos que habían sobrevivido el encuentro inicial, además de otros 10 apostadores que se encontraban en el camino del martillo, caen como trigo bajo guadaña, sus cuerpos lanzados en direcciones aleatorias por fuerza del impacto, algunos muriendo instantáneamente por trauma craneal mientras que otros viven lo suficiente para sentir costillas perforadas penetrando órganos vitales antes de que oscuridad los reclame.
 
A la vez que Sigurd recupera uno de sus martillos de la mano de Ubbe, y mientras Ubbe está acabando con la vida de 20 personas a un costado de Sigurd, una sonrisa malévola – misma que no pueden llegar a ver Sigurd o Ubbe dadas sus posiciones – se dibuja en la cara de Pegasus. El traje rojo profundo de Maximilian Pegasus no está simplemente diseñado como un artículo de moda excéntrica pues también ha sido cuidadosamente diseñado para guardar uno que otro secreto al igual que el casino y todo lo que rodea a su dueño. La manga izquierda, cortada con precisión que permite movimiento fluido necesario para tocar piano durante horas sin restricción, oculta una funda cosida directamente en el forro interior. Dentro de esta funda descansa pistola que es deliberadamente común y corriente en apariencia. Un modelo estándar que podría encontrarse en cualquier armería de cualquier isla, sin adornos ni modificaciones visibles. Cargada con balas igual de fáciles de conseguir en cualquier isla. Balas explosivas. Cinco de ellas cargadas cuidadosamente en el cilindro, cada proyectil conteniendo suficiente material detonante comprimido como para crear esfera de destrucción de cinco metros de diámetro cuando impacta. Cuando Sigurd alza a Pegasus hacia una posición elevada intentando usarlo como escudo humano contra bombardeo de bolas de billar que Joe y Mai continúan lanzando, el dueño del casino reconoce inmediatamente la oportunidad que acaba de materializarse. Su mano izquierda, que momentos antes había estado inmóvil, descansando al igual que sus brazos a sus costados, ahora empuñan la pistola que se deslizo suavemente desde su escondite en la manga izquierda.
 
Pegasus apunta hacia abajo, a los pies de Sigurd, pues no tiene a donde más disparar, sabiendo que el cañón del arma está posicionado a aproximadamente seis metros sobre el suelo del casino debido a altura de Sigurd quien está alzando como trofeo a Pegasus muy por encima del suelo, buscando utilizarlo como escudo humano ante las bolas de billar. El disparo resuena como trueno en espacio cerrado, el sonido cortando a través del caos circundante. La bala viaja una distancia corta en una fracción de segundo antes de impactar contra el suelo directamente bajo los pies de Sigurd, y entonces el mundo explota en esfera perfecta de fuerza expansiva que abarca cinco metros de diámetro. La detonación lanza fragmentos del suelo aterciopelado en todas direcciones como metralla textil, mientras que la onda de choque ascendente golpea las piernas y pies de Sigurd y de Ubbe – quien aun se encontraba a un costado de su hermano de armas – con violencia que hace que incluso su masa colosal se resienta del impacto. El dolor es instantáneo e imposible de ignorar. Los dedos de Sigurd se abren involuntariamente y Pegasus cae libre desde su prisión elevada a la vez que Ubbe y Sigurd reciben los ataques de las bolas de billar causados por Mai y Joe. El dueño del casino cae en el piso como acróbata que ha practicado exactamente este tipo de maniobra, sus manos dentro de su traje, quedando a menos de un metro de Sigurd y poco más de un metro de Ubbe quien está detrás de Sigurd.
 
La mitad del casino que aún mantiene suficiente instinto de supervivencia para reconocer que quedarse en un establecimiento donde explosiones y gigantes masacran multitudes es una idea terrible comienza un éxodo desesperado hacia la salida. Apostadores tropiezan sobre cuerpos caídos mientras corren hacia pasarela que conecta el Pegaso con el muelle, sus gritos de pánico mezclándose con sonidos de mobiliario siendo volcado y cristales rompiéndose mientras la estampida humana arrasa con cualquier cosa que obstaculice su ruta de escape. Pero la otra mitad permanece casi inmóvil en sus posiciones, atrapados no por barreras físicas sino por cadenas invisibles de sus propios vicios. En la barra, víctimas de la pereza continúan desplomadas en sus taburetes como si las explosiones y la muerte masiva fueran simplemente entretenimiento de fondo. En rincones oscuros y sobre mesas que minutos antes habían albergado apuestas monetarias, parejas y grupos se entregan a lujuria desenfrenada, sus cuerpos entrelazándose con urgencia que ignora completamente que podrían morir en cualquier momento, sus gemidos añadiendo capa adicional a sinfonía de caos que ha reemplazado la música de jazz que Pegasus había estado tocando antes de que todo escalara más allá de lo previsible.
 
Joe y Mai, observando desde su posición, interpretan la escena con la lógica que tiene sentido desde su perspectiva limitada. Los dos gigantes están claramente protegiendo a Kaiba quien continúa escondiéndose detrás de sus masas. Las bolas de billar continúan volando, algunas buscando encontrarse contra los músculos endurecidos de los buccaneers mientras que otras buscan encontrar puntos más sensibles como sus articulaciones, sus entrepiernas, o sus cabezas.
 

 
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