20-12-2025, 02:08 AM
Cocinar pescado asado no era algo particularmente complicado, no realmente. El primer paso era mantener el pescado a una distancia apropiada del fuego, donde este pudiese darle calor, pero no realmente quemar la carne. Las escamas debían mirar hacia dicha fogata, protegiendo la mucho más delicada carne. En mejores circunstancias, entiéndase si Mei fuese una cocinera con los utensilios correctos y con más conocimientos que “Échale sal y trata de que no se prenda fuego”, el pescado estaría mejor puesto en unas varillas metálicas y con una parrilla para protegerlo, pero no, así que otro paso importante era vigilar que las estacas de madera no se incendiaran. Con el tamaño de los pescados -Porque obvio eran gigantes, cualquier cosa más pequeña que una carpa adulta habría sido partida a la mitad por la lanza improvisada de Mei-, tomaría un rato que se cocinaran bien por dentro, así que en teoría no necesitaban demasiada atención.
Y eso era bueno, porque en una selva frondosa, realmente nunca era buena idea dejar de estar alerta.
- ¿Hu? -Aun sin tener un oído particularmente agudo, Mei sintió el movimiento más bien brusco de las plantas y las pisadas a sus alrededores. No era suficiente para adivinar de que podría tratarse, pero podía hacer conjeturas más bien precisas. Movió su mano a su improvisada lanza, cosa un poco inútil cuando ella era mucho mejor peleando mano a mano, pero era el primer instinto que le venía a la cabeza. ¿Su primera adivinanza? El olor de la comida había atraído algún depredador hacia ella, y aunque estaba segura de que podía ganar -O en el peor, pero escenario, correr lejos-, nunca era agradable ser emboscada por algún tigre o jaguar que estuviese dando vueltas. Y es que claro, ella era una liebre, por valiente y terca que era deshacerse de sus instintos de presa era básicamente imposible. Nunca lo suficiente para incapacitarla -A menos que se tratase de putas serpientes-, pero sí de sobra para ponerla un poco tensa. Podía ser otra cosa, claro que podría ser otra cosa, pero cuando el sonido se acercaba cada vez más, era difícil imaginar que no fuese algo buscándola a ella o su fogata. Esperar tensa, con arma en mano, era su mejor idea.
Una muchacha bonita con cada de perdida no era lo que se esperaba, ni era particularmente intimidante… Pero aun mantendría la lanza de madera a mano, solo por si las dudas.
- … No sé si es que necesitas lentes, pero- -Empezó Mei, un poco tratando de ignorar el insulto. La mujer no había dicho nada específicamente contra los Minks, solo cuestionado de forma muy brusca su aspecto, y bueno eso no era algo particularmente nuevo para Mei- Soy mujer, por si no… Por si no viste estas -Sin mucho cuidado, o vergüenza, o particular prisa, movió sus orejas a un costado para mostrar brevemente sus pechos. No sería nada muy largo, que tampoco le interesaba presumirlas, pero entre eso y su voz quedaría claro que era una chica. Hecho eso, Mei se levantó, acercándose a buscar una de sus musculosas que tenía colgando de una rama dentro de su refugio. Se vistió sin demasiada prisa, un poco mirando de reojo a la mujer, o bueno, más bien dicho su pescado. Una vez vestida, se paró firme detrás de la fogata, finalmente dejando que se viese bien la amplia diferencia de altura entre las dos- Me veo así porque soy una Mink. M-I-N-K, somos… Gente animal. ¡Y de perro no tengo nada, soy una liebre, liebre! -Se señalaría a sí misma, moviendo un poco las orejas para resaltar su especie. Ni podía asegurar que alguno de sus padres biológicos no fuese un Mink perro, pero bueno, tampoco sabía, así que no era una mentira tampoco.
- El nombre es Mei. Mei Blackclaw. Bienvenida a mi humilde campamento -Decidiendo presentarse, porque eso siempre distraía un poco de otras cosas, la coneja señaló todo el lugar. Nuevamente, no era nada particularmente glorioso, pero entre la fogata y el refugio improvisado, se veía todo un poco pintoresco y cómodo- Um… ¿Pescado? Ya debería… -La Mink bajó su mirada, solo para ver que una de las estacas empezaba a incendiarse- ¡LA ESTACA, MUÉVELA! -Claro, que la castaña estaba más cerca de esa estaca en puntual.
Y eso era bueno, porque en una selva frondosa, realmente nunca era buena idea dejar de estar alerta.
- ¿Hu? -Aun sin tener un oído particularmente agudo, Mei sintió el movimiento más bien brusco de las plantas y las pisadas a sus alrededores. No era suficiente para adivinar de que podría tratarse, pero podía hacer conjeturas más bien precisas. Movió su mano a su improvisada lanza, cosa un poco inútil cuando ella era mucho mejor peleando mano a mano, pero era el primer instinto que le venía a la cabeza. ¿Su primera adivinanza? El olor de la comida había atraído algún depredador hacia ella, y aunque estaba segura de que podía ganar -O en el peor, pero escenario, correr lejos-, nunca era agradable ser emboscada por algún tigre o jaguar que estuviese dando vueltas. Y es que claro, ella era una liebre, por valiente y terca que era deshacerse de sus instintos de presa era básicamente imposible. Nunca lo suficiente para incapacitarla -A menos que se tratase de putas serpientes-, pero sí de sobra para ponerla un poco tensa. Podía ser otra cosa, claro que podría ser otra cosa, pero cuando el sonido se acercaba cada vez más, era difícil imaginar que no fuese algo buscándola a ella o su fogata. Esperar tensa, con arma en mano, era su mejor idea.
Una muchacha bonita con cada de perdida no era lo que se esperaba, ni era particularmente intimidante… Pero aun mantendría la lanza de madera a mano, solo por si las dudas.
- … No sé si es que necesitas lentes, pero- -Empezó Mei, un poco tratando de ignorar el insulto. La mujer no había dicho nada específicamente contra los Minks, solo cuestionado de forma muy brusca su aspecto, y bueno eso no era algo particularmente nuevo para Mei- Soy mujer, por si no… Por si no viste estas -Sin mucho cuidado, o vergüenza, o particular prisa, movió sus orejas a un costado para mostrar brevemente sus pechos. No sería nada muy largo, que tampoco le interesaba presumirlas, pero entre eso y su voz quedaría claro que era una chica. Hecho eso, Mei se levantó, acercándose a buscar una de sus musculosas que tenía colgando de una rama dentro de su refugio. Se vistió sin demasiada prisa, un poco mirando de reojo a la mujer, o bueno, más bien dicho su pescado. Una vez vestida, se paró firme detrás de la fogata, finalmente dejando que se viese bien la amplia diferencia de altura entre las dos- Me veo así porque soy una Mink. M-I-N-K, somos… Gente animal. ¡Y de perro no tengo nada, soy una liebre, liebre! -Se señalaría a sí misma, moviendo un poco las orejas para resaltar su especie. Ni podía asegurar que alguno de sus padres biológicos no fuese un Mink perro, pero bueno, tampoco sabía, así que no era una mentira tampoco.
- El nombre es Mei. Mei Blackclaw. Bienvenida a mi humilde campamento -Decidiendo presentarse, porque eso siempre distraía un poco de otras cosas, la coneja señaló todo el lugar. Nuevamente, no era nada particularmente glorioso, pero entre la fogata y el refugio improvisado, se veía todo un poco pintoresco y cómodo- Um… ¿Pescado? Ya debería… -La Mink bajó su mirada, solo para ver que una de las estacas empezaba a incendiarse- ¡LA ESTACA, MUÉVELA! -Claro, que la castaña estaba más cerca de esa estaca en puntual.
