18-12-2025, 04:12 AM
Sus gafas de sol le protegían los ojos cuando elevaba la mirada. Ese día, un cielo azul gracias a la radiante estrella les era regalado en la isla Karate, donde artes marciales de diversos tipos eran enseñados, y en el fondo, aquello le instaba a sonreír aunque no estuviese precisamente de buen humor.
Algunos recuerdos, pesados e indiscretos, lo atacaban. Memorias que se bañaban en los mismos rayos de luz que lo cubrían en dicho instante, atados cual hilo rojo a sus cimentos en el Reino Sorbet y cómo se destruyó su vida para siempre desde ese entonces, todo por haber elegido la profesión en la cual se desenvolvía ahora, y por supuesto, la cual se había jurado proteger ante todo, junto a los débiles que se cruzasen en su camino.
Heridas de batalla lo aminoraban físicamente, algunos traumas y miradas fantasma lo perseguían, como sombras bajo un foco eterno. Así y todo, decidía continuar, aunque cueste y cada día pareciese cuesta arriba, porque pese a lo que actualmente representaba su familia, los clanes, la marina se ofreció como refugio para un desamparado que por instantes dejó de verle sentido a todo, y se prometió entregarse al deber.
Entre pensamientos, paseaba, esta vez sin su uniforme porque no estaba prestando servicio pese a que siempre ayudaría a quien lo necesite independientemente del contexto. Se ajustó las gafas y decidió quitárselas, guardándolas en el interior de su haori blanco, cubriendo las telas negras de su prenda superior, ese día planeaba hacer algunas compras y volver a casa en lo que representaba un turno libre del trabajo, sin embargo, parecía que la vida le deparaba otros planes considerando lo que terminó ocurriendo en esa pequeña fracción de segundos donde su vista se vio entorpecida por el cambio de ambiente que percibían, chocándose contra otra presencia a quien identificó de inmediato.
Hasegawa ni siquiera se movió un ápice, pero la chica desconocida rebotó contra su pecho y pareció levemente descolocada cuando se percató de lo sucedido. Ruborizada, quizás la vergüenza de semejante encuentro, y visiblemente confusa, activaron el reflejo protector del marine, quien se inclinó ligeramente hacia ella, intentando inspeccionar que se encuentre bien y no haya recibido ningún tipo de daño serio.
Fue donde señalizó lo de sus pectorales, cubriéndose la boca casi de inmediato tras ello, algo que hizo reír al albino. —No hace falta que te disculpes, de hecho, el descuidado fui yo. —indicaría, dándole una suave palmada en la cabecita. A primera vista, parecía una persona de lo más amable y comprensiva, hasta que claro, su ego desmesurado y la picardía que lo caracteriza entrarían en acción —¡Y tienes razón! Son muy sólidos. —resaltó en tono cantarín, abriendo el haori para lucirlos aún más. Casi que parecían aparecer estrellitas con la pose que utilizó, cómica y caricaturesca, con un gesto bastante soberbio.
Mucho orgullo para un donnadie, pero así vivía feliz.
—¿Te perdiste? ¿Cómo es tu nombre? —Con cada pregunta se movió a los laterales de la desconocida, abruptamente y sin pedir permiso, invadiéndole el espacio personal como si no representase nada y ampliando la sonrisa que ya estaba colocada en su rostro. —Afortunadamente te topaste con el mejor marine de Isla Karate, si necesitas ayuda, ¡Hasegawa Shin lo hará! —remató, aunque semejante afirmación careciese de veracidad o fuentes que lo confirmen. De nuevo, su felicidad no dependía de verdades absolutas.
Algunos recuerdos, pesados e indiscretos, lo atacaban. Memorias que se bañaban en los mismos rayos de luz que lo cubrían en dicho instante, atados cual hilo rojo a sus cimentos en el Reino Sorbet y cómo se destruyó su vida para siempre desde ese entonces, todo por haber elegido la profesión en la cual se desenvolvía ahora, y por supuesto, la cual se había jurado proteger ante todo, junto a los débiles que se cruzasen en su camino.
Heridas de batalla lo aminoraban físicamente, algunos traumas y miradas fantasma lo perseguían, como sombras bajo un foco eterno. Así y todo, decidía continuar, aunque cueste y cada día pareciese cuesta arriba, porque pese a lo que actualmente representaba su familia, los clanes, la marina se ofreció como refugio para un desamparado que por instantes dejó de verle sentido a todo, y se prometió entregarse al deber.
Entre pensamientos, paseaba, esta vez sin su uniforme porque no estaba prestando servicio pese a que siempre ayudaría a quien lo necesite independientemente del contexto. Se ajustó las gafas y decidió quitárselas, guardándolas en el interior de su haori blanco, cubriendo las telas negras de su prenda superior, ese día planeaba hacer algunas compras y volver a casa en lo que representaba un turno libre del trabajo, sin embargo, parecía que la vida le deparaba otros planes considerando lo que terminó ocurriendo en esa pequeña fracción de segundos donde su vista se vio entorpecida por el cambio de ambiente que percibían, chocándose contra otra presencia a quien identificó de inmediato.
Hasegawa ni siquiera se movió un ápice, pero la chica desconocida rebotó contra su pecho y pareció levemente descolocada cuando se percató de lo sucedido. Ruborizada, quizás la vergüenza de semejante encuentro, y visiblemente confusa, activaron el reflejo protector del marine, quien se inclinó ligeramente hacia ella, intentando inspeccionar que se encuentre bien y no haya recibido ningún tipo de daño serio.
Fue donde señalizó lo de sus pectorales, cubriéndose la boca casi de inmediato tras ello, algo que hizo reír al albino. —No hace falta que te disculpes, de hecho, el descuidado fui yo. —indicaría, dándole una suave palmada en la cabecita. A primera vista, parecía una persona de lo más amable y comprensiva, hasta que claro, su ego desmesurado y la picardía que lo caracteriza entrarían en acción —¡Y tienes razón! Son muy sólidos. —resaltó en tono cantarín, abriendo el haori para lucirlos aún más. Casi que parecían aparecer estrellitas con la pose que utilizó, cómica y caricaturesca, con un gesto bastante soberbio.
Mucho orgullo para un donnadie, pero así vivía feliz.
—¿Te perdiste? ¿Cómo es tu nombre? —Con cada pregunta se movió a los laterales de la desconocida, abruptamente y sin pedir permiso, invadiéndole el espacio personal como si no representase nada y ampliando la sonrisa que ya estaba colocada en su rostro. —Afortunadamente te topaste con el mejor marine de Isla Karate, si necesitas ayuda, ¡Hasegawa Shin lo hará! —remató, aunque semejante afirmación careciese de veracidad o fuentes que lo confirmen. De nuevo, su felicidad no dependía de verdades absolutas.
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
