21-12-2025, 07:03 PM
—… No sé si es que necesitas lentes, pero… Soy mujer, por si no… Por si no viste estas. —¡La extraña criatura encima hablaba! Joder, esto se ponía todavía más raro. El día anterior se había zampado un buen plato de setas a costa de un parguela. ¿Habían resultado ser alucinógenas? Para ser algo producto de su mente estaba demasiado bien hecha, así que supuso que no, que en realidad esa criatura femenina con cuerpo de animal era real—. Me veo así porque soy una Mink. M-I-N-K, somos… Gente animal. ¡Y de perro no tengo nada, soy una liebre, liebre! —Ah, gente animal. Vaya, menos mal que, que supiera Lampedusa, en esa isla no habían circos. Gente animal sería carne de cañón para ese tipo de gilipuertas. A decir verdad, sí que parecía una coneja, ahora que la miraba bien. También observó ese delicioso pescado que la llamaba—. El nombre es Mei. Mei Blackclaw. Bienvenida a mi humilde campamento.
—Akashi Lampedusa, aunque la gente me suele llamar Lampedusa, Lampe o La Pelusa. Humana… Humana… Y supongo que humana. —¿Ahora hablaba como una retrasada mental? Ah no, que es que no podía quitar la vista de la comida. La tal Mei pareció darse cuenta, porque de inmediato se fijó en ella.
—Um… ¿Pescado? Ya debería… —Se volvió para ver otra tanda de pescaditos que había permanecido oculta a los ojos de Lampedusa. Una tanda que empezaba a quemarse—. ¡LA ESTACA, MUÉVELA!
Dicho y hecho. Sin pararse a pensar que le habían dado una orden, Lampedusa agarró el palo, que comenzaba a arder, y empezó a soplar con fuerza. Entre ella y Mei consiguieron apagarla con algo de dificultad, pero sin quemar nada de la jungla. Por ese lado, habían sido rápidas las dos.
—¡Por los pelos! ¡Puff! —El pescado se había carbonizado un poco, pero seguro que todavía estaba bueno. Con los modales de un cavernícola borracho, Lampedusa agarró uno y se lo zampó entero—. Buah, de miedo. Quizás los otros estén mejor por presentar mejor aspecto.
Aun así los retiró del fuego la otra tanda y agarró uno de ellos para comprobar que, efectivamente, tras zampárselo, estaba en su punto.
—Deliciosamente delicioso. Deberías probarlo, no te cortes. Quien sea el parguela que los haya preparado sabe cocinar bien. ¡Puff!
Empezó a devorar los pescados sin pausa alguna. Ya llevaba cinco raspas escupidas cuando vio que la tal Meidusa no se movía. La miró entrecerrando los ojos mientras agarraba un sexto pescado y se lo llevaba a la boca.
—¿Qué? ¿Tengo algo en la cara o que puñetaf te pafa? —preguntó con la boca llena.
—Akashi Lampedusa, aunque la gente me suele llamar Lampedusa, Lampe o La Pelusa. Humana… Humana… Y supongo que humana. —¿Ahora hablaba como una retrasada mental? Ah no, que es que no podía quitar la vista de la comida. La tal Mei pareció darse cuenta, porque de inmediato se fijó en ella.
—Um… ¿Pescado? Ya debería… —Se volvió para ver otra tanda de pescaditos que había permanecido oculta a los ojos de Lampedusa. Una tanda que empezaba a quemarse—. ¡LA ESTACA, MUÉVELA!
Dicho y hecho. Sin pararse a pensar que le habían dado una orden, Lampedusa agarró el palo, que comenzaba a arder, y empezó a soplar con fuerza. Entre ella y Mei consiguieron apagarla con algo de dificultad, pero sin quemar nada de la jungla. Por ese lado, habían sido rápidas las dos.
—¡Por los pelos! ¡Puff! —El pescado se había carbonizado un poco, pero seguro que todavía estaba bueno. Con los modales de un cavernícola borracho, Lampedusa agarró uno y se lo zampó entero—. Buah, de miedo. Quizás los otros estén mejor por presentar mejor aspecto.
Aun así los retiró del fuego la otra tanda y agarró uno de ellos para comprobar que, efectivamente, tras zampárselo, estaba en su punto.
—Deliciosamente delicioso. Deberías probarlo, no te cortes. Quien sea el parguela que los haya preparado sabe cocinar bien. ¡Puff!
Empezó a devorar los pescados sin pausa alguna. Ya llevaba cinco raspas escupidas cuando vio que la tal Meidusa no se movía. La miró entrecerrando los ojos mientras agarraba un sexto pescado y se lo llevaba a la boca.
—¿Qué? ¿Tengo algo en la cara o que puñetaf te pafa? —preguntó con la boca llena.
