[T1- Autonarrado] Otro día más cumpliendo la promesa
#2
Día 77 de primavera del año 8.45 a.m.
 
Las palabras del viejo maestro desilusionado por aquella árida isla habían hecho mella en este, ya desesperado ornitorrinco. Le serví un té a Morrel y una infusión de algas a mí. El día anterior debía haber comprado más de esa rica planta. Solo quedaba para un desayuno y eso me hizo a mí beber la infusión recolectada por mí mismo. Tras un saladísimo sorbo, miré al mink cabra, con su perilla siempre bien peinada y sus cuernos relucientes y le comenté que había estado pensando en sus palabras de la noche anterior. Había decidido que, si no llegaba ese barco y esa señal en una semana, quería decir que los dioses no esperaban que me convirtiese en pirata, y que él debía ser mi compañero de viajes, el que me había acompañado toda mi vida, el único que no me había abandonado en mi loca decisión de viajar por el mundo y atravesar el Red Line por el otro extremo. Claro que debía ser él, en qué estaba pensando? Solo había una forma de averiguarlo. La semana siguiente, saldría de aquella isla en un barco o junto a Morrel. Salí de casa como siempre, tan apartada de los pueblos, al otro lado de la barranca profunda y de la mina de oro que nadie querría ir hasta allí. No había nada de interés, realmente. Dejé, como cada mañana, mi túnica en el respaldo de la silla al lado de la puerta y me dirigí al agua. El mar estaba algo más picado de lo habitual, pero no me llamó demasiado la atención y me eché a nadar. Recogí donde siempre, unas cuantas algas y esta vez encontré cuatro pececillos para la cena. Al llegar a casa de nuevo, mi maestro estaba mirándome sonriente y con un ligero brillo de nostalgia en su cara, como hacía mucho que no me miraba. -Creo que los dioses sí te sonríen, después de todo, mi querido Sage. Sabes qué? Estoy muy a gusto aquí, en verdad. Hoy iré yo al pueblo y comparé lo que nos hace falta para sobrevivir un mes.- Lo miré extrañado y me encogí de hombros. Me puse mi túnica, agarré mi bastón y me fui a dar un paseo, rodeando por el norte los pueblos hacia la mina de oro. Morrel salió detrás de mí, con su túnica también. Estaba bastante más nueva que la mía, pues había tenido la genial idea de pedirle a los ancianos una nueva antes de partir. Cerró con llave, se colgó la manija de un cinturón que llevaba sobre la vestimenta reglamentaria de la tribu y partió hacia el pueblo Goruden.
 
Yo iba por un camino pedregoso, pensando en mis cosas, apoyado en el bastón que me había dado el sobrenombre de Sage, por el que me conocía todo el mundo. De hecho, solo los miembros de la tribu me conocían por mi verdadero nombre, puesto que nunca me presentaba con él. Sage era mi título, los dioses así lo habían querido y así me llamaría a partir de ahora. Comencé a contarle al báculo, pues sabía que, como todo, tenía alma, lo que me preocupaba. Sabía que no me respondería, no estaba loco, pero sí me aliviaba la mente hablar y poder decirlo en voz alta. La verdad es que no quería dejar a Morrel atrás. Realmente quería continuar mi viaje junto a él, pero sabía que no aguantaría un camino tan largo. Desde que habíamos llegado a la maldita árida isla, había engordado hasta ser el doble de lo que era cuando llegó. Se pasaba el día tirado en una silla o en el Saloon bebiendo cerveza y fumando en pipa. El tabaco había amarilleado aún más sus dientes y ya no tenía la agilidad de antaño.
 
-Sabes una cosa?- Le conté a mi bastón, aprovechando la soledad del camino- Creo que partiré solo al acabar la semana. Me iré nadando, y así Morrel se irá con la barca a que los miembros de nuestra tribu lo cuiden como se merece. Se que les escribe todas las semanas contando como estamos y que los tiene localizados.
Estaba ya en lo alto de uno de los picos de la isla. Se veían los dos pueblos y la barranca, quizá mi lugar favorito para sentarme, pensar e imaginarme un barco llegando y uniéndome a una tripulación de seres increíblemente fuertes. En ese preciso instante, alcé la vista hacia el mar, pensando en la posibilidad de ver un futuro mejor, que la diosa de la naturaleza, Dhanna me aguardaba en otra isla en aquella dirección. Vi algo que me impactó. Barcos, Y se dirigían hacia la isla. Estaban muy separados entre ellos, pero venían hacia aquí. Seguramente llegarían por la mañana o al anochecer. Salté de alegría, pero al caer, di con una piedra y rodé colina abajo hasta dar con la cabeza en una gran roca.
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Me desperté por la noche, desorientado y mareado. No sé que pasó. No se en que lugar estaba. Solo, con dolor de cabeza. Me levanté y vi a mi alrededor. Cogí un palo de madera largo que estaba allí tirado y caminé hacia la costa. Me senté en la orilla, con mis patas en el agua, intentando pensar. Los dioses estaban jugando conmigo?, o solo era parte de su plan? Tenía claro que existían, pero no sabía sus nombres, no sabía qué hacía cada uno, la cabeza me daba vueltas y todas las ideas que venían a ella eran confusas. Gorilas, gacelas, ornitorrincos… Donde estaban todos aquellos minks de los que tenía imágenes en la cabeza? Era mi familia?  Quién me había hablado de ellos? De donde venía? No recordaba nada. Ni siquiera quien era...


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RE: [T1- Autonarrado] Otro día más cumpliendo la promesa - por Plátypo - 28-10-2023, 12:49 PM

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