16-12-2025, 11:49 PM
El estallido le llegó a Ubbe como un martillazo seco en el cuerpo.
No fue solo el ruido, ni el fogonazo, ni el aire caliente que le mordió las piernas, fue la sensación inmediata de que algo había cambiado para mal. El suelo ardía bajo sus pies, el terciopelo ennegrecido, chamuscado, y el olor a pólvora y carne quemada se mezclaba con alcohol derramado y sudor viejo. Durante un segundo, solo un segundo, Ubbe se quedó quieto. No paralizado si no, evaluando.
Alzó la vista despacio, girando la cabeza con calma, registrándolo todo como quien disecciona un cadáver demasiado grande. Gente corriendo en estampida, otros follando sin importarles nada, bolas de billar silbando por el aire como proyectiles absurdos, gritos, risas histéricas, fuego. El casino ya no era un casino. Era un desastre, y si bien es cierto que a estos dos buccaneers les gustaba más el desastre como al que más, Ubbe no estaba teniendo su mejor noche, y estaba ya un poco quemado de la situación, nunca mejor dicho.
Bajó la mirada a su propio cuerpo. Las piernas le ardían. No un dolor incapacitante, pero sí el suficiente para saber que aquello iba a empeorar si lo dejaba pasar. Quemaduras superficiales, impacto por onda expansiva, contusiones claras. Luego miró a Sigurd, y a su alrededor. Estaba empezando a estar cansado ya de la locura en la que se estaba convirtiendo la noche.
-Esto se está yendo a la fucking shit, man...- gruñó para sí mismo.
Metió la mano en uno de los compartimentos de su equipo y sacó el ungüento. Lo aplicó sin ceremonia, pero a máxima velocidad, extendiéndolo sobre la piel enrojecida de las piernas con presión firme, experta. El frescor químico hizo su trabajo casi al instante, apagando parte del ardor, devolviéndole margen de maniobra. No era una cura milagrosa. Era mantenimiento de emergencia. Lo justo para seguir en pie.
Cuando volvió a incorporarse, lo hizo con el gesto serio de alguien al que se le ha acabado la paciencia. Ravena ya no estaba. La había perdido entre el caos, y por primera vez en toda la noche eso no le produjo curiosidad ni frustración, sino una molestia sorda. La fiesta ya no compensaba.
Había perdido dinero. Había perdido tiempo. Había perdido una noche que prometía otra cosa.
En ese momento, otra bola de billar pasó silbando demasiado cerca, rompiendo el pensamiento de Ubbe por un instante.
Se giró hacia Sigurd, no había pánico en su mirada, ni urgencia histérica. Solo decisión.
-Brother -dijo, grave- esta fiesta en una shit, te guste o no nos vamos a largar, my man, estoy hasta la polla ya.
No esperó respuesta.
Avanzó un paso, luego otro, y cuando vio que Sigurd seguía anclado al centro del desastre, hizo lo que tenía que hacer. Clavó los pies, tensó el cuerpo y tiró de él. No como una súplica. Como una orden física. Durante un instante, incluso Sigurd notó que Ubbe estaba empujando más allá de lo habitual; no por rabia, sino por pura necesidad. La fuerza extra brotó como un resorte comprimido demasiado tiempo.
- Let's go, coño -gruñó
Ubbe avanzó unos cuantos metros, arrastrando la situación fuera del punto más castigado por explosiones y proyectiles. Cada paso era una retirada táctica, no una huida. El suelo temblaba, las bolas seguían volando detrás, pero el ángulo cambiaba, el peligro inmediato disminuía.
Se detuvo lo justo para girar la cabeza, mirar atrás una vez más, pensando en el caos que había acabado sucediendo esa noche, había perdido pasta, había perdido su ligue, y ahora encima, le habían pegado una buena hostia entre la explosión y el fuego. En ese momento se fijó en la barra del casino.
Sus labios cambiaron a una sonrisa ladeada, ocurriéndosele una idea para, al menos, llevarse algo positivo de la noche.
- Esto no va a quedar asi, baby! -murmuró para sí
No fue solo el ruido, ni el fogonazo, ni el aire caliente que le mordió las piernas, fue la sensación inmediata de que algo había cambiado para mal. El suelo ardía bajo sus pies, el terciopelo ennegrecido, chamuscado, y el olor a pólvora y carne quemada se mezclaba con alcohol derramado y sudor viejo. Durante un segundo, solo un segundo, Ubbe se quedó quieto. No paralizado si no, evaluando.
Alzó la vista despacio, girando la cabeza con calma, registrándolo todo como quien disecciona un cadáver demasiado grande. Gente corriendo en estampida, otros follando sin importarles nada, bolas de billar silbando por el aire como proyectiles absurdos, gritos, risas histéricas, fuego. El casino ya no era un casino. Era un desastre, y si bien es cierto que a estos dos buccaneers les gustaba más el desastre como al que más, Ubbe no estaba teniendo su mejor noche, y estaba ya un poco quemado de la situación, nunca mejor dicho.
Bajó la mirada a su propio cuerpo. Las piernas le ardían. No un dolor incapacitante, pero sí el suficiente para saber que aquello iba a empeorar si lo dejaba pasar. Quemaduras superficiales, impacto por onda expansiva, contusiones claras. Luego miró a Sigurd, y a su alrededor. Estaba empezando a estar cansado ya de la locura en la que se estaba convirtiendo la noche.
-Esto se está yendo a la fucking shit, man...- gruñó para sí mismo.
Metió la mano en uno de los compartimentos de su equipo y sacó el ungüento. Lo aplicó sin ceremonia, pero a máxima velocidad, extendiéndolo sobre la piel enrojecida de las piernas con presión firme, experta. El frescor químico hizo su trabajo casi al instante, apagando parte del ardor, devolviéndole margen de maniobra. No era una cura milagrosa. Era mantenimiento de emergencia. Lo justo para seguir en pie.
Cuando volvió a incorporarse, lo hizo con el gesto serio de alguien al que se le ha acabado la paciencia. Ravena ya no estaba. La había perdido entre el caos, y por primera vez en toda la noche eso no le produjo curiosidad ni frustración, sino una molestia sorda. La fiesta ya no compensaba.
Había perdido dinero. Había perdido tiempo. Había perdido una noche que prometía otra cosa.
En ese momento, otra bola de billar pasó silbando demasiado cerca, rompiendo el pensamiento de Ubbe por un instante.
Se giró hacia Sigurd, no había pánico en su mirada, ni urgencia histérica. Solo decisión.
-Brother -dijo, grave- esta fiesta en una shit, te guste o no nos vamos a largar, my man, estoy hasta la polla ya.
No esperó respuesta.
Avanzó un paso, luego otro, y cuando vio que Sigurd seguía anclado al centro del desastre, hizo lo que tenía que hacer. Clavó los pies, tensó el cuerpo y tiró de él. No como una súplica. Como una orden física. Durante un instante, incluso Sigurd notó que Ubbe estaba empujando más allá de lo habitual; no por rabia, sino por pura necesidad. La fuerza extra brotó como un resorte comprimido demasiado tiempo.
- Let's go, coño -gruñó
Ubbe avanzó unos cuantos metros, arrastrando la situación fuera del punto más castigado por explosiones y proyectiles. Cada paso era una retirada táctica, no una huida. El suelo temblaba, las bolas seguían volando detrás, pero el ángulo cambiaba, el peligro inmediato disminuía.
Se detuvo lo justo para girar la cabeza, mirar atrás una vez más, pensando en el caos que había acabado sucediendo esa noche, había perdido pasta, había perdido su ligue, y ahora encima, le habían pegado una buena hostia entre la explosión y el fuego. En ese momento se fijó en la barra del casino.
Sus labios cambiaron a una sonrisa ladeada, ocurriéndosele una idea para, al menos, llevarse algo positivo de la noche.
- Esto no va a quedar asi, baby! -murmuró para sí
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