19-12-2025, 04:51 AM
Tras lo ocurrido Dharma lograba posicionarse en uno de los puntos ciegos del Oni, no necesitaba grandes cálculos matemáticos para saber que estar a las espaldas de aquel monstruoso ser era casi suficiente para no estar al margen de sus ataques y tampoco de sus sentidos, pues el ruido, el dolor y la presión que el demoniaco ser sentiría serian en conjunto una gran orquesta de agonía. Pero aun así Dharma era precavido, llevando su percepción de la situación al máximo de sus capacidades, la adrenalina recorría su cuerpo, si siempre había confianza y voluntad en el espadachín, en este momento tras estar en el fragor de la verdadera batalla su mente liberaba los neuroquímicos más que necesarios para mantenerlo en este estadio de super atención.
Algo que la mayoría de los seres vivos podrían vivir, pero lo que le hacia una pisca más especial al pelinegro, es que él sí es consciente de todos estos procesos, por los que la mente humana y de otros seres vivos pasan, pero tras la experiencia y la practica en lugar de provocar algún tipo de estrés o ansiedad, otorgan al ser viviente la capacidad de usar sus sentidos al máximo. Incluso podía oler la sangre y saborearla, la misma que había salido de su boca segundos antes provocada por el golpe de su enemigo y también, la que proyectaba el Oni de sus variadas heridas actuales. Así como podía escuchar, como sufrimiento infernal, más aun estando a la espalda de ese monstruo, era parte de sus quejidos residuales ante los ataques que había recibido por parte de los guerreros a espada.
| Sin duda bro... aquel que creo este basto universo... nos ha de estar mirando ahora mismo. | Dijo Dharma en respuesta rápida a su actual aliado, mientras se movía con ligereza esquivando algunos de los escombros que se originaban de la caída de uno de los varios pilares, sin embargo, la fragilidad de la catedral se comenzaba a hacer notar ante el poderío físico y violente de aquel enfurecido ser de tamaño sin igual. El espadachín oriundo de Wano quería atacar, quería acabar con lo que sucedía sin embargo por ahora no contaba con algo más que le pudiera servir, pero sin pensarlo mas de un par de segundos y aprovechando que el aquel Oni aún se quejaba del gran ataque que de reojo podía ver Dharma había propinado el penitente a altura media o más, de aquel ser, escuchando el salto que este había dado.
Por su parte sin titubeo alguno el pelinegro envainaba su espada izquierda y tomaba la espada de su mano derecha con ambas manos a modo estocada o de una puñalada, ejecutaba su ataque algo simple pero era todo lo que tenia por ahora, en el costado de la espalda baja del lado derecho, mismo lado que daba hacia el pasillo central de catedral, el pirata asestaba con su espada un corte directo penetrando levemente la carne de su enemigo. Era poco, pero era lo que podía hacer justo en ese momento. Aun manteniéndose atento, no se alejó seguía a pie de lucha, si el Oni lograba levantarse o girarse Dharma estaba dispuesto a enfrentar ataque contra ataque, sabiendo que el podía incluso ganar en ese tipo de duelo o por lo menos recibir y dar. No había miedo, había fulgor en la mirada del espadachín y una emoción que solo se veía en guerreros que ya habían visto a la muerte a los ojos y no le temían, pues esos guerreros eligen cuando morir y este día no era el del místico Dharma.
Algo que la mayoría de los seres vivos podrían vivir, pero lo que le hacia una pisca más especial al pelinegro, es que él sí es consciente de todos estos procesos, por los que la mente humana y de otros seres vivos pasan, pero tras la experiencia y la practica en lugar de provocar algún tipo de estrés o ansiedad, otorgan al ser viviente la capacidad de usar sus sentidos al máximo. Incluso podía oler la sangre y saborearla, la misma que había salido de su boca segundos antes provocada por el golpe de su enemigo y también, la que proyectaba el Oni de sus variadas heridas actuales. Así como podía escuchar, como sufrimiento infernal, más aun estando a la espalda de ese monstruo, era parte de sus quejidos residuales ante los ataques que había recibido por parte de los guerreros a espada.
| Sin duda bro... aquel que creo este basto universo... nos ha de estar mirando ahora mismo. | Dijo Dharma en respuesta rápida a su actual aliado, mientras se movía con ligereza esquivando algunos de los escombros que se originaban de la caída de uno de los varios pilares, sin embargo, la fragilidad de la catedral se comenzaba a hacer notar ante el poderío físico y violente de aquel enfurecido ser de tamaño sin igual. El espadachín oriundo de Wano quería atacar, quería acabar con lo que sucedía sin embargo por ahora no contaba con algo más que le pudiera servir, pero sin pensarlo mas de un par de segundos y aprovechando que el aquel Oni aún se quejaba del gran ataque que de reojo podía ver Dharma había propinado el penitente a altura media o más, de aquel ser, escuchando el salto que este había dado.
Por su parte sin titubeo alguno el pelinegro envainaba su espada izquierda y tomaba la espada de su mano derecha con ambas manos a modo estocada o de una puñalada, ejecutaba su ataque algo simple pero era todo lo que tenia por ahora, en el costado de la espalda baja del lado derecho, mismo lado que daba hacia el pasillo central de catedral, el pirata asestaba con su espada un corte directo penetrando levemente la carne de su enemigo. Era poco, pero era lo que podía hacer justo en ese momento. Aun manteniéndose atento, no se alejó seguía a pie de lucha, si el Oni lograba levantarse o girarse Dharma estaba dispuesto a enfrentar ataque contra ataque, sabiendo que el podía incluso ganar en ese tipo de duelo o por lo menos recibir y dar. No había miedo, había fulgor en la mirada del espadachín y una emoción que solo se veía en guerreros que ya habían visto a la muerte a los ojos y no le temían, pues esos guerreros eligen cuando morir y este día no era el del místico Dharma.
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