24-12-2025, 05:57 AM
El rápido escape se llevó a cabo sin grandes complicaciones. Atravesaron las calles de la ciudad, levantando tierra detrás de las fuertes pisadas del poderoso pollo gigante. Enji se preguntó, durante el trayecto, qué tipo de ave podría ser esa. Nunca había visto algo así. Parecía pertenecer a otro mar, y, por las leyendas que se contaban, intuyó que podía tratarse de un ave proveniente del Grand Line. Después de todo, animales y humanos eran siempre más peligrosos dentro de la Gran Ruta Marítima, y ese pollo tenía toda la pinta de estar fuera de su medio ambiente natural. Al lado de perros, gatos y hasta caballos de la humilde Isla del Karate, Rochallor era el equivalente a un depredador alfa. Una rareza.
Enji miró a Ford.
—Sí que te gusta ir por lo más grande, eh —dijo.
Estaba un poco —bastante— orgulloso de su gato. No se había dejado amedrentar por la diferencia de tamaño, fuerza, velocidad, ferocidad, peso… y muchos otros parámetros donde el pajarraco le sacaba toneladas de ventaja, y había tratado de cazarlo. Para fracasar al final, por supuesto, pero intentarlo ya requería de un valor —o una falta total de criterio—, muy grande. No esperaba menos de su mascota.
Estaba igual de loco que él.
—Sí, se llama Ford, “El macho” —agregó como epíteto, cosa que hizo levantar la cabeza a Ford y despertó un brillo en su mirada—. Lo tengo desde que tenía como una semana de nacido. Y eso fue… Hace cosa de un par de semanas, más o menos. —Se miró los dedos de la mano libre para contar, pero luego de levantar tres dedos, después bajar dos y por último levantar los cincos, chasqueó la lengua y se rindió—. Meh. ¿Cuánto tiempo tenías vivo, Ford?
El gato miró a Enji, inclinó la cabeza a un costado y un enorme signo de pregunta quiso aparecer entre sus orejas, pues no tenía idea. Enji bufó.
—En fin, que todavía es pequeño. Bastante pequeño.
Después de dar la vuelta en una esquina, se detuvieron. El estruendo de la estampida había quedado atrás, junto a los gritos de la gente y las figuras de los marines que se apersonaron al lugar. La mujer y su pollo gigante habían cumplido. Enji se bajó del ave y se llevó consigo a Ford, quien, a regañadientes, aceptó regresar al suelo. El gatito estaba cansado después de tantas emociones fuertes —y deprimentes— en tan poco tiempo. Estiró su cuerpo, extendiendo las patas delanteras mientras echaba la cola hacia atrás al mismo tiempo. Después se agitó y quitó bastante de la tierra que su pelaje tenía pegada, regresando, en parte, a su tono blanco natural.
—Sí, sí, estamos a mano. —Se encogió de hombros. Eso había dicho y a su palabra debía atenerse—. De cualquier modo, dile a tu pollo, que dice Ford, que esto es sólo el primer round. Volverá para la segunda parte.
El marine se cruzó de brazos y Ford, en el suelo, se paró en sus patas traseras para imitar la postura de su dueño.
—Hasta entonces, que no se deje comer por algún otro gato.
Enji miró a Ford.
—Sí que te gusta ir por lo más grande, eh —dijo.
Estaba un poco —bastante— orgulloso de su gato. No se había dejado amedrentar por la diferencia de tamaño, fuerza, velocidad, ferocidad, peso… y muchos otros parámetros donde el pajarraco le sacaba toneladas de ventaja, y había tratado de cazarlo. Para fracasar al final, por supuesto, pero intentarlo ya requería de un valor —o una falta total de criterio—, muy grande. No esperaba menos de su mascota.
Estaba igual de loco que él.
—Sí, se llama Ford, “El macho” —agregó como epíteto, cosa que hizo levantar la cabeza a Ford y despertó un brillo en su mirada—. Lo tengo desde que tenía como una semana de nacido. Y eso fue… Hace cosa de un par de semanas, más o menos. —Se miró los dedos de la mano libre para contar, pero luego de levantar tres dedos, después bajar dos y por último levantar los cincos, chasqueó la lengua y se rindió—. Meh. ¿Cuánto tiempo tenías vivo, Ford?
El gato miró a Enji, inclinó la cabeza a un costado y un enorme signo de pregunta quiso aparecer entre sus orejas, pues no tenía idea. Enji bufó.
—En fin, que todavía es pequeño. Bastante pequeño.
Después de dar la vuelta en una esquina, se detuvieron. El estruendo de la estampida había quedado atrás, junto a los gritos de la gente y las figuras de los marines que se apersonaron al lugar. La mujer y su pollo gigante habían cumplido. Enji se bajó del ave y se llevó consigo a Ford, quien, a regañadientes, aceptó regresar al suelo. El gatito estaba cansado después de tantas emociones fuertes —y deprimentes— en tan poco tiempo. Estiró su cuerpo, extendiendo las patas delanteras mientras echaba la cola hacia atrás al mismo tiempo. Después se agitó y quitó bastante de la tierra que su pelaje tenía pegada, regresando, en parte, a su tono blanco natural.
—Sí, sí, estamos a mano. —Se encogió de hombros. Eso había dicho y a su palabra debía atenerse—. De cualquier modo, dile a tu pollo, que dice Ford, que esto es sólo el primer round. Volverá para la segunda parte.
El marine se cruzó de brazos y Ford, en el suelo, se paró en sus patas traseras para imitar la postura de su dueño.
—Hasta entonces, que no se deje comer por algún otro gato.
