18-12-2025, 03:20 AM
La isla del karate no era, ni de cerca, el lugar más amigable del mundo para alguien que prefería el sonido de un arpa al de los huesos crujiendo. Elara caminaba por una de las calles, intentando que su presencia pasara lo más desapercibida posible, aunque sus alas por más que las encogiera siempre terminaban llamando la atención de algún curioso o de alguna curiosa. Llevaba horas intentando practicar su sentido de la orientación, algo que se le daba casi tan mal como mantener el equilibrio en superficies que eran más planas. Se suponía que debía encontrar un punto específico para una misión de la Armada revolucionaria, pero lamentablemente a estar alturas, ya no sabia si estaba en el sector comercial o si se había metido en el patio trasero de algún dojo de mala suerte.
— A ver... el mapa decía que debía girar donde está la estatua del puño... ¿o era el pie? ¡Ay, nee~! —susurró para sí misma, deteniéndose en seco y dándole vueltas al papel que sostenía con manos temblorosas.
La pobre Elara, estaba demasiado nerviosa. Cuando Elara se ponía así, su torpeza se multiplicaba por 100. Sus pies, parecían tener vida propia y decidir que el suelo era su enemigo para morir. Intentó retomar la marcha con un paso decidido, queriendo demostrar a si misma que podía ser esa aventurera valiente que sus padres imaginaban, pero en realidad ella era otra, muy diferente. Ella comenzó a mirar todas las cosas, y se distrajo con un puesto de dulces, y en un segundo de desconexión entre su cerbero y sus piernas, su pie izquierdo cho contra un pequeño desnivel en el suelo. Una torpeza que lamentablemente Elara estaba más que acostumbrada.
El resultado fue un impulso hacia adelante, un "vuelo" rasante que terminó de la manera más estrepitosa posible. No impactó contra el suelo, lo cual fue una suerte inicial, pero el choque fue seco, firme y... extrañamente cálido.
![[Imagen: 3YlHXgM.png]](https://i.imgur.com/3YlHXgM.png)
— ¡Lo siento! ¡Perdón, perdón! ¡Nee~! —exclamó antes de siquiera levantar la vista, con el rostro hundido en lo que parecía ser una pared de carne y hueso.
Sin embargo, al intentar retroceder para pedir disculpas como era debido, sus ojos verdes esmeralda se toparon con una visión que paralizó sus alas de inmediato. No era una pared. Era un hombre. Y no cualquier hombre; era alguien altísimo, de una presencia imponente y una piel tan blanca que parecía como si el ángel fuera él, y no ella. Elara, cuya estatura de 165 cm la dejaba en una posición de clara desventaja visual, levantó la mirada lentamente, pero sus ojos se detuvieron, traicioneros, en la zona donde su rostro había impactado hace apenas un segundo.
Debido a su fetichismo, el mundo se le veía a ella en una cámara lenta. El hombre, un albino de rasgos gélidos, llevaba la ropa lo suficientemente abierta como para dejar a la vista unos pectorales marcados y firmes, que bajo la luz del sol, parecían tener un relieve casi perfecto.
Elara sintió que su temperatura aumentó, mientras que sus mejillas se volvieron muy rojas. Sus alas se movían muy felices por lo que estaba viendo, pero eso lo más seguro que provocaba que estuviera en una situación que era un tanto incómoda. Pero no quería estar en una situación que fuese demasiado incómoda.
![[Imagen: vttb42L.png]](https://i.imgur.com/vttb42L.png)
— Yo... yo no... es decir... ¡la pared estaba muy blanda! ¡No! ¡Usted no es una pared! —balbuceó, perdiendo por completo el hilo de la lógica debido a su honestidad impulsiva—. ¡Es que tiene unos... pectorales muy... muy sólidos! ¡Nee~ ✿!
Se tapó la boca con ambas manos en cuanto procesó lo que acababa de decir. Quería desaparecer, quería que el suelo se abriera y la devolviera a Skypiea de un solo golpe. Se quedó ahí, quietita, con las orejas puntiagudas vibrando de la vergüenza y los ojos bien abiertos, observando al albino con una mezcla de terror puro y una admiración que no podía ocultar. Su aura angelical la hacía ver como una criatura indefensa que acababa de cometer el crimen más tierno del mundo, pero por dentro, Elara solo podía pensar en una cosa: Owen la mataría si supiera que se había perdido... y que se había quedado embobada mirando el torso de un desconocido en medio de la calle.
— A ver... el mapa decía que debía girar donde está la estatua del puño... ¿o era el pie? ¡Ay, nee~! —susurró para sí misma, deteniéndose en seco y dándole vueltas al papel que sostenía con manos temblorosas.
La pobre Elara, estaba demasiado nerviosa. Cuando Elara se ponía así, su torpeza se multiplicaba por 100. Sus pies, parecían tener vida propia y decidir que el suelo era su enemigo para morir. Intentó retomar la marcha con un paso decidido, queriendo demostrar a si misma que podía ser esa aventurera valiente que sus padres imaginaban, pero en realidad ella era otra, muy diferente. Ella comenzó a mirar todas las cosas, y se distrajo con un puesto de dulces, y en un segundo de desconexión entre su cerbero y sus piernas, su pie izquierdo cho contra un pequeño desnivel en el suelo. Una torpeza que lamentablemente Elara estaba más que acostumbrada.
El resultado fue un impulso hacia adelante, un "vuelo" rasante que terminó de la manera más estrepitosa posible. No impactó contra el suelo, lo cual fue una suerte inicial, pero el choque fue seco, firme y... extrañamente cálido.
![[Imagen: 3YlHXgM.png]](https://i.imgur.com/3YlHXgM.png)
— ¡Lo siento! ¡Perdón, perdón! ¡Nee~! —exclamó antes de siquiera levantar la vista, con el rostro hundido en lo que parecía ser una pared de carne y hueso.
Sin embargo, al intentar retroceder para pedir disculpas como era debido, sus ojos verdes esmeralda se toparon con una visión que paralizó sus alas de inmediato. No era una pared. Era un hombre. Y no cualquier hombre; era alguien altísimo, de una presencia imponente y una piel tan blanca que parecía como si el ángel fuera él, y no ella. Elara, cuya estatura de 165 cm la dejaba en una posición de clara desventaja visual, levantó la mirada lentamente, pero sus ojos se detuvieron, traicioneros, en la zona donde su rostro había impactado hace apenas un segundo.
Debido a su fetichismo, el mundo se le veía a ella en una cámara lenta. El hombre, un albino de rasgos gélidos, llevaba la ropa lo suficientemente abierta como para dejar a la vista unos pectorales marcados y firmes, que bajo la luz del sol, parecían tener un relieve casi perfecto.
Elara sintió que su temperatura aumentó, mientras que sus mejillas se volvieron muy rojas. Sus alas se movían muy felices por lo que estaba viendo, pero eso lo más seguro que provocaba que estuviera en una situación que era un tanto incómoda. Pero no quería estar en una situación que fuese demasiado incómoda.
![[Imagen: vttb42L.png]](https://i.imgur.com/vttb42L.png)
— Yo... yo no... es decir... ¡la pared estaba muy blanda! ¡No! ¡Usted no es una pared! —balbuceó, perdiendo por completo el hilo de la lógica debido a su honestidad impulsiva—. ¡Es que tiene unos... pectorales muy... muy sólidos! ¡Nee~ ✿!
Se tapó la boca con ambas manos en cuanto procesó lo que acababa de decir. Quería desaparecer, quería que el suelo se abriera y la devolviera a Skypiea de un solo golpe. Se quedó ahí, quietita, con las orejas puntiagudas vibrando de la vergüenza y los ojos bien abiertos, observando al albino con una mezcla de terror puro y una admiración que no podía ocultar. Su aura angelical la hacía ver como una criatura indefensa que acababa de cometer el crimen más tierno del mundo, pero por dentro, Elara solo podía pensar en una cosa: Owen la mataría si supiera que se había perdido... y que se había quedado embobada mirando el torso de un desconocido en medio de la calle.
