24-12-2025, 04:02 PM
La adrenalina que recorre el cuerpo forjado para la batalla, pensamientos que no contienen errores, dubitaciones que emergen como solidas rocas. Así la mente del que posee el nombre de Dharma, un nombre otorgado un nombre adoptado que ahora ya no tienen diferencia alguna entre lo que podría significar y en lo que encarna actualmente. El juicio universal estaba por ser dictaminado, el pirata con sus ojos afilados cual espadas dignas de batalla, su mente tan fiel a sus propios valores y constructos mentales. Todo listo y servido para dictaminar sobre lo que se encuentre debajo o arriba. Así esperando el momento ideal, el oriundo de Wano, estaría dispuesto a adoptar nuevamente la postura para su ataque de desenvaine, pero algo más sucede. Esa pequeña ventana de tiempo donde, tanto el penitente sin nombre como este espadachín, habían dado una tregua simple e inocente a el endemoniado y colosal monstruo de raza diferente. Dicho ser podría contra atacar o incluso hacer justicia por propia mano hacia sus debidos intereses. Sin embargo optaba por lo algo mucho mas sensato...sobrevivir.
| Anj... | Cortaba sus palabras para efectuar una vez más aquella gran técnica que buscaría dañar o cercenar de una buena vez una de las piernas del gigante oni, sin embargo Dharma al notar como la postura de esa criatura se dirigía hacia una de las paredes que tenia a no mas de unos 6 metros, se detuvo un instante y cual bala enfurecida en búsqueda de libertad y con resignación genuina, el Oni escapaba, generando un portentoso estruendo, creando a su vez un orificio del mismo tamaño o poco mas a su similitud en la iglesia, provocando a la vez la ruptura de los ventanales que habían sobrevivido al inicio. | Bro... | Dijo sin más el espadachín, mientras con su espada en la diestra, se cubría con solidez de la caída de aquellos peligrosos vidrios por unos segundos.
El tiempo sigue su curso, entre la polvareda y los resquicios de una batalla dura y complicada, se puede ver la figura de un hombre de ropajes negros y grises, a la vez que envaina sus espadas a los costados de su cadera, con una gracia y habitualidad digna de un gran guerrero. Las personas, aquellos feligreses que sin deberla ni temerla, vieron de primera mano el gran poder del lado oscuro que tanto persiguen, si sus creencias y miedos son correctos, eso era algo que el tiempo juzgaría, pues por ahora habían tenido de su lado a Dharma. Podría haber sucedido diferente, pero ese día fue dictaminado de dicha manera por aquella fuente de sabiduría que brotaba de la mente de aquel espadachín de caballera negra y músculos forjados para la batalla. El de orbes esmeraldas ocultos en esa fiera mirada, escucha palabras que van dirigidas hacia el y cargadas de una voluntad de agradecimiento.
| Dios... creo que es verdad | Pausa para suspirar, con una sonrisa confiada y pequeños resquicios de sangre en sus labios y mentón. | Al final... solo cumplo la voluntad del creador de todo... siendo el juicio universal. | Quizá en otra situación y contexto, sonaría como un loquito que ha desvariado, pero todo lo sucedido le confirma cosas que van más allá de los pensamientos sutiles, si alguna vez se sintió "tocado" o bendecido como en otras situaciones, esta en especifico resaltaba sin igual. | Hermano... y demás hermanos y hermanas | Dice al sentir el tacto de su aliado el cual comprobó de primera línea las capacidades tan generosas para la batalla por parte del espadachín invitado. | Ni yo olvidare este día. | Sentenciaba con su tono de voz habitual, pero con ese dejo de orgullo que en ese momento, más que incomprendido o sobrante, parecía ser algo natural y real, algo merecedor, algo que combinaba sin lugar a dudas con su porte y su voluntad.
Así cual elegido y enviado del cielo, era rodeado y aplaudido, pequeñas y grandes manos querían tocarle, pero la gracia divina y aquella luz lunar que resplandecía en lo alto, lo enfocaba cual faro, expectante de aquel que se alzo contra los demonios. Dharma por su parte se mantiene quieto y gentil, esbozando tenues muestras de humildad, aceptando los vitores y las muestras de rendición ante su héroe, pero el llevándolo con calma y esa humildad especial, una que sabe controlar y dirigir adecuadamente ante esta sarta de creyentes, no lo pensaba de manera despectiva, pero sabia que la mente de los que mas tenían en el Reino de Sorbet podría estar bastante trastornada, pero por ahora era algo conveniente, pues esos mismos locos, eran los que poseían buenas cantidades de dinero, el cual en este mundo aun era necesario para moverse, comer y poder lograr los cometidos.
(Dharma Junta las manos en símbolo de agradecimiento mutuo y aceptando el amen comunal de todos los ahí presentes)
El pelinegro se planta aun rodeado de aquellas personas, se mantiene con las manos juntas, en un acto que conoce a la perfección y entrecierra los ojos agradeciendo las buenas dadivas de aquellos feligreses. Por ultimo se estira un poco haciendo que el espacio entre el y las personas se incremente, al notar estas que su héroe necesita un momento de descanso. Así también aquel que funge como padre y sacerdote de esta pomposa iglesia, le lleva una pequeña caja de color blanco con detalles muy bellos y elegantes, en la cual en su interior, poseía ciertas joyas y monedas de gran valor. Dharma recibe la dadiva con gentileza, pero sin mostrar demasiada devoción, muchos podrían apelar al cansancio del joven, así que no había reclamo alguno entre todas las personas ahí presentes. Entre abrazos que se daban los hermanos y hermanas a manera de haber sobrevivido, muchos comenzaban a intentar limpiar la que era su iglesia. Sin embargo aunque tardarían al parecer tenían los medios y la manera de volver a erigir su bella construcción. Así sin mas que decir Dharma por ahora iría en búsqueda del descanso momentáneo en una de las grandes bancas de madera que se encontraban ahí, aunque algo rodeadas de piedra y polvo, pero era momento de descansar un instante para luego partir.
| Anj... | Cortaba sus palabras para efectuar una vez más aquella gran técnica que buscaría dañar o cercenar de una buena vez una de las piernas del gigante oni, sin embargo Dharma al notar como la postura de esa criatura se dirigía hacia una de las paredes que tenia a no mas de unos 6 metros, se detuvo un instante y cual bala enfurecida en búsqueda de libertad y con resignación genuina, el Oni escapaba, generando un portentoso estruendo, creando a su vez un orificio del mismo tamaño o poco mas a su similitud en la iglesia, provocando a la vez la ruptura de los ventanales que habían sobrevivido al inicio. | Bro... | Dijo sin más el espadachín, mientras con su espada en la diestra, se cubría con solidez de la caída de aquellos peligrosos vidrios por unos segundos.
El tiempo sigue su curso, entre la polvareda y los resquicios de una batalla dura y complicada, se puede ver la figura de un hombre de ropajes negros y grises, a la vez que envaina sus espadas a los costados de su cadera, con una gracia y habitualidad digna de un gran guerrero. Las personas, aquellos feligreses que sin deberla ni temerla, vieron de primera mano el gran poder del lado oscuro que tanto persiguen, si sus creencias y miedos son correctos, eso era algo que el tiempo juzgaría, pues por ahora habían tenido de su lado a Dharma. Podría haber sucedido diferente, pero ese día fue dictaminado de dicha manera por aquella fuente de sabiduría que brotaba de la mente de aquel espadachín de caballera negra y músculos forjados para la batalla. El de orbes esmeraldas ocultos en esa fiera mirada, escucha palabras que van dirigidas hacia el y cargadas de una voluntad de agradecimiento.
| Dios... creo que es verdad | Pausa para suspirar, con una sonrisa confiada y pequeños resquicios de sangre en sus labios y mentón. | Al final... solo cumplo la voluntad del creador de todo... siendo el juicio universal. | Quizá en otra situación y contexto, sonaría como un loquito que ha desvariado, pero todo lo sucedido le confirma cosas que van más allá de los pensamientos sutiles, si alguna vez se sintió "tocado" o bendecido como en otras situaciones, esta en especifico resaltaba sin igual. | Hermano... y demás hermanos y hermanas | Dice al sentir el tacto de su aliado el cual comprobó de primera línea las capacidades tan generosas para la batalla por parte del espadachín invitado. | Ni yo olvidare este día. | Sentenciaba con su tono de voz habitual, pero con ese dejo de orgullo que en ese momento, más que incomprendido o sobrante, parecía ser algo natural y real, algo merecedor, algo que combinaba sin lugar a dudas con su porte y su voluntad.
Así cual elegido y enviado del cielo, era rodeado y aplaudido, pequeñas y grandes manos querían tocarle, pero la gracia divina y aquella luz lunar que resplandecía en lo alto, lo enfocaba cual faro, expectante de aquel que se alzo contra los demonios. Dharma por su parte se mantiene quieto y gentil, esbozando tenues muestras de humildad, aceptando los vitores y las muestras de rendición ante su héroe, pero el llevándolo con calma y esa humildad especial, una que sabe controlar y dirigir adecuadamente ante esta sarta de creyentes, no lo pensaba de manera despectiva, pero sabia que la mente de los que mas tenían en el Reino de Sorbet podría estar bastante trastornada, pero por ahora era algo conveniente, pues esos mismos locos, eran los que poseían buenas cantidades de dinero, el cual en este mundo aun era necesario para moverse, comer y poder lograr los cometidos.
(Dharma Junta las manos en símbolo de agradecimiento mutuo y aceptando el amen comunal de todos los ahí presentes)
El pelinegro se planta aun rodeado de aquellas personas, se mantiene con las manos juntas, en un acto que conoce a la perfección y entrecierra los ojos agradeciendo las buenas dadivas de aquellos feligreses. Por ultimo se estira un poco haciendo que el espacio entre el y las personas se incremente, al notar estas que su héroe necesita un momento de descanso. Así también aquel que funge como padre y sacerdote de esta pomposa iglesia, le lleva una pequeña caja de color blanco con detalles muy bellos y elegantes, en la cual en su interior, poseía ciertas joyas y monedas de gran valor. Dharma recibe la dadiva con gentileza, pero sin mostrar demasiada devoción, muchos podrían apelar al cansancio del joven, así que no había reclamo alguno entre todas las personas ahí presentes. Entre abrazos que se daban los hermanos y hermanas a manera de haber sobrevivido, muchos comenzaban a intentar limpiar la que era su iglesia. Sin embargo aunque tardarían al parecer tenían los medios y la manera de volver a erigir su bella construcción. Así sin mas que decir Dharma por ahora iría en búsqueda del descanso momentáneo en una de las grandes bancas de madera que se encontraban ahí, aunque algo rodeadas de piedra y polvo, pero era momento de descansar un instante para luego partir.
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