24-12-2025, 02:26 AM
Es beso fue directo a mi corazón, me agarré el pecho con fuerza y caí de espaldas fingiendo morir tras un poderoso disparo, soltando mi petaca en el proceso dejándola en sus manos. Lo primero que me di cuenta de la chica era de lo mucho que hablaba, sus preguntas parecían salir de su boca como una metralleta.
Al haberme tumbado bruscamente, mi mascota decidió saltar desde mi cabeza al borde del dulce. Me fui reincorporando poco a poco, riendo levemente. -De todas las preguntas que has hecho me sorprende que no te hayas cuestionado el hecho de por qué estoy montado en una galleta gigante. Pero pareces estar loca y eso me gusta. Solo por eso no te cobraré tarifa por responder a tus preguntas. -Mi tono era confiado y juguetón, como si quisiera hacerme el interesante. Tras comentar aquello di un aplauso y una segunda galleta apareció justo al lado de aquella chica joven y rubia, con maquillaje extravagante. Le hice un gesto para que se subiera y tras ello comencé a hablar.
-Me llamo Iggy, mi colega plumífero se llama Travis, es mi mascota. -Al señalarle con ambas manos el ave inclinó la cabeza, como si supiera que le estaba presentando. -Y no es la primera vez que intenta abrirme la cabeza con su pico, suele hacerlo cada vez que no le presto atención, o no le doy de comer marisco.
Agarré al ave con ambas manos y lo volví a colocar en mi cabeza, donde acomodó su cuerpo alrededor de mi pelo, quedándose sereno sobre esta. -Y la petaca lo que lleva es Ron, aquí en samba es el licor que más encontrarás, está de locos pero echo de menos un buen whisky. -Hice un gesto con las manos para que se animara a probarlo. -No seas tímida tu bebe. Si se termina podemos ir a robarle la cartera a ese tío de ahí. -Señalé a un hombre de unos cincuenta años con un excesivo problema de sobrepeso, pelo entre rubio y cano, entradas bastante pronunciadas y un estilo que denotaba lujo y pasta. Se hallaba dando palmadas al son de la música, con su mirada fija en el culo de las bailarinas.
-Y por si no lo sabías… Estamos en SAMBA. -Grité casi al son de la música, animado por el compás de ella, elevando mis brazos al aire con entusiasmo. -En este lugar hay todo lo que puedes necesitar para ser feliz, fiesta, alcohol y mujeres, aunque ninguna tan preciosa como tu. -Al terminar esta frase guiñé el ojo a la chica, sonriendo de forma descarada. -¿Qué más da si no recuerdas de dónde vienes? ¿No ves que esto es el paraíso? Si quieres puedo enseñarte las maravillas que te puede ofrecer esta isla.
Si este era su primera noche, estaba dispuesto a hacer que fuera inolvidable para ella. O tal vez no, dependiendo si el alcohol le iba a hacer no recordar absolutamente nada.
Al haberme tumbado bruscamente, mi mascota decidió saltar desde mi cabeza al borde del dulce. Me fui reincorporando poco a poco, riendo levemente. -De todas las preguntas que has hecho me sorprende que no te hayas cuestionado el hecho de por qué estoy montado en una galleta gigante. Pero pareces estar loca y eso me gusta. Solo por eso no te cobraré tarifa por responder a tus preguntas. -Mi tono era confiado y juguetón, como si quisiera hacerme el interesante. Tras comentar aquello di un aplauso y una segunda galleta apareció justo al lado de aquella chica joven y rubia, con maquillaje extravagante. Le hice un gesto para que se subiera y tras ello comencé a hablar.
-Me llamo Iggy, mi colega plumífero se llama Travis, es mi mascota. -Al señalarle con ambas manos el ave inclinó la cabeza, como si supiera que le estaba presentando. -Y no es la primera vez que intenta abrirme la cabeza con su pico, suele hacerlo cada vez que no le presto atención, o no le doy de comer marisco.
Agarré al ave con ambas manos y lo volví a colocar en mi cabeza, donde acomodó su cuerpo alrededor de mi pelo, quedándose sereno sobre esta. -Y la petaca lo que lleva es Ron, aquí en samba es el licor que más encontrarás, está de locos pero echo de menos un buen whisky. -Hice un gesto con las manos para que se animara a probarlo. -No seas tímida tu bebe. Si se termina podemos ir a robarle la cartera a ese tío de ahí. -Señalé a un hombre de unos cincuenta años con un excesivo problema de sobrepeso, pelo entre rubio y cano, entradas bastante pronunciadas y un estilo que denotaba lujo y pasta. Se hallaba dando palmadas al son de la música, con su mirada fija en el culo de las bailarinas.
-Y por si no lo sabías… Estamos en SAMBA. -Grité casi al son de la música, animado por el compás de ella, elevando mis brazos al aire con entusiasmo. -En este lugar hay todo lo que puedes necesitar para ser feliz, fiesta, alcohol y mujeres, aunque ninguna tan preciosa como tu. -Al terminar esta frase guiñé el ojo a la chica, sonriendo de forma descarada. -¿Qué más da si no recuerdas de dónde vienes? ¿No ves que esto es el paraíso? Si quieres puedo enseñarte las maravillas que te puede ofrecer esta isla.
Si este era su primera noche, estaba dispuesto a hacer que fuera inolvidable para ella. O tal vez no, dependiendo si el alcohol le iba a hacer no recordar absolutamente nada.
Off
Karmas
