22-12-2025, 04:22 AM
—Tampoco es de mi agrado que desconocidos escuchen mis conversaciones, así que no tiene de que preocuparse —. Dio un paso al frente para entrar al “consultorio”. —Así que habría cerrado la puerta, aunque no me lo pidiera.
Pasar por el umbral que lo sacó de la calle y lo llevó al interior del dispensario podría describirse como el traspasar a un velo que separa lo material de lo inmaterial. Sus pasos, que con calma lo hicieron avanzar, se detuvieron un segundo cuando la puerta terminó de cerrarse a su espalda antes de que él mismo pudiera cerrarlo y, sus ojos, usualmente de matices entre distraídos y aburridos brillaron con interés al ver la luz de las velas que se encendían con una simple orden, desviando, por pocos segundos, su mirada de su anfitrión.
—Mágico —. Si podía describirlo de alguna manera era solo con esa palabra que sin querer saltó de los pensamientos a su boca, pronunciándola en voz más alta de lo habitual, un mal hábito que repetía de vez en cuando; sin embargo, a pesar de la sutil muestra de despiste, la mirada curiosa que antes observó las velas escaneó la habitación con rapidez, observando los frascos en las repisas y la curiosa decoración que le recordaba a aquellos consultorios concurridos por los supersticiosos que buscaban respuestas en designios que ni si quiera ellos mismos podían comprender.
Un curandero.
Sí, le recordaba más a un curandero que a un médico a un botánico.
¿Le molestaba? No. Siempre y cuando pudiera ofrecerle lo que él necesitaba, le daba igual el tipo de creencia que pudiera tener, además, no podía negar que todo esto despertaba una curiosidad que le era imposible de ignorar.
Por un par de segundos más se quedó en silencio, solo escuchando el crepitar de las velas, antes de que la voz ajena le funcionara como la cuerda que lo arrastraría de regreso a prestar atención más a lo humano que a lo sobrenatural.
Sonrío al escucharlo. Le parecía bien, la exclusividad le gustaba y que eligiera a sus clientes y personalizara para ellos los pedidos, le parecía más que excelente para empezar, no tenía nada que refutar con respecto al tema, podría decirse que lo prefería así.
—Me ofendería que quisiera hacerme una rebaja —. Dejó de mirar las velas para fijarse ahora directamente en su interlocutor, sosteniéndole la mirada, más que nada por simple respeto. Podía ser distraído y estar en las nubes la mayoría del tiempo, pero al menos sabía comportarse al momento de hablar de trabajo. —No vine para regatear precios y mucho menos para comprar lo más barato que tenga en su recetario, así que pierda cuidado...De hecho, me alegra que podamos dejar las cosas claras desde el inicio.
Pirata o no, no jugaba con las personas que tuvieran lazos con el bajo mundo, al contrario, los trataría con el mismo respeto con el que se dirigieran a él y, al menos, el Doctor…eh… ¿Huesos? —el nombre de la tarjeta empezaba a difuminarse en su mente —, se había ganado ese trato educado, por ahora.
—Jmmm…Creo que antes de decirle lo que necesito y para que tipo de trabajo, debo preguntar si me veo acaso como un cliente al que le vendería…No quisiera hacerlo perder el tiempo escuchando una petición que podría llegar a rechazar —. Se movió hasta quedar frente a una repisa en la que reposaban varios frascos con inscripciones de su contenido, aunque lo cierto es que, de todos los que leyó, no pudo evitar que el que más le llamara su atención fuera un frasco con esencia de menta que parecía bastante inofensivo comparado con otros productos. —Usted lo dijo antes, no le vende a cualquiera, supongo que sus clientes tendrán que cumplir con algunos requisitos ¿O acaso lo he malinterpretado?
Sin haber tocado ninguno de los frascos, dio unos pasos atrás para volver a su posición de origen y encarar de nuevo al muchacho moreno.
—Aunque, de todos modos, puedo adelantarle que soy un simple médico…un cirujano, uno al que no le gusta trabajar con químicos que puedan llegar a intoxicar el cuerpo humano, su sangre, sus órganos, ya entenderá porque busco sedantes “especiales” y, sobre todo, naturales —. Médico, cirujano, una verdad a medias que dejaba caer para que el otro hombre la interpretara como quisiera, a fin de cuentas, no podía aun dejar caer toda la información…Eso sería muy irresponsable de tu parte.
Karmas
