[Aventura T2][P. Absoluto] - Los piratas del Látigo
#2
El mundo no es bueno ni malo; es una gradación de grises que expone situaciones que, en ocasiones, resultan heroicas y sostienen la fe en la humanidad y que, en otras, revelan aquello que no sólo desborda nuestra comprensión, sino que se presenta como profundamente deleznable; tan incomprensiblemente atroz que ya no despierta una simple intolerancia hacia la ignorancia, sino una reacción violenta frente a lo impresentable. Ese sentimiento, no de impotencia, sino de furia ante algo que rebasaba su margen de tolerancia, se hizo presente incluso de forma fisiológica en su propia carne. Sangre hervía y bombeaba en sarna; venas más densas y superficiales marcarían su cuerpo al son del casi estuviera al borde del ataque. ¿Cómo era posible que, en un mundo así, con la vastedad de oportunidades que ofrece la mar o el mero valor de existir como individuo, se separase a crías de su madre por una compensación económica insignificante, mientras mismas vidas eran mermadas a su inexistencia cuan objeto inútil?

Shirel era alguien animalista, y no por adhesión ideológica ni por una convicción impuesta; lo era porque había vivido rodeado de una fauna salvaje que, lejos de rechazarlo, le abrió sus puertas y le enseñó los principios más básicos de la supervivencia. Uno de esos valores era claro: nunca te aproveches del débil y defiende a quien no puede hacerlo. No se detuvieron a justificar el porqué, pues el propósito no era racionalizar el valor, sino inculcarlo con independencia del fin que él persiguiera; ya fuera altruismo o mera compensación social, el acto seguía siendo justo, y eso era lo único que importaba. Defender. De ahí el gran relieve de venas en su sien, garganta y en manos; de ese hervir interno al que ya se había dado nombre.
Cabía destacar que jamás imaginó que aquel día, apenas un par de horas después de haber llegado a la isla deseada como estreno en la mar, estaría enfrentándose a algo más grave que un acto pirata convencional, quizá un robo o un desacato a la ley; nunca al tráfico de animales. Aun así, lo haría, por supuesto, porque si algo definía a Shirel era su cabezonería natural y su convicción de que la libertad no es una moneda de cambio ni una herramienta para construir caminos contra otros, sino por y con los demás.

El ambiente resultó fructífero, eso era indudable; fructífero según sus gustos personales, claro. Aquel aire tropical y salvaje se colaba por sus fosas nasales (las suyas, para ser fieles a la biología común), percibiendo una amalgama de estímulos que volvía casi adictiva la presencia de la madre naturaleza. Frunce el gesto con desagrado al observar a aquel líder corpulento, como si los sollozos y el llanto de las crías fueran mero ruido de fondo; parecía habituado a tal oficio. Tal vez una paliza le haría replantearse lo que estaba hacien… ¿haciendo? La pregunta se formula casi al unísono, mientras su cabeza queda resguardada por una barrera vegetal y el cuerpo adopta una postura de emboscada. Percibe un olor a lo lejos, una presencia orientada hacia esos piratas malnacidos; ¿podría ser alguien con un pensamiento afín? ¿Acaso su próximo compañero en el camino hacia su sueño? Las preguntas se agolpan en su mente más la realidad es otra: el más fuerte ya no hace presencia y ahora son diez los que acatan una nueva orden, idéntica a la anterior. Eso implicaba actuar antes de que se consumara; o, al menos, antes de que la atrocidad se completase.

⸻Serán hijos de puta, chati… malnacidos, imbéciles… les voy a dar para la tunda⸻gruñe entre dientes, empuñando el martillo a su espalda y saliendo disparado del matorral que hasta entonces ocultaba su presencia. El acto se desarrolla cuan resta de primaria. Y, sí, quizá Shirel no posee una experiencia de combate… decente, pero domina el martillo, y eso basta para convertirlo en un arma capaz de hacer puré a los huesos de otros organismos vivos.

Avanza a toda velocidad con el arma a su diestra, sujetándola con ambas manos hasta irrumpir entre la horda de diez hombres. Mantener la conciencia del entorno resulta complicado, la superficie abarcaba unos doce metros, pero lo consigue, neutralizándolos de dos en dos hasta completar el número total. Apenas lograron tocarlo, ya sea por la longitud del arma así como la trayectoria perpendicular y descendente.

Cuando deja fuera de combate a los diez palurdos que trabajaban para quien verdaderamente importaba, es entonces cuando, sin advertirlo, le da la espalda a la criatura. No se percata; Shirel es un ser de estímulos e impulsos y olvida su entorno en cuanto fija un objetivo definido.
⸻Tú, chati, el capitán de la mierda esa que seas, que menuda calavera me llevas. Te voy a reconfigurar las neuronas de un martillazo para que, a la próxima, si es que la tienes, te plantees si es buena idea coger crías de putos cocodrilos, ¿¡eh!?
Miti Mati es alzado al frente, teñido en carmín y restos de carne desgarrada por el impacto contra cuerpos corpulentos y moldeados hasta quedar planos. En cuanto a Shirel y su expresión, es otra historia aparte. Oscuridad en su mirar; rojizo más denso y acentuado por la escasa luz que alcanza su rostro al darle la espalda al sol, y, bueno, por una brisa marina que no hacía sino subrayar que su presencia no tenía nada de hospitalaria. De su garganta escaparía un gruñido gutural, cuasi animal; el ceño y nariz fruncidos, y, por último, la boca trazaría una curva cóncava.

Está encarando al capitán, cerca de la zona de desembarque, a unos tres metros considerando también el desnivel entre tierra y mar.

BOCATA DE JAMÓN IBÉRICO.


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RE: [Aventura T2][P. Absoluto] - Los piratas del Látigo - por Shirel - 20-12-2025, 08:43 PM

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