Fic | Fragmento de memoria 6.0
#3
Las altas horas de la madrugada, hacían adorno a una reunión de lo más interesante, pues Dharma siempre estaba dispuesto a ser sorprendido por la fortuna, el destino, el azar, o la divina providencia. Pero al final confiaba en que era parte de su propio plan, una especie de sexto sentido, algo más allá de cualquier habilidad, de cualquier emoción, de cualquier inteligencia e inclusive de cualquier deseo suyo o de otros. La mente del Zar sin duda era un espacio misterioso para quien tuviera la opción de observar solo la superficie de esta misma. Era desconocido si lo que hacía era real, pero al final lo real era lo que hacía. Una paradoja que definía momentos tan intrascendentes como estar en una taberna, tomando unos tragos, con quienes son ahora sus compañeros de armas. A pesar de que uno era familia no lo conocía del todo, en cuanto a historia y a pesar de que otro era nuevo, parecía conocerle por sus acciones, esto recaía en ambos pelinegros que estaban a su derecha. Pero que importaba un tiempo de quietud y paz, algo que no le interesaba al antiguo caballero de Lvneel. Que dicho título no tenía ningún efecto ni en él, ni en sus allegados, puesto que contar cosas de su pasado le parecía tan inútil, como pensar en el futuro cuando se es solo una hormiga.

|...|

Había escuchado atento y no pronuncio palabra alguna, pues por ahora de noche su mente se concentraba divagando levemente en el juego que tejen las parcas, algún día el seria capaz de mover los hilos de todos esos seres. Y ¿para qué? por muchas razones. Una sonrisa inexplicable se dibujaba en Dharma, pero dicha mueca era inexistente para los ahí presentes, su capa que también fungía como una especie de túnica, le cubría hasta por debajo de su nariz, dejando sin vista lo que es la zona de su boca. El Zar llevaba ambas manos a su cabello y ajustaba su banda carmesi, la cual sostenía su larga cabellera e impedía que dicha melena azabache, fuera un impedimento a la hora de sortear el destino. Y como tal no había mucho más que agregar, el juego de los recién conocidos ya había pasado, pero ocurrió un pequeño detalle.

|Bro Esperar, cuando es necesario, no es una espera es el destino trabajando, la ley universal ¡jah!|

Con una pequeña risa y sonrisa maligna que solo el efecto sonoro podría ser apreciado, Dharma sentenciaba, dando su opinión. A veces podía hablar de formas un tanto más extrañas a lo común. Sin ninguna intención aparente, sola era ese estado de quietud, un gran lobo encerrado, esperando saciar sus ganas de ejercer el poder y la violencia. Pero era cierto, no podía hacer más. Se remitió a seguir sentado en dicho establecimiento y a su manera dar entender que estaba conforme con la espera. Pero no sin antes levantar su vaso un poco, dando la mímica entendible para que el cantinero le sirviera otro trago del ron oscuro, que dicho sea de paso, no tenía tan mal sabor, para ser un lugar de poca monta. Mientras tanto los minutos continuaban. No había más que repasar y Dharma no era de los podía participar en una plática superflua.

| ¡¿Qué quieres decir con que no hay más alcohol?! | las otras dos camareras se miraron espantadas |. ¡Tenemos dos barriles en el almacén y no serán suficientes para abastecer a los comensales!| se llevó las manos a la cintura.| ¡No puedo creer que Sybill siga ignorando mis exigencias! | las miró furiosa |. ¡¿Y qué demonios hacen aquí paradas?! ¡Vayan a conseguir más combustible! ¡YA! |

Ambas muchachas se miraron con nerviosismo mientras la chef se dirigía a la oficina del ama como un aura demoniaca. Debatieron sobre cómo lograrían conseguir más alcohol para le velada y lo que les pasaría si no lo lograban cumplir con lo ordenado. Sí, era cierto, si ellas volvían sin la cantidad adecuada de barriles o, en su defecto, sin ninguno de ellos, seguramente el ama y la chef terminarían quemándolas en el enorme horno de piedra.

Un pequeño destello surgió en el interior de su fuente de la sabiduría cuando las chicas caminaron temblorosas hacia la puerta de servicio e, instintivamente, echó un vistazo a la oficina del ama, quien ahora mantenía su atención en la discusión que sostenía con la chef. El corazón se le aceleró y sin darse cuenta comenzó a contener la respiración mientras ponderaba todas sus opciones.

Aquellas interrogantes se arremolinaron en su cerebro al tiempo que todo le transcurría en cámara lenta y por el resto de su vida sólo recordaría la sensación de la lluvia sobre su cuerpo, así como la extraña ansiedad que le sobrevino al percatarse de lo que había hecho.

Sus pies avanzaron por instinto al notar que la puerta se cerraba tras de sí y ni siquiera se molestó en ver hacia donde se dirigiría, pues, al ser consciente de lo que acababa de pasar, el temor de que el ama Sybill saliera en cualquier momento para matarla se apoderó de su cuerpo, haciéndole escapar por el callejón por donde llegaban las entregas de víveres para el burdel.

Giró un par de veces entre las calles, buscando orientarse por la información que había tenido de Reino de Briss con los años, cuando su cuerpo colapso ante la falta de aire.

Apoyó las manos en el suelo tratando de serenarse y de controlar el ritmo acelerado de su corazón, parpadeando un par de veces para aclararse la vista. Su largo cabello estaba en el suelo y los preciosos adornos que lo sujetaban se encontraban estropeados. Fue entonces que levantó la mirada para tener una mejor idea de su ubicación, notando que a unos metros se hallaba la puerta a lo que parecía ser un bar.

La sensación de peligro volvió a recorrerle por la espina dorsal, echando un vistazo hacia atrás, esperando encontrarse en cualquier momento con el ama Sybill. Sin embargo, antes de que eso sucediera, se levantó del suelo y avanzó con prisas hasta el lugar entrando por la puerta. El cantinero le echó una mirada de extrañeza y ella avanzó hasta la barra con seguridad, quitando los adornos de su cabello para que este cayese hasta sus tobillos.

Su ropa escurría y tenía algunos mechones pegados a su rostro, pero poco le importó. Rebuscó entre los bolsillos de su mandil donde quedaban algunas propinas de esa noche; no obstante, antes de que pudiese dejarlos en la barra su cuerpo se congeló al encontrarse de frente con la mirada de la única persona del exterior que conocía su existencia.

Una sonrisa burlona se esbozó en su rostro y el miedo de ser atrapada por el ama Sybill se disipó, siendo reemplazada por el alivio de saber que tal vez tenía una oportunidad.

| No te reconocí sin varias mujeres a tu alrededor. |

Soltó de forma burlona sin reparar en los otros dos hombres que lo acompañaban.

| Alguien... o tal vez nadie, ya veremos lo que depare el resto de la velada que nos encuentre en tierra firme | Respondió así Kyo a la pregunta que fuera hecha por Kaizer Zar. Estaba siendo vago, cuanto menos, en relación al tema en cuestión, pero sería completamente innecesario traer a colación a personas que podrían no apersonarse en el lugar. A las claras estaba que aquel grupo necesitaba de alguien que haga las veces de soporte cuando estuvieran en el frente; medicina, navegación, geolocalización, climatología, e infinidad de disciplinas desarrolladas a lo largo y ancho de los mares, estaban ausentes en aquella pequeña partida que prontamente iniciaría su travesía. En el camino quizá conocieran a gente interesante que adhiriera a sus objetivos y supliera las falencias del grupo, sin embargo sería una tarea trabajosa el abrirse a extraños, por lo menos para el joven Ryushoku.

Dharma por su parte, se limitó a filosofar de forma escueta y concisa; aquel sujeto que tiempo atrás se presentó como taciturno y de pocas palabras, lentamente había comenzado a soltarse. Tenía un humor extraño, bah... ninguno de los que conformaban aquel trío podían alegar un ápice de normalidad, ciertamente eran "llamativos" por decir lo mínimo.

En silencio bebió aquel vaso de whisky que le fuera servido con anterioridad, el cual fue rellenado casi instantáneamente por quien dirigía el lugar; malo para los negocios el hecho que estuviera vacío, bueno para Kyo, Dharma y Kaizer, quienes podían abstraerse de cualquier tipo de problemas hasta que pudieran emprender el viaje.

Sin embargo, con un estruendo, la puerta detrás de ellos se abrió de par en par, tal como lo había hecho cuando ingresaran los Zar al bar. De entre la oscuridad ingresó una pequeña pero conocida figura; aquella larga y llamativa cabellera blanca (o rubia, Kyo nunca supo diferenciar de que color se trataba, toda vez que las iluminaciones cada vez le jugaban una pasada diferente) y esos distintivos adornos que sonaron finamente en el preciso instante en que se estrolaron contra el suelo de madera del lugar, le hicieron saber instantáneamente de quien se trataba. Por si fuera poco, la pequeña joven soltó una broma audible a todos los presentes, pero que claramente esclarecía las circunstancias en que Kyo y Evie se habían conocido.

| Ya... yo no veo que traigas contigo tus tan adorados libros que tanto cuidas y añoras...| Soltó de manera sarcástica a la joven muchacha, pues sabía que aquellos libros habían sido en gran medida una suerte de barrotes | ¿Y la vieja? |Soltó bebiendo un trago de su vaso de whisky, el cual era sostenido por su zurda, mientras que con su diestra asimilaba una hoja y la pasaba por su propia nuez de adán, preguntando efectivamente si la había asesinado. Seguidamente notó que se encontraba completamente empapada en aquella fría noche, por lo que se sacó su sobretodo y se lo extendió; a pesar de que también estuviera empapado, era lo mejor que tenía para ofrecer en aquel momento.
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
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