[Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social
#4
 – “¡Por todos los cielos! ¿De dónde salió ese salvaje?” –

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-Somos salvajes, pero no mordemos. Demasiado.-

Le sonrió mientras alzaba su mano, buscando saludar a la muchachita de extenso cabello rubio y aspecto ligeramente más tímido, como si lo asilvestrado que se mostraba (Ese conjunto de manchones de tierra secos por todo su cuerpo, más esos extensos colmillos naturales que siempre había tenido) generasen cierto desprecio, aunque era, literalmente, lo que quería provocar Owen en un inicio; No sabía de quiénes se trataban, qué es lo que buscaban o cómo iban a pretender manejarse con un evidente "intercambio de bienes", ya que aquel maletín (Aunque todavía incapacitado de ver qué traía), no pasó desapercibido ante sus orbes celeste brillante cómo el peliazul, nervioso por la aparición del pelirrojo, retenía el objeto y lo protegía contra su pecho, evidenciando las sospechas de que "algo valioso habría allí" -Qué estará protegiendo.- fue un segundo de reloj, el suficiente para que el chico viese el objeto rectangular marrón, y posteriormente, siguiese prestándoles atención mientras su pantomima falsa continuaba.

Existe un segundo de contacto visual, uno que busca el desvelar las malas intenciones ajenas y, ciertamente, Owen no tenía literalmente ninguna. ¿Tenía curiosidad? Sí, ¿Había cierto morbo en querer quitarles el maletín simple y llanamente para conocer su interior? También, pero cuando sus ojos celestes y los verdes del peliazul se encontrar, todo lo que se vio fue una sonrisa simpaticona, de esa que le caracteriza y que debido a ser especialista en "fingir demencia" y tener un don de gentes excepcional, podía mantener hasta casi las últimas consecuencias. Había interés en el muchacho, más aún cuando fue rebatido, hablando sobre "Buccaners", un elemento que le generó una genuina cara de confusión -No sé que es un bocón de esos que me dices. Suenan a alimento fibroso para lagarto.- porque, genuinamente, el pelirrojo desconocía por completo la existencia y significado de aquella palabra, y más que parecía dirigirse a "cierto tipo de individuo". Incluso mientras el chico replicaba, miraba hacia el cielo, rascándose el oído con el dedo pulgar, demostrando que realmente no sabía en lo absoluto a lo que se estaba refiriendo, mezclándolo con "hacerse el tonto". Lo bueno fue que, al parecer, la treta había funcionado: "No importa, necesito tu ayuda y la necesito ahora" -¿Ayuda mía? ¿No se perdieron?- fingió demencia un poco más, mientras veía cómo la rubia, ciertamente, desconfiaba en demasía del ahora "asilvestrado" Owen (Nunca dejó de serlo, solo que ahora era más evidente) mientras le miraba fijamente. Nombró una aparente locación, "Water 7", y, algo que el muchacho solía hacer, era prestar en demasía atención palabras que podrían ser claves para interacciones futuras.

– “Sus familias invirtieron dinero en un safari de dinosaurios en Little Garden, y eso es exactamente lo que van a obtener. Pero necesitan a alguien que conozca el terreno, y este...” – 

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-¡Holaaaa!-

– “...este caballero es básicamente un ángel caído del cielo ¿o prefieren quedarse por su cuenta solos en la isla?” –

Innegablemente, el sujeto de cabello azulado no deseaba referirse a Owen como caballero, pero él, a diferencia de lo que podría creer cualquiera, reaccionó de forma terriblemente simpática y sonriente, sin cesar de mostrarse amistoso y hasta desconectado un poco de la realidad. Necesitaba generar esa confianza que provocan las personas que parecen tener las situaciones bajo control, así, él estuviese altamente desconocido de cualquier cosa que ocurriese dentro del propio Little Garden en profundidad. Lo que modificó el rostro del pelirrojo lleno de tierra sí fue lo siguiente: "Estos dos son hijos de comerciantes muy adinerados", modificando su rostro a uno envuelto completa y absolutamente en la curiosidad -¿Hijos de un comerciante con pasta? ¿De quién será?- le resultó instintivo e inevitable, mientras proseguía escuchando, revisarlos de arriba abajo mientras entre-cerraba los ojos y fruncía el ceño. Abandonó, por unos segundos, su papel de asilvestrado; Luego de haber sido un comerciante (y traficante) a lo largo de toda su vida, tal vez, podría identificarles por sus ropas o por sus rasgos. Lo averiguaría más adelante, porque ahora interesaba una única cosa: La misión que se le había encomendado gracias a, justamente, aparentar ser alguien oriundo de la propia isla.

El comentario del muchacho de cabellos cortos, que se veía igual de pomposo y delicado como la rubia, automáticamente, le provocó una mueca de simpatía y desafío, frunciendo el ceño y esbozando una sonrisa de dientes, con esos colmillos tan marcados -¿¡Equipo apropiado!?- se rio en el proceso, liberando una pequeña carcajada, mirándole -JA, no seas orate. Puedes derribar a un lagarto gigante sin tener que dar un solo tiro.- y, aquel comentario, venía referenciado a algo que era destacable en la situación: Los dos venían a realizar caza deportiva, una actividad que, sin necesidad de ninguna licencia en particular (Ya que las tierras de Little Garden se veían lo suficientemente vírgenes), necesitaría si o si de algún tipo de escolta.

Dos maletines, alargados, el ¡Trup-tup! de los abrojos metálicos sonó, tan característico que, sin siquiera moverse un milímetro de su posición, mantenía una mirada atenta aunque serena en el pelirrojo hasta divisar su interior: Dos rifles, extensos, decorados, caros, armas que Owen reconocía al traficar con ellas por su forma y diseño, pero lo que le llamó la atención fue el trato al que querían ofrecerle: Ciento veinte mil berries -¡! ¡Hostia!- como asalvajado que es, no debería importarle el dinero realmente...pero debía seguir fingiendo la mentira hasta las últimas consecuencias -No puedo negar que me interesa,- se aproximó a ellos, reduciendo la distancia de cinco metros que les separa a solamente dos, caminando con lentitud -necesitamos víveres,- señaló hacia atrás con el pulgar y la mano cerrada, como si estuviese intentando hablar de alguna tribu o familia a la cual Owen perteneciese dentro de las inmediaciones de la jungla, aunque esto fuese evidentemente falso -condones,- sí, de esos necesitas, sin necesidad de mentir -y los veganos se están cansando de chupar piedras. Pero más te vale que cumplas.- Ahora, su pulgar que apuntaba hacia atrás, le apuntó al peliazul, acusadoramente -Sino, todos los guardianes de Little Garden vendremos a buscarte. No es amenaza, es advertencia.- Era lo mismo en este caso, Owen querido -¡Pero bien! Venga, que no podemos perder ni un solo segundo de esta cacería.- entusiasmado y emocionado, sonrió, dándoles la espalda para dirigirse directa y literalmente hacia los veinte metros aproximados que les diferenciaba contra la espesura de la jungla selvática.

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-Los protegeré pase lo que pase. Ciento veinte tacos por seis u ocho horas de ser niñera valen la pena, aquí y en cualquier lado.-

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-¡BIENVENIDOS A LITTLE GARDEN!-

La exclamación del pelirrojo fue elevada, fuerte, sonora, casi como si no le importase en lo absoluto llamar la atención de cualquiera de los animalejos que allí yacían. Habían caminado varios cientos de metros hacia adentro con aquella dupla pomposa y de nariz parada, mientras que Owen, mucho más barriobajero, actuaba como mejor sabía hacerlo: Demostrando una osadía y valentía que rozaba el cinismo y la estupidez. Casi como si se tratase de la imitación de un largometraje perteneciente a otra dimensión. De un vistazo no solamente podían divisarse, de manera imposible de definir debido a la verdadera carencia de conocimiento del propio pelirrojo sobre las especies allí yacían, sus distancias concretas o el bestiario al cual pertenecían. Él seguiría fingiendo hasta las últimas consecuencias, como si estuviese mostrándoles la entrada a un mundo maravilloso que se abrió apenas atravesaron la profunda y verde jungla, siendo imposible que pudiesen perder de vista a un adelantado Owen que, por muy manchado de tierra que estuviese, su chaqueta y cabello rojo son tan excesivamente llamativos que parecía un forúnculo en piel blanca.

Llevó ambas manos a la cintura, sin quitar la vista al frente y el paisaje que tenía delante -Bueno, ¿Tienen referencias de lo que deben cazar?- no volteó, hablaba hacia adelante con curiosidad -Osea, ¿Les dijeron qué tenían que cazar? El bicho, el lagarto, el premio gordo.- escaneaba la llanura montañosa, buscando cualquier interacción por parte de los niños pijos a sus espaldas -¿O es que les dijeron vayan y que dios los seleccione?- ahora sí se giró, intentando dedicarles una mirada a ambos, expectante de saber qué tan preparados habían venido para lo que estaba a punto de acontecer.

Desactiva la bomba
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]


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RE: [Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social - por Owen Yang - 23-12-2025, 10:44 PM

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