[Pasado | Social | Owen] El robo menos sutil de la historia
#1
Verano, Año 16

Poca gente se lo veía venir, probablemente por su aspecto bestial y aparentes costumbres de cabeza de músculo, pero eso no cambiaba que leer fuese el hobby preferido de Mei. Un amor que había sido nutrido por su padre, que ahora era parte de la identidad de la Mink. Que sí, que le era físicamente incómodo sostener libros hechos para manos humanas, con sus manos masivas y un poco absurdas, y claro que rara vez se podía comprar uno en buenas condiciones que no se terminase de romper a los pocos meses, pero eso no le quitaba la felicidad de leer uno nuevo. Eso era lo único que apaciguaba un tanto su conciencia al momento de robarlos, que en general no le molestaba robar, pero podía imaginarse lo que se sentiría que le robasen a ella algo tan importante y mucha gracia no le hacía.
 
¿Y por qué estaría dándole vueltas Mei al asunto de robar libros? Pues obviamente porque hoy planeaba hacerlo.
 
Era un día como cualquier otro en la Isla del Karate, con gente trabajando en los campos de arroz y muchos, muchos otros sufriendo con el abrumador entrenamiento de los dojos. Todavía era relativamente temprano, el sol apenas había salido unas horas atrás, y los pueblos y villas más cercanos a los arrozales permanecían medio vacías. Mei, aplicando todo el conocimiento pirata que su padre le había heredado, se había levantado temprano, solo para caminar hasta el lado opuesto de la isla. Lógica básica, realmente, por no decir el querer evitar meter en problemas a quien la estaba hospedando. Dispuesta a irse a cazar libros, todo su plan dependía de poder encontrar algunos que fuesen fácil de agarrar y correr. Luego de mucho caminar, de darse vueltas por una aldea que apenas conocía y ser el objeto de muchas miradas curiosas su objetivo se daría a conocer: Un joven pelirrojo, leyendo con toda la calma del mundo en las afueras. Junto a él un par más de libros que, si Mei podía adivinar por los nombres que apenas podía leer de lejos, debían de ser ficción.
 
Demasiado perfecto como para que se pudiese resistir. El pisoteo de su pata derecha contra el piso delataba su ansiedad.
 
- Espero algún día puedas perdonarme, diminuto pelirrojo, pero en serio quiero esos libros -Fue el único pensamiento de Mei antes de abalanzarse por su presa. El tema del sigilo se le daba así como muy, muy mal, entre medir cuatro metros y sus pisadas fuertes poco valía la pena intentarlo. No, la estrategia de Mei era otra: Abusar de su anatomía animal y su absurda zancada para entrar, tomar lo que quisiese, y salir corriendo. Era un espectáculo, realmente, ver a sus poderosas piernas hacerla saltar hacia adelante, sus orejas sacudiéndose de forma turbulenta, sus garras lanzándose al frente como si estuviese por echar a correr a cuatro patas -Cosa que podía hacer, si quisiese-. El pobre muchacho de más que lo sentiría venir, que una liebre gigante se le había abalanzado por la espalda sin sutileza alguna. Sería solo un instante, pero Mei lo aprovecharía para agarrar los libros al lado del joven, los cuales abrazaría contra su pecho al caer y rodar por el piso, solo para terminar apoyada en su mano izquierda como si de un animal cojo se tratase.
 
- Um… ¿Perdón? -Sería lo único que diría la muchacha, su mirada mostrando que buscaba una ruta de escape más que remordimiento sincero. Un segundo de incómodo silencio y bam, nuevamente echaría Mei a correr, ahora a tres patas -Su mano derecha aún abrazaba los libros como si su vida dependiese de eso-, claramente intentando alejarse lo más rápido posible de la escena del crimen.
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[Pasado | Social | Owen] El robo menos sutil de la historia - por Mei Blackclaw - 18-12-2025, 06:06 PM

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