21-12-2025, 02:33 AM
Día 53 de invierno, año 13
—Verás, sé que mi apariencia puede no ser la más intimidante, pero, eso no quiere decir que me gusta que me tomen por idiota —. La voz que resonó en la oficina sonaba demasiado tranquila, incluso algo aburrida, estaba lejos de buscar atemorizar, pero tampoco es que lo necesitara.
La sonrisa en el rostro del hombre de cabellos rosados se ensanchó, mientras se sentaba mejor sobre el escritorio del hombre que permanecía quieto, bastante quieto, sobre la silla giratoria que estaba detrás de esa misma mesa y quién, ahora, miraba con irises temblorosas a su interlocutor al mismo tiempo que sus ojos se empañaban por culpa de las lágrimas que empezaron a brotar en algún momento.
Miedo.
Le gustaba eso, eso significaba que tenía el control.
Le gustaba eso, eso significaba que tenía el control.
Esa sola visión hizo que el médico mirara con agrado al sujeto, una expresión que contrastaba con el ambiente y con sus propias palabras, claro, si no se prestaba atención al brillo malicioso que escondía su mirada ambarina, tal vez lo único que podía delatar la rabia acumulada y que, a su modo, dejaba salir con un cuentagotas, todo por haberse sentido estafado.
Lo dicho antes, no le gustaban los juegos cuando de trabajo se trataba.
—Cuando te dije que era “nuevo” en el “negocio” no me refería a que fuera un novato, me refería a que soy nuevo en este lugar… ¿Crees que habría sido tan idiota para entrar en este mundillo por mi cuenta sin haber conocido antes las consecuencias? —Soltó un bufido al mismo tiempo que movía una jeringuilla entre sus dedos de la que se podía ver aun una gota de un líquido amarillento asomándose de la punta de la aguja, aunque el tubo de la inyección estuviera vacío, una simple muestra de que la solución que una vez estuvo dentro ya había sido utilizada. —Y tu deberías conocerlas también… ¿No dijiste que conseguir buenos contactos era tu especialidad? ¿Cómo es que nadie te había dado una lección cuándo das tan malas recomendaciones?
Su rostro se acercó al del sujeto inmóvil en la silla solo para poder ver mejor sus ojos, lo único de su cuerpo que podía moverse con relativa facilidad ahora que los efectos de la “droga” empezaban a ser más notables.
—Jmmm, ni siquiera entiendo porque me miras con tanto shock ¿Acaso no sabías que tu contacto era un estafador? Sí, en pasado, porque me encargué de que no siguiera enredando en sus hilos a más pobres clientes como yo —. Alzó su mirada cuando escuchó que la respiración del hombre frente a él empezaba a agitarse. Eso lo hizo fruncir el ceño, ya conocía ese síntoma en aquellos a los que le aplicó antes la “droga”, sabía lo que seguiría después. —¡Ah! Espera, no te vayas aún…tsk…creí que había calculado bien el tiempo en que funcionaba esta cosa —. Jugueteó de nuevo con la jeringuilla que tenía entre sus dedos y se alejó del hombre en la silla justo antes de que este empezara a toser, una tos que venía acompañada de sangre que terminó ensuciando el escritorio.
—Eso…justo eso hacen los “sedantes” que me vendió ¿Te das cuenta? —Frunció el ceño mientras daba un par de pasos hacia atrás hasta que la pared a su espalda lo recibió, lo que el médico aprovechó para recostarse y cruzarse de brazos. —Dudo mucho que fuera un simple error como dijo ese estafador, simplemente no tenía el producto correcto y me vendió lo que fuera para salir del paso ¿No es así? Y algo me dice que tu sabías que él no era el mejor y aún así me enviaste con él cuando te dije que buscaba a un profesional real —. Podía entender al tipo, tal vez creyó que un “novato”, como él mismo se “presentó” en un inicio, sería una presa fácil a la cual sacarle dinero.
—Yo pedí sedantes…si quisiera venenos para matar casi de inmediato, lo pediría directamente, pero, esto no me sirve en mi línea de trabajo —. No mentía, para sus operaciones necesitaba que sus víctimas estuvieran frescas, debía sacar el “producto” lo más “vivo” posible y, preferiblemente, sin rastros de sustancias que pudieran disminuir su valor. —Por eso decidí que probaras en tu propia piel el producto que me vendió tu “botánico”. ¿Te gusta? Como te mata tan rápido y tan lento al mismo tiempo —. Dejó escapar un suspiro pesado antes de tirar la jeringuilla a un bote de basura cercano, daba igual dejar una prueba, no es que fuera él único con acceso a inyecciones y, además, ni siquiera tendría sus huellas, por algo usaba guantes la mayoría del tiempo.
—Como sea, a pesar de tu ineptitud, debo agradecerte porque gracias a tu desliz alguien más me dio otro contacto, me dijo que tendrías su tarjeta —. Metió una de sus manos en su bolsillo y de este sacó una tarjeta marcada con elegantes letras que se leían como “Dr. Bones”, además de una dirección en los barrios bajos de Sorbet…Ese detalle le molestaba, Sorbet Sur no era un sitio que le agradara visitar, pero si valía la pena, podía hacer el intento, tampoco es que fuera un ser indefenso. —Y cuánta razón tuvo… ¿Por qué no me hablaste de él en un inicio? ¿Acaso arruinaría tu negocio con el estafador? Bueno, no es que importe ahora—. Levantó la cabeza al escuchar un par de toses más fuertes que las otras y justo en ese instante vio como el cuerpo en la silla se estremeció por un par de segundos una última vez antes de dejar de moverse del todo.
—Jmmm, supongo que ya no podrás escucharme, bueno…esta bien, eso mismo le pasó a mi último “producto”, era justo que lo vivieras en carne propia también —dijo con esa misma voz tranquila que había usado durante toda la “charla”. —Te diría que descanses en paz, pero dudo que tu alma pueda aspirar a eso.
Miró, por última vez, el cuerpo de quien fue su “socio” por menos de una semana y se encogió de hombros antes de salir con pasos apresurados, pero con una actitud relajada al estar seguro de que nadie descubriría lo que pasó, además, mejor irse de la “oficina” lo antes posible, tenía que encontrar una dirección y debía admitir que orientarse no era su fuerte.
Estuvo una buena cantidad de tiempo recorriendo las calles de Sorbet Sur con la seguridad de alguien que conocía bien las calles, como si fuera un lugareño más, aunque, más de una vez, se detuvo para preguntar por la dirección en la tarjeta y, así mismo, aunque las personas le hablaran con paciencia y le explicaran con manzanitas, terminaba perdiéndose.
—Ah…tal vez debí deshacerme de ese sujeto luego de que me trajera de la mano hasta aquí —. Chasqueó la lengua y se cruzó de brazos, molesto por no poder dar con el sitio descrito en la tarjeta. —¿Por qué todos tienen direcciones tan complicadas? —Por supuesto que la dirección no era la gran cosa para cualquier con tres dedos de frente y él lo sabía, sabía que no encontrar el lugar era su culpa, pero no iba a aceptarlo, prefería culpar a los demás, como siempre.
Ya se había decidido por proponerle a la próxima persona que encontrara que lo guiara hasta el lugar, por más que eso pudiera resultar una molestia para él mismo, menos mal que, al girar en una esquina y alzar la cabeza, notó que eso no sería necesario.
Leyó los números inscritos en una placa de metal a un lado de una puerta de madera y luego pasó su mirada por el letrero sobre la misma antes de releer lo que decía la tarjeta. El nombre coincidía. —Je…bingo.
Las últimas luces del día lo acompañaron hasta el momento en que golpeó la puerta tres veces, lo suficientemente fuerte para hacerse notar, aunque no le molestaría esperar un poco si era necesario, no con las buenas referencias que escuchó de parte de su otro contacto…no, no al que envenenó antes de venir, si no al que le pasó el dato luego de escuchar su decepción con el otro “vendedor” de plantas, medicinas y demás “remedios”.
Cuando la puerta se abrió por fin, una sonrisa amable se asomó en el rostro del hombre de cabellos rosas, quien no tardó en hablar, por supuesto, siempre de manera cortés, detestaría crear una mala impresión negativa en alguien con quien pensaba trabajar si todo salía bien.
—Buenas noches, Dr. Bones ¿Cierto? —No hizo la pregunta con la intención de obtener una respuesta inmediata, así que siguió hablando con naturalidad. —Espero haber llegado a tiempo para una pequeña consulta. Verá usted, alguien me dio su tarjeta —. Sostuvo el pedazo de cartón a la altura de su rostro por un momento antes de bajar su mano enguantada. —Y me dijo que usted era con quien debía hablar si estaba en búsqueda de “medicinas” únicas ¿Es eso cierto?
Siguió mirando al hombre con la misma expresión tranquila y educada que había mostrado hasta ahora, notando que parecía un chico bastante joven. No era lo que esperaba en un inicio, pero bien sabía que en estos negocios no se podía subestimar a nadie, él mismo empezó bastante joven con su propia “empresa” —. Porque de ser el caso, tal vez me interese hacer unas cuantas compras ahora y, si resultan ser buenos productos, también lo haría en un futuro —. Mejor dejar las cosas claras desde un inicio y hacer notar que no era una consulta para ver su estado de salud, si no para cerrar posibles tratos. —¿Puedo pasar? —Inclinó la cabeza hacia a un lado, sonriendo casi inocentemente, mientras esperaba paciente por la respuesta del otro hombre.
Karmas
