[Pasado] El lago de los maestros | Social
#2
El calor llevaba horas persiguiéndome como una mala idea que no sabes cuándo decidiste tener. Isla Kárate podía ser muchas cosas, según algunos: disciplinada, intensa, solemne hasta el extremo, pero aquel día era, sobre todo, un horno. Y yo, que mido lo que mido y tengo la tolerancia al bochorno de una piedra lanzada al sol, llevaba ya demasiado rato maldiciendo en silencio a todo aquel que hubiese decidido que entrenar bajo ese cielo era una buena filosofía de vida.

Por eso puse rumbo a un famoso lago. No debería haber ido. Lo sabía. Lugar sagrado, respeto, tradición, disciplina. Todas esas palabras que pesan mucho cuando te las dicen, pero que se evaporan un poco cuando el sudor te baja por la espalda y sientes que te vas a derretir como cera barata. Así que ahí estaba yo, avanzando entre el bambú, con la cola pegajosa y el humor a medio camino entre el sarcasmo y la resignación.

Y entonces lo vi. Un tipo. Grande, aunque para mí todos sean grandes. Relajado. En el agua. Parpadeé una vez. Luego otra. Me llevé las manos a las caderas, incrédula. No solo había alguien en el lago: estaba a gusto. Espalda contra la roca, brazos tras la cabeza, como si aquello fuese una bañera privada y no un sitio reverenciado por generaciones de artistas marciales con demasiada disciplina y muy poca imaginación. Que envidia insana.

— ¿…en serio? —murmuré para mí, sin darme cuenta de que ya estaba avanzando hasta una piedra cercana al borde. Me subí a una piedra cercana para que me viera, porque gritar desde abajo siempre acaba en humillación, y me aclaré la garganta—. Oye —dije, alzando la voz lo justo—. Dime que eres un espíritu del lago, porque si eres humano, me temo que estás cometiendo un crimen capital —me crucé de brazos, la cola moviéndose despacio detrás de mí, evaluándolo con curiosidad descarada—. ¡Pero tranquilo! —añadí con animosidad, antes de que reaccionara mal—. No voy a delatarte. Bastante tengo con no derretirme yo.

Miré alrededor por puro reflejo. Nadie. Ni un monje. Ni un aprendiz. Ni un anciano dispuesto a gritarnos. El lago seguía tranquilo, brillante, casi burlón. Suspiré. Después lo miré. Y, por un segundo, pensé que quizá yo también pudiera disfrutar de esas aguas. Fue entonces cuando todo se fue a la mierda. La piedra sobre la que me había colocado, cerca del lago, estaba caliente. Demasiado. Y yo, que peso poco y confío más de la cuenta en superficies traicioneras, resbalé. Un gesto torpe, una cola mal colocada, y de pronto el mundo giró—. ¡Eh—! —no grité. No tuve tiempo. Solo sentí el vacío breve y luego el agua cerrándose sobre mí con un plof ridículo, indigno, completamente contrario a cualquier idea de dignidad.

Salí a la superficie escupiendo, empapada, con el pelo pegado a la cara y una expresión que prometía violencia—. ¡NO DIGAS NADA! —advertí a aquel desconocido, señalándolo con un dedo tembloroso.

El silencio volvió en una extraña calma. El lago seguía igual de tranquilo. Como si acabara de tragarse mi dignidad y no le importara lo más mínimo. Lo cierto es que no era todo tan tranquilo como parecía, pues el ligero chapoteo de mis manos en el agua, luchando por mantenerme a flote era perceptible, al menos para mí. Quizás el lago no era exageradamente profundo pero dada mi altura, cualquier pequeño charco, parecía el más grande de los océanos.
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RE: [Pasado] El lago de los maestros | Social - por Alana Sahiba - 18-12-2025, 11:51 AM

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