16-12-2025, 07:46 PM
(Última modificación: 16-12-2025, 07:51 PM por Jensen Valentine.)
Mucho antes de que Jensen Valentine fuera un notorio pirata era una persona normal, viviendo una vida normal en una isla tan normal como Baterilla. En esta pequeña isla tenía un amigo, el viejo Hank quien a veces le pedía ayuda con pequeños trabajitos aquí y allá, no todos eran legales, pero si todos daban una buena recompensa monetaria para poder sobrevivir tranquilamente.
Aquella mañana estaba en su lugar favorito de toda la isla, el faro del pueblo que ayudaba a marineros perdidos entre la neblina a encontrar su camino hasta el puerto. Jensen, vestido de negro bajo su gran capucha roja, pensaba que ser un maestro farolero no estaría tan mal para ganarse la vida.
Entre esas cavilaciones se encontraba el de la capucha roja cuando el viejo Hank llego con un carromato tirado por caballos. –Tengo trabajo para ti muchacho, necesito que vayas al mercado – dijo el viejo Hank abriendo la puerta del carromato. Dentro había sacos de papas, lechugas, tomates y manzanas. Naranjas, pomelos y repollo. Zanahorias, coles de Bruselas y limones. Básicamente todo lo necesario para hacer a un vegetariano muy feliz.
-Doña Gertrudis espera sus verduras para vender en su puesto en el mercado local, debes quedarte hasta que venda todo y te de la mitad de la paga, luego tu vuelves aquí y nos dividimos el dinero. Lo haría yo, pero me duele la espalda, tu sabes por la edad.
Jensen resoplo, cada vez que el viejo Hank debía hacer algo aburrido culpaba a achaques de la edad, pero para estar montando a caballo o bailando y perreando hasta el menos dos no se quejaba, convenientemente en esas ocasiones sus achaques de la edad se le olvidaban. El pelinegro partió en el carromato rumbo al mercado a entregar las frutas, y como la señora Gertrudis tenía sus años le toco cargar todo hasta su puestito en el mercado. En eso estaba cuando dejó caer una bolsa de patatas al ver la figura de un hombre hermoso.
Era alto, más alto que cualquier hombre que Jensen hubiera visto antes en su vida, y tenía un cabello largo y dorado, como hebras de oro puro cayendo en una cascada perfecta por su espalda. Desde la distancia el pelinegro de la capucha roja pudo distinguir la piel tersa y blanca como el mármol, perfecta sin ninguna imperfección. El hombre era la definición de hermoso, con unos ojos azules que daban una vibra de misterio, peligro y aventura. Pero por sobre todas las cosas lo que más destacaba en el hombre era el collar que tenía sobre su pecho, el cual se notaba bajo su camisa parcialmente desabotonada, Jensen sentía su corazón desbocado ante tal espécimen perfecto de la creación, para el pelinegro ya no era la gravedad lo que lo ataba a este mundo, sino el rubio de piel impoluta. Jensen supo que podía pedirle lo que fuera y él lo haría solo por complacerlo, por más peligroso o ilegal fuera.
-Discúlpame, pero necesito presentarme ante ti – dijo avanzando hasta el alto hombre perfecto. –Mi nombre es Jensen y creo que estoy enamorado de ti, no puedo explicarlo, pero solo con verte me di cuenta que mi vida ya no me pertenecía, sino a ti – dijo arrodillándose – Soy tuyo, desde este día hasta el fin del mundo – sentencio.
