Mirada de hielo [Priv. Jin] [Pasado]
#2
Maldito fuera su día. Maldito fuera el momento en que todo se estropeó. Incluso el cigarrillo que había encendido apenas poco antes de que una tormenta lo terminara apagando. Condenado fuera el momento en que esos condenados nubarrones se aparecieron para estropearle el día. Un trato, uno que estaba siendo interesante, intenso, quizás incluso de los mejores para su clan y seguir adelante con sus planes, malditamente cancelado solo por una condenada lluvia que no solo retrasó el momento, sino también el barco que iba al puerto… Y terminó en una desgracia en alta mar. ¿Sobrevivientes? A saber, solo quedaban pedazos de madera del barco cuando llegó a puerto. Varios de sus hombres lo acompañaban, uno llegando tarde para traer un paraguas que ni servía en lo absoluto.

Cedió, mandando a los hombres a sus casas, incluyendo el que había tomado su tiempo en traer algo que ya ni le servía. Estaba furioso, y no hizo falta hablar ni gritar, todos a su alrededor lo habían dejado atrás. Craso error, ahora mismo era peor, porque además de ello, la lluvia no era el único problema, incluso los truenos resonaban. Ahora se había quedado solo, corriendo bajo la lluvia, calado hasta los huesos. Maldito fuera el día que decidió el tiempo destruirle todos los planes. Quiso sacar algún cigarrillo, saciar el mono, pero sabía de sobra que incluso si lo intentaba, todos los cigarrillos serían inutilizables, al menos los que llevaba encima. Para colmo, lo que más cerca tenía en ese momento se encontraba demasiado lejos como para poder ir hasta allí. Tenía que refugiarse, debía hacerlo cuanto antes.

Cuan grande fue su sorpresa al encontrarse con uno de sus hombres, durante el camino, también empapado hasta arriba. Uno que no había invitado a propósito. Sin embargo, fingió sorpresa, inesperada, calmada. El hombre lo contempló, de arriba abajo, parpadeando con cierta confusión.

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—Jefe… no pensé que le vería por aquí. Pensé que se había ido de viaje con el Gran Jefe.

El “Gran Jefe”, su propio jefe, el único que estaba por encima de él. El frío no ayudaba, la situación menos y, sin embargo, siguió su paso con naturalidad.

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—Creo que eso no es asunto suyo. Además, alguien tiene que encargarse de todo aquí. 

No quiso dar detalles, no cuando ahora mismo estaba en una posible situación sospechosa. No es que fuera del todo mentira, pero revelar cierta información podría resultar en un peligro y el descubrimiento de lo que había estado teniendo en mente. Aún así, le hizo una señal para que lo siguiera. —Claro claro, tiene razón. No lo pensé. — El hombre, con una sonrisa, lo acompañó, corriendo detrás de él. —Creo que sería buena idea refugiarnos. No parece que la lluvia vaya a parar pronto, jefe. — Ah, condenado fuera ese día. Ahora solo quería estar solo, no necesitaba que alguien le dijera lo obvio. Cerró los ojos, tratando de mantener su paz mental, la calma. —Pero es cierto, a estas horas… todo estará cerrado. Es un problema… Ahh…ja…ja…ja… — La risa nerviosa del individuo se mostraba. Claramente, un maldito charlatán que no se iba a quedar callado en mucho tiempo. Jin solo siguió adelante, sin contestar, con la mínima esperanza de que en algún momento hubiera silencio. —¡Oh! ¡Jefe, mire! ¡Allí! — El hombre señaló entonces una botica donde las luces estaban encendidas. —Quizás podamos refugiarnos hasta que la lluvia disminuya un poco. ¿No le parece? — Los ojos de Jin fueron al hombre, fríos como el puro hielo. Lo estaba matando internamente, pero hacerlo en medio de la zona civil y sin razón no era buena idea. El hombre se había acostumbrado a ella, por ello mantenía su sonrisa, de oreja a oreja, como si solo hablara con un amigo de toda la vida. Desde luego, ese joven todavía tenía que aprender modales... Y Jin no dudaría que se los iba a enseñar probablemente más pronto de lo que el joven pudiera siquiera imaginar. 

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—Vayamos.

Jin, al fin, habló, momento en que los pasos del otro hombre se aceleraron, quien claramente era más joven que el yakuza de cabello negro. Su cabello anaranjado de todos modos llamaba demasiado la atención, ni siquiera estaba vestido como uno, sino más bien como un joven con cierta rebeldía. Demasiada inocencia en un joven con clarísima poca experiencia. Trató de abrir la puerta, siendo que ésta frenó en seco. —¿Ah? — Parecía que, por un escaso segundo, la emoción se había apagado en el joven, al menos hasta que escuchó el clic de la puerta, donde la llave del anciano había sido colocada. Ese rostro que pareció decepcionado y confuso se volvió a dibujar, cargado de alegría, viendo al hombre. —¡Fiuuuuuu! ¡Gracias viejo! No tiene ni idea de lo mucho que mi jefe y yo nos estábamos mojando allí fuera. ¡Encima estaba todo cerrado! En un día así nadie debería estar fuera, ¡por todos los mares! 

La aparición de Jin fue justo después de que el pelinaranja de ojos claros entrase, pasando su mano por lo que ahora era su cabello húmedo, prácticamente goteando. No se molestó, al menos no en un inicio, a contemplar a su alrededor hasta que él mismo cerró la puerta tras de sí. Se desabrochó un par de botones de su camisa de un tono azul oscuro, tan oscuro que se acercaba casi al negro, contemplando al anciano, solo con una pequeña inclinación de cabeza como agradecimiento. Retiró entonces el abrigo de su traje, dejándolo sobre el colgador más cercano, arremangándose un poco la camisa hasta por debajo de los codos. El vaho, debido al frío, salió por sus labios al dejar escapar el primer halo de aire.


Se adentró, ahora sí, elevando su mirada, hasta encontrarse con algo que lo dejó parado justo donde estaba. Sus cejas se elevaron, recordando al instante al hombre con el que planeaba encontrarse unos días más tarde.

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—¿Hyákinthos…? ¿Qué hace usted aqu-…?

—¿Le conoce, jefe? — Ah, maldito fueran los astros que se alinearon para que ese energúmeno lo interrumpiera. Sus ojos fueron directamente al joven, ahora sí, fulminándolo con la mirada. Eso fue suficiente para que el joven retrocediera un paso. —Ah, l-lo siento jefe. —  Suspiró, largamente, caminando hasta el interior, observando al anciano. 

—Agradezco su hospitalidad, señor. — Se veía calmado incluso cuando ahora el joven había dado la espalda a todos, temblando de absoluto terror. —Disculpe a mi acompañante, todavía es un poco inmaduro para saludarle adecuadamente. — Hizo una pausa, acomodando sus manos en los bolsillos, de nuevo lamentándose de no poder gozar de un cigarrillo en ese momento. Sin embargo, se posicionó frente al pelirrosa, estirando su mano con profesionalidad a modo de saludo. —No esperaba volver a verlo tan pronto, Hyákinthos. Qué increíble coincidencia.

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RE: Mirada de hielo [Priv. Jin] [Pasado] - por Onizuka Jin - 20-12-2025, 01:56 AM

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