17-12-2025, 12:03 AM
Día 17 de otoño, isla karate:
Escenario actual…
El día estaba relativamente soleado en isla karate para ser otoño, el viento soplaba como llamando al cambio de época con un leve frio en que vendría para el invierno, la gente caminaba por las calles de distintas ciudades, junto a los miles de dojos que había por todas las ciudades de la dignísima y poderosa isla, pues si de algo se caracterizaba aquella isla era por sus poderosos guerreros, en donde algunos practicaban patadas, otros comían como cerdos… Y otros tantos de gente meditaban para controlar energías metafísicas mas allá de nuestra compresión, viendo cercano a una de las vías principales de la isla a un chico de alrededor unos dieciséis años en una pose perfecta de reflexión intensa, con un pelo azabache, una capucha extrañamente decorada y una bufanda que terminaba un luck extremadamente raro para la época en la que vivimos, donde aún no nevaba y mucho menos hacia tanto frio como la gente decía… Alrededor de él, por otro lado un ambiente de murmullos y mirones se deslumbraban por lo extraño del sujeto ¡Y no por nada! Después de todo, algunos decían que era un poderoso guerrero que vendría a desafiar a alguno de los dojos cercanos, otros decían que era en realidad el verdadero rey del karate que gobernaba la isla, a veces algún loco decía que era el guerrero legendario de la isla y finalmente otros decían que debía ser un matado fingiendo ser especial… Porque… ¿Quién coño se ponía musgo y plantitas encima al meditar? Lo cierto, es que aquel musgo que traía encima hacia parecer que era un guerrero de otra época, o simplemente un monje que habría pasado años ahí mismo.
Lo cierto es que incluso habían llegado algunos hombres que discutían por quien sería el que podría llevarse a su dojo a aquel sujeto como nuevo recluta, auspiciándolo que sería su próxima gallina de los huevos de oro para las peleas y no mentían, después de todo, se decía mucho de sus proezas y el chico no se veía débil, el agua fluía al frente de el dado que se encontraba sentado en una piedra cercana a una fuente y un par de árboles, haciéndole lucir como una verdadera estatua viviente… En lo que tu… Tal vez te acercarías para ojearle, lo cierto era... Que el chico tal vez estaba simplemente dormido, y que no respondía ante nadie aun, después de todo… Estaba en un profundo trance.
El cual alguien del publico estaba dispuesto a cortar, por lo que, será mejor que él cuente su historia.
Un par de horas antes…
Me encontraba con un hambre tan mortal, que muchos de los chicos de aquella tripulación se habrían reído de mi desde las tumbas ¡Como me había podido equivocar en los cálculos de la comida hace dos días! Estaba bastante famélico y deseoso de mendigar (O robarle a alguien) para poder disfrutar de algún platillo típico de la isla, después de todo, yo no era de la gente que pudiese rechazar una comida, el que nunca a pasado hambre no podía quejarse de que comer… Y yo disfrutaría de hasta el último platillo que podría devorar, por lo que en las últimas mi mente empezó a desvariar con usar mis poderes, pero había tantísima gente que pocos no se alarmarían de verme transformado, era una calle transcurrida y estaba al lado de una vieja fuente donde veía a varios monjes meditar, lo cual hacía que me plantease como es que ellos podían sobrevivir con sus huesos tan rígidos y escuálidos que bueno… Si lo comparabas conmigo no es que fuese tan diferente… Pero, que si era claro que no estaba enfermo.Entonces fue cuando se me ocurrió una idea ¡Y una bastante buena! Podía usar mi fruta del diablo sin que nadie lo notase, para poder alimentarme como si de una planta pensante se tratase, solo debía quedarme quieto imitando a aquellos monjes que tarde o temprano se irían, así podría tener una comida un poco más nutritiva a base de luz solar, sin que otras personas me molestasen ¡Y así no tendría que pasar tanta hambre mientras robaba algo para comer mejor! Así pues, de un solo salto, llegué a aquella piedra cercana a la fuente, en donde rápidamente me puse en posición de monje digna de ser de alguna isla prestigiosa como esta… La gente no se me acercaba a molestarme, no me estaban robando… Y por suerte para mi ¡No metían tanto ruido…! O por lo menos así fue hasta que esta muchedumbre llego.
