18-12-2025, 01:07 AM
Día 5, Invierno, Año 16
La Selva Anozama, una de las más frondosas en el mundo, un núcleo de biodiversidad EN EL South Blue, por no decir la más grande maravilla natural del Reino Samba. Lleno de animales salvajes, plantas exóticas y más de un sendero confuso de seguir, la clase de lugar con el que niños y adultos fantasean al imaginar épicas aventuras y travesías. ¿Tal vez reinos olvidados se esconderían allí? ¿Secretos más antiguos que la Samba mismas? ¿Algún tesoro olvidado por piratas de antaño buscando evadir a la marina? ¡Una infinidad de posibilidades para los valientes, los insensatos, y todo lo que hubiese entre ambos grupos!
Para cierta Mink liebre, no era más que la selva donde pasar el verano, como ya hacía desde sus tiernos doce años.
- Ah, que bien sienta el calor tropical~ -Era, como mínimo, una imagen curiosa. Como quien se pasea por su casa, caminaba la imponente figura de Mei Blackclaw, cuatro metros de Mink que no debía de envidiarle en lo más mínimo su tamaño a los depredadores que pudiesen estar rondando. Básicamente desnuda, cubierta con nada más que unas bragas negras -Claramente hechas a mano- y sus propias masivas orejas recayendo sobre su pecho, la enorme liebre no parecía tener preocupación alguna. Su pelaje goteaba, por suerte no sudor, solo agua que ya empezaba a secarse un poco. Cargando con ella una lanza de madera recién tallada -Que considerando su tamaño, parecía más un enorme poste con una punta afilada-, esta tenía ensartados varios peces en distintos estados de medio morir, algunos aun moviéndose un poco por espasmos post mortem.
- Pescado, pescado, asamos el pescado~ -Canturreo para sí misma, ya llegando a una rudimentaria fogata, contenida por simples piedras que ella misma había movido unas horas antes. A su derecha descansaba un refugio rudimentario, construido con troncos y hojas y un par de lianas para mantenerlo todo atado, así como una cama de hojas y enormes cabezas de flores que, sinceramente, debía de ser mejor que dormir directamente sobre el piso. No era nada del otro mundo, pero aun así era un campamento más funcional de lo que muchos podrían preparar. Para Mei, no era más que tradición, el mismo refugio que su padre armaba para ellos todos los inviernos, dispuestos a pasar los meses más fríos del año disfrutando del calor tropical. Era… Bueno, era su primer año desde su arresto, estando sola en aquel lugar. Por más que intentaba mantener arriba el ánimo, no se sentía igual.
- Esto aquí… -Trabajando lento y con calma, porque prisa realmente no tenía, Mei se dispuso a acomodar su botín sobre el fuego. Usando su propia garra índice derecha, haría un tajo en los vientres de todos los peces, sacándoles las entrañas y tirándolas a un costado. No era el trabajo más limpio, que ni ella era cocinera ni sus garras eran cuchillos, pero era suficiente. Hecho eso, cada pescado terminaría atravesado por una estaca más pequeña y puesto al fuego abierto para asarse. Tomaría un rato y sin sal no sabrían espectacular, pero…- A ti te quedaban mejor pá -Un susurro al aire, lleno de nostalgia y anhelo, todo lo que le quedaba.
