18-12-2025, 07:50 PM
Hasta ahora la palabra sobrevivir era la que más encajaba con el panorama actual. Un sitio olvidado donde la muerte es el pan de cada día. Un basurero en el sentido literal de la palabra, esa es Sorbet Sur. Famosa por no querer ser visitada por nadie. Es el sitio donde la marina no toma parte salvo sea porque los nobles lo exigen y no, no es para ayudarlos sino para resguardar la vida de los más acomodados. Caminaban todos en conjunto entre las, cada vez más pequeñas, calles del lugar. El simple hecho de estar en el sitio unos cuantos minutos es suficiente para que cualquiera no se mostrase indiferente. Si bien los sentimientos del grupo de piratas no se manifestaban, queda en el interior de cada uno como se sienten al respecto: empáticos, indiferentes, etc.
Están lejos de ser justicieros, están lejos de poder limpiar cualquier pequeño rastro de maldad del mundo o de supuesta justicia. Lo que hoy se les presenta es una oportunidad de poder saber qué tan lejos pueden llegar por terceros y a través de ello sacar provecho para sus futuros objetivos. Frente a toda esa nueva escena el primo de Dharma se quedó callando esperando que sea Kyo quien tome la decisión sobre cómo actuarían. La decisión debe ser respetada a carta cabal, después de todo desde que se formaron las decisiones del capitán han sido prudentes y objetivas en beneficio de todos; pero, sobre todo, se manifiesta una jerarquía que se debe mantener.
Conforme pasaban los segundos quedaba, una vez más, la clara diferencia de poder que tienen los residentes frente a sus opresores. Uno de sus enemigos con un arma y debidamente alimentado es igual o más que cinco de los pobladores. Algo es cierto en ese tipo de situaciones, cuando uno de los bandos cree estar en mayor ventaja tiende a querer acabar con el otro sin importarle hacer uso total de sus habilidades desde un inicio. Es eso, tienen pocos minutos para decidir si los ayudaban o no. De ayudarlos y con el tiempo en contra, porque seguramente se darían cuenta de la demora del tipo muerto, tienen poco espacio para preparar una suerte de estrategia que aumente en algo sus probabilidades de tener una oportunidad. La mente del meno de los Zar ya sorteaba los posibles escenarios. Restaba el intercambio de palabras, es todo.
Dharma observando con su parsimoniosa actitud e imponente mirada a todos los ahí presentes, no había mucho que hacer o decir sobre la situación en que se encontraban, prepararse para lo que venia era algo relativamente sencillo. Comenzó a caminar entre las personas, sus botas hacían un suave ruido en el suelo empedrado y sin acercarse demasiado al epicentro de la situación, se mantenía distante pero atento, no sabía que sucedía, pero bueno quizá algo interesante surgía de algo tan curioso, tenía mucho tiempo que no presenciaba una situación así y aunque deteste a las personas débiles, admiraba cuando un grupo decidía detener a sus abusadores, sean reyes, marina, piratas, todo aquel que sufra a causa de otro y no tiene el valor de sobreponerse por el miedo y el temor a la muerte, merece no existir, pues es solo un pequeño grano de arena sin sentido en el inmenso mar de la existencia.
Así caminaba en ese lugar, la gente murmuraba, pero cada quien daba sus conclusiones, mientras tanto el espadachín iba con precaución pero con mucha confianza y como siempre también portando sus espadas en la espalda listo para desenfundarse en caso de ser necesario, sus sentidos estaban alerta y sus habilidades dispuestas, podrían ayudarle en una situación sorpresiva, quizá solo era una pequeña trifulca, pero bueno nunca le gustaba se sorprendido y nunca sucedía así.
|Supongo que no hay de otra.|
Dharma no era un tipo de héroe o santo bondadoso y generoso para salvar la vida de insignificantes personas, pero el tener una trifulca le molestaría bastante sus últimos días en esa isla, además derramar sangre sin sentido le parecía de lo más estúpido, si alguien debía morir seria la cabeza más importante de aquellos criminales, además matar sabandijas era algo que sus propias creencias le permitían hacer, entrenado desde niño para asesinar a aquello que no mereciera una existencia, por la paz, por el equilibrio, porque así debía ser o simplemente por qué no le agradaban.
Por ahora esa ideología bastaba para un Zar que seguía caminando a paso relajado siguiendo a todos los lugareños, aunque algo sucedía, sus sentidos le hacían percibir algo, alguien diferente. Noto con cautela que estaba otro ser, su poder era mejor que el resto de las existencias ahí, no podía saber con claridad si era enemigo o alguien que solo pasaba por ahí, pero ya notar una presencia que aunque de mejor capacidad que el Zar podría ser una alerta, dejo que siguiera su camino, pues hacia lo mismo que el espadachín, seguir al rio de hormigas. Pero si no pretendía salvar a nadie ¿de qué servía estar ahí? Quizá solo lograr su cometido, encontrar a alguien que pudiera ser de utilidad entre todos esos mercenarios y quizá como consecuencia evitar la muerte de las hormigas.
Están lejos de ser justicieros, están lejos de poder limpiar cualquier pequeño rastro de maldad del mundo o de supuesta justicia. Lo que hoy se les presenta es una oportunidad de poder saber qué tan lejos pueden llegar por terceros y a través de ello sacar provecho para sus futuros objetivos. Frente a toda esa nueva escena el primo de Dharma se quedó callando esperando que sea Kyo quien tome la decisión sobre cómo actuarían. La decisión debe ser respetada a carta cabal, después de todo desde que se formaron las decisiones del capitán han sido prudentes y objetivas en beneficio de todos; pero, sobre todo, se manifiesta una jerarquía que se debe mantener.
Conforme pasaban los segundos quedaba, una vez más, la clara diferencia de poder que tienen los residentes frente a sus opresores. Uno de sus enemigos con un arma y debidamente alimentado es igual o más que cinco de los pobladores. Algo es cierto en ese tipo de situaciones, cuando uno de los bandos cree estar en mayor ventaja tiende a querer acabar con el otro sin importarle hacer uso total de sus habilidades desde un inicio. Es eso, tienen pocos minutos para decidir si los ayudaban o no. De ayudarlos y con el tiempo en contra, porque seguramente se darían cuenta de la demora del tipo muerto, tienen poco espacio para preparar una suerte de estrategia que aumente en algo sus probabilidades de tener una oportunidad. La mente del meno de los Zar ya sorteaba los posibles escenarios. Restaba el intercambio de palabras, es todo.
Dharma observando con su parsimoniosa actitud e imponente mirada a todos los ahí presentes, no había mucho que hacer o decir sobre la situación en que se encontraban, prepararse para lo que venia era algo relativamente sencillo. Comenzó a caminar entre las personas, sus botas hacían un suave ruido en el suelo empedrado y sin acercarse demasiado al epicentro de la situación, se mantenía distante pero atento, no sabía que sucedía, pero bueno quizá algo interesante surgía de algo tan curioso, tenía mucho tiempo que no presenciaba una situación así y aunque deteste a las personas débiles, admiraba cuando un grupo decidía detener a sus abusadores, sean reyes, marina, piratas, todo aquel que sufra a causa de otro y no tiene el valor de sobreponerse por el miedo y el temor a la muerte, merece no existir, pues es solo un pequeño grano de arena sin sentido en el inmenso mar de la existencia.
Así caminaba en ese lugar, la gente murmuraba, pero cada quien daba sus conclusiones, mientras tanto el espadachín iba con precaución pero con mucha confianza y como siempre también portando sus espadas en la espalda listo para desenfundarse en caso de ser necesario, sus sentidos estaban alerta y sus habilidades dispuestas, podrían ayudarle en una situación sorpresiva, quizá solo era una pequeña trifulca, pero bueno nunca le gustaba se sorprendido y nunca sucedía así.
|Supongo que no hay de otra.|
Dharma no era un tipo de héroe o santo bondadoso y generoso para salvar la vida de insignificantes personas, pero el tener una trifulca le molestaría bastante sus últimos días en esa isla, además derramar sangre sin sentido le parecía de lo más estúpido, si alguien debía morir seria la cabeza más importante de aquellos criminales, además matar sabandijas era algo que sus propias creencias le permitían hacer, entrenado desde niño para asesinar a aquello que no mereciera una existencia, por la paz, por el equilibrio, porque así debía ser o simplemente por qué no le agradaban.
Por ahora esa ideología bastaba para un Zar que seguía caminando a paso relajado siguiendo a todos los lugareños, aunque algo sucedía, sus sentidos le hacían percibir algo, alguien diferente. Noto con cautela que estaba otro ser, su poder era mejor que el resto de las existencias ahí, no podía saber con claridad si era enemigo o alguien que solo pasaba por ahí, pero ya notar una presencia que aunque de mejor capacidad que el Zar podría ser una alerta, dejo que siguiera su camino, pues hacia lo mismo que el espadachín, seguir al rio de hormigas. Pero si no pretendía salvar a nadie ¿de qué servía estar ahí? Quizá solo lograr su cometido, encontrar a alguien que pudiera ser de utilidad entre todos esos mercenarios y quizá como consecuencia evitar la muerte de las hormigas.
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