24-12-2025, 07:43 AM
(Última modificación: 24-12-2025, 07:59 AM por Ryota Miyamoto.)
72 de Invierno, año 16
11:00AM
Habían transcurrido aproximadamente dos días desde que la pareja de piratas, Ryota Miyamoto y Runin Kitay, abordaron el crucero para abandonar la isla Karate.
Durante el viaje no lograron comunicarse con los demás miembros de su recién formada tripulación, quienes tal vez no se tomaron muy bien la pequeña nota que el chico de cabellos castaños había dejado sobre la cama de la posada donde se hospedaban.
“Ya los llamare cuando lleguemos a Sorbet” Decía Ryota en cada ocasión, pues no quería recibir el regaño que le esperaba.
De una forma u otra, los dos días transcurrieron entre apuestas, conversaciones, juegos y un par de noches en la habitación del camarote. La primera, en realidad, fue más un campamento, pues ambos durmieron en el suelo, uno sobre el otro, ya que ni siquiera lograron llegar a las camas antes de derrumbarse producto del alcohol.
Quien lo paso fantástico esa noche fue Cardan, que se apropió de la litera de arriba y se rehusó a regresarla la noche posterior, puesto que la había reclamado como su territorio.
Finalmente, en la mañana del ultimo día del viaje, los orbes del castaño se abrieron con lentitud anunciando un nuevo despertar. Su torso desprovisto de toda prenda estaba fuera de las sabanas sintiendo el frio aire matutino, pese a los hermosos rayos de luz que atravesaban el cuarto desde la ventana.
Con cuidado se levanto para no despertar a la señorita a su lado, ambos en la litera de abajo del camarote. Su expresión mostro una ligera sospecha, como si algo no estuviera bien o terminara de cuadrar en su cabeza.

“Bro ¿Y mis calzones?”
Dijo cuando levanto las sábanas, pudiendo ver a su lado el despampanante cuerpo de Runin.

“Waos”
Fue su reacción más honesta ante tan increíble confección de un creador supremo que ama a sus fieles, otorgándoles el fino don de la apreciación. Fue por ese motivo que juntó las manos de manera solemne y agradeció a aquel que todo lo ve por darle la vida; a sus hermanos, madre y padre, a sus amigos, así como cada prueba que lo había llevado hasta ese momento.

“Gracias papito Dios.”
Tras sus conmovedoras palabras, se levantó de la cama para meterse en la ducha, acto que, por supuesto, despertó a la joven de cabellos negros al sentir la molestia del cuerpo del chico pasar por encima de ella para poder descender al suelo. “Buenos días.“ expresó con agrado, antes de caminar en dirección al baño del camarote.
Tras un buen baño, ambos se prepararon y tomaron sus cosas para el desembarco. En medio de conversaciones triviales, que demostraban una sorprendente normalidad entre ellos, fue durante el desayuno en el restaurante cuando Ryota quiso tocar un tema que sentía sumamente importante sobre lo ocurrido en su viaje. “¿Pantis de abuelita bombachas?” Comento en tono burlón. “¿Y con dibujitos de serpiente?” Continúo mofándose mientras llevaba a su boca el cubierto con algo de tocino y huevos.

“Kekeke la llamativa Runin con bombachas kekeke que tiernaaaaaa.”
Se reía al recordar las bombachas austeras que había tomado por equivocación del equipaje cuando le pidió que le pasara una toalla de su mochila. Un momento gracioso que no habia podido olvidar desde entonces y que probablemente no olvidaría en toda la aventura que estarían por tener.
Cuando por fin terminaron la comida, continuaron bromeando hasta que, por orden del capitán del crucero, salieron a la cubierta para presenciar la llegada a la isla. Allí, de pie junto a los demás pasajeros, vieron cómo a lo lejos se alzaba la isla de Sorbet. Un lugar conocido por su clara división social, ya que en una parte de la isla se asentaban los ricos y en otra los pobres. La zona que interesaba a la pareja era la acaudalada, pues allí se encargarían de quitarles todo el dinero que pudieran a esos ricachones en el circuito de peleas clandestinas.
La bomba de chicle se inflo desde sus labios, escondiendo una picara sonrisa tras ella, que evidenciaba sus deseos por estafar a esos idiotas. “¿Lista para hacernos notar?” Pregunto el castaño antes de que el barco continuara su avance para llegar al puerto.
11:00AM
Habían transcurrido aproximadamente dos días desde que la pareja de piratas, Ryota Miyamoto y Runin Kitay, abordaron el crucero para abandonar la isla Karate.
Durante el viaje no lograron comunicarse con los demás miembros de su recién formada tripulación, quienes tal vez no se tomaron muy bien la pequeña nota que el chico de cabellos castaños había dejado sobre la cama de la posada donde se hospedaban.
“Ya los llamare cuando lleguemos a Sorbet” Decía Ryota en cada ocasión, pues no quería recibir el regaño que le esperaba.
De una forma u otra, los dos días transcurrieron entre apuestas, conversaciones, juegos y un par de noches en la habitación del camarote. La primera, en realidad, fue más un campamento, pues ambos durmieron en el suelo, uno sobre el otro, ya que ni siquiera lograron llegar a las camas antes de derrumbarse producto del alcohol.
Quien lo paso fantástico esa noche fue Cardan, que se apropió de la litera de arriba y se rehusó a regresarla la noche posterior, puesto que la había reclamado como su territorio.
Finalmente, en la mañana del ultimo día del viaje, los orbes del castaño se abrieron con lentitud anunciando un nuevo despertar. Su torso desprovisto de toda prenda estaba fuera de las sabanas sintiendo el frio aire matutino, pese a los hermosos rayos de luz que atravesaban el cuarto desde la ventana.

Con cuidado se levanto para no despertar a la señorita a su lado, ambos en la litera de abajo del camarote. Su expresión mostro una ligera sospecha, como si algo no estuviera bien o terminara de cuadrar en su cabeza.

“Bro ¿Y mis calzones?”
Dijo cuando levanto las sábanas, pudiendo ver a su lado el despampanante cuerpo de Runin.

“Waos”
Fue su reacción más honesta ante tan increíble confección de un creador supremo que ama a sus fieles, otorgándoles el fino don de la apreciación. Fue por ese motivo que juntó las manos de manera solemne y agradeció a aquel que todo lo ve por darle la vida; a sus hermanos, madre y padre, a sus amigos, así como cada prueba que lo había llevado hasta ese momento.

“Gracias papito Dios.”
Tras sus conmovedoras palabras, se levantó de la cama para meterse en la ducha, acto que, por supuesto, despertó a la joven de cabellos negros al sentir la molestia del cuerpo del chico pasar por encima de ella para poder descender al suelo. “Buenos días.“ expresó con agrado, antes de caminar en dirección al baño del camarote.
Tras un buen baño, ambos se prepararon y tomaron sus cosas para el desembarco. En medio de conversaciones triviales, que demostraban una sorprendente normalidad entre ellos, fue durante el desayuno en el restaurante cuando Ryota quiso tocar un tema que sentía sumamente importante sobre lo ocurrido en su viaje. “¿Pantis de abuelita bombachas?” Comento en tono burlón. “¿Y con dibujitos de serpiente?” Continúo mofándose mientras llevaba a su boca el cubierto con algo de tocino y huevos.

“Kekeke la llamativa Runin con bombachas kekeke que tiernaaaaaa.”
Se reía al recordar las bombachas austeras que había tomado por equivocación del equipaje cuando le pidió que le pasara una toalla de su mochila. Un momento gracioso que no habia podido olvidar desde entonces y que probablemente no olvidaría en toda la aventura que estarían por tener.
Cuando por fin terminaron la comida, continuaron bromeando hasta que, por orden del capitán del crucero, salieron a la cubierta para presenciar la llegada a la isla. Allí, de pie junto a los demás pasajeros, vieron cómo a lo lejos se alzaba la isla de Sorbet. Un lugar conocido por su clara división social, ya que en una parte de la isla se asentaban los ricos y en otra los pobres. La zona que interesaba a la pareja era la acaudalada, pues allí se encargarían de quitarles todo el dinero que pudieran a esos ricachones en el circuito de peleas clandestinas.

La bomba de chicle se inflo desde sus labios, escondiendo una picara sonrisa tras ella, que evidenciaba sus deseos por estafar a esos idiotas. “¿Lista para hacernos notar?” Pregunto el castaño antes de que el barco continuara su avance para llegar al puerto.
Karmas
